¿Dónde vivían los teotihuacanos? Un acercamiento a las casas tipo choza

Oralia Cabrera Cortés e Ian G. Robertson

Poco reconocidas, escasamente estudiadas y eclipsadas por los destacados conjuntos departamentales, las “estructuras rudimentarias” permiten vislumbrar una dimensión diferente de la vida residencial teotihuacana, probablemente asociada, de forma relativamente exclusiva, a los habitantes de la ciudad de menor estatus.

Consideramos dos localidades en los márgenes de la ciudad que identifican este tipo de estructuras y las relacionan con nichos económicos relacionados con la producción artesanal. Una de estas localidades revela además un patrón de migración cíclica que aporta nueva información sobre las conexiones de Teotihuacan con lugares lejanos.

Entre los múltiples retos a los que se enfrentan las ciudades densamente pobladas está la necesidad de disponer de viviendas adecuadas. Teotihuacan afrontó este reto en gran medida construyendo miles de “conjuntos departamentales”, edificios de gran tamaño y forma distintiva, diseñados para alojar a varias familias. Es fácil olvidar que estos edificios comenzaron a usarse siglos después de la fundación de Teotihuacan, sustituyendo viviendas anteriores, de las que tenemos poca evidencia directa.

Incluso después de que los conjuntos departamentales se convirtieran en una institución socioeconómica clave en la sociedad teotihuacana, parte de su población urbana siguió viviendo en edificios mucho más modestos. Los componentes principales del sistema residencial teotihuacano fueron esbozados por el trabajo del Teotihuacan Mapping Project (TMP) de la década de los sesenta.

Además de los más de 2 000 conjuntos departamentales, el TMP detectó en superficie aproximadamente otros 800 lugares con evidencias de estructuras más sencillas.

En éstos había dispersiones relativamente pequeñas y espacialmente concentradas de varios tipos de artefactos, asociados a escombros de construcción (piedra, tezontle y adobe), materiales que probablemente eran parte de cimientos de edificios arquitectónicamente simples.

Debido a su evidente contraste con restos arquitectónicos mucho más grandes y de construcción más robusta (templos, conjuntos departamentales, etc.), los investigadores del TMP acuñaron el término insubstantial structure para describir este tipo de sitio, que nosotros nombramos “estructuras rudimentarias”. Se consideró que estas estructuras eran restos de edificios sencillos, aunque no necesariamente destinados a un único fin.

Los materiales asociados reflejan, por lo general, actividades cotidianas de unidades sociales pequeñas. Muchas de las estructuras rudimentarias, quizá la mayoría, eran probablemente de carácter residencial (chozas). Sin embargo, también es posible que algunas sirvieran para otras actividades como producción artesanal, almacenamiento, etc. Algunas pudieron ser simplemente acumulaciones de basura desechada proveniente de otros lugares; sin embargo, sus datos espaciales y cantidades de escombros constructivos hacen que esa explicación sea poco probable, salvo en unos pocos casos. La conclusión es que el concepto de “estructura rudimentaria” representa un tipo de vivienda en Teotihuacan del que se sabe muy poco y que sigue pasando más o menos inadvertido para la mayoría del trabajo arqueológico allí.

Oralia Cabrera Cortés. Doctora en antropología. Investigadora de la School of Human Evolution & Social Change de la Arizona State University. Directora de Operaciones del asu-Teotihuacan Research Laboratory. Ha trabajado en varios sitios de Mesoamérica, Jordania y el Suroeste de Estados Unidos.
Ian G. Robertson. Doctor en antropología. Investigador adjunto de la School of Human Evolution & Social Change de la Arizona State University. Ha hecho trabajo arqueológico y antropológico en Mesoamérica, Africa, China, el Ártico, las Llanuras y Montañas Rocosas canadienses y el Suroeste de Estados Unidos.