• 18-nov-2019

Arqueología y antropología física

Roberto García Moll

Dos son las vías principales para acercarnos al conocimiento del hombre y de los restos de su cultura material: la antropología física, “ciencia que trata de los aspectos biológicos del hombre”, y la arqueología, que “estudia los restos materiales producidos por el hombre”. Ambas son ciencias de hechos y poseen un sinnúmero de matices que las convierten en disciplinas complejas; por tanto, su coincidencia en el objetivo común de conocer integralmente el pasado es un proceso muy elaborado y a veces complicado.

La formulación de un proyecto de intervención es indispensable para la arqueología, se trate de un área con restos culturales o de un sitio aislado. El proceso comienza al elaborarse las preguntas que serán la guía de las intervenciones sucesivas para efectos de orden, además de los métodos y técnicas propias de su especialidad, como la excavación responsable, con el registro sistemático de la información aportada por el trabajo de campo y el de gabinete. El primero involucra las tareas de observación, evaluación y registro de las evidencias materiales, y el segundo consiste en el análisis, clasificación y descripción de los materiales recuperados en campo. Uno modifica al otro, pues lógicamente los hallazgos en campo –en general objetos enterrados– no se encuentran ordenados; el arqueólogo debe establecer ese orden mediante la prospección y después proceder a la excavación, que es la búsqueda especializada y sistemática de los restos arqueológicos, el punto de partida de ésta y de lo que se llama propiamente una estrategia de campo.

 

El trabajo del arqueólogo

 

El trabajo del arqueólogo debe en principio ser un trabajo de área, aun cuando después se reduzca a un sitio, sujeto en todo a los resultados que se obtengan en la tarea de prospección, pues de ella dependen las hipótesis que permiten programar las excavaciones; hacerlas sin ellas es lo mismo que excavar a ciegas, es decir desconocer con qué fin se excava y para qué.

En los registros del arqueólogo concurren notas, dibujos y fotografías de su trabajo de campo e incluso la información de otros arqueólogos en intervenciones previas, pues todo ello representa apoyos para la observación, el análisis y la primera clasificación de los materiales recuperados –cerámica, lítica, concha, madera, restos óseos animales o humanos, pigmentos…–, que habrán de someterse al proceso ordenado de descripción, explicación, integración, comparación, generalización, síntesis e interpretación; tales procedimientos constituyen su método, y el contexto arqueológico, que es el estudio de lo anterior, más el espacio y la arquitectura entre los principales elementos, será el cuerpo documental en el que apoya sus conclusiones, además de brindar la posibilidad de otras interpretaciones.

Antes de iniciar una excavación, ésta debe tener como principio rector al menos un argumento acerca del tipo de información que se pretende obtener, pues de otra manera se arremeterá a ciegas. Como principios rectores se utilizan las pautas y asociaciones de la estratigrafía natural y la cultural; por ejemplo, los enterramientos y las tumbas son evidencias materiales de un acto social concreto ligado al ritual de la muerte en una época dada; aun cuando se desconozcan los detalles de las creencias y ceremonias, en el contexto original se preservan signos del ritual y por ello, con métodos y técnicas adecuadas, es posible descubrir elementos que darán cuenta de hechos altamente probables, denominándose a esto “contexto cerrado”, al que nadie puede negarle su importancia en la definición de unidades mínimas de tiempo, por lo que su excavación no sólo consiste en descubrir y extraer los objetos asociados a los entierros y tumbas, sino que es indispensable aplicar un cuidadoso registro y observar todos los detalles del hallazgo y el entorno inmediato, así como su ubicación en el tiempo y el espacio.

 

García Moll, Roberto, “Arqueología y antropología física”, Arqueología Mexicana núm. 106, pp. 78-82.

 

 Roberto García Moll. Arqueólogo. Investigador de la Dirección de Investigación y Conservación del Patrimonio Arqueológico, INAH.

 

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