• 22-ago-2019

Copilco a la luz de nuevas investigaciones

Efraín Flores López, Ma. del Carmen Solanes Carraro

Las evidencias de las primeras fases de ocupación humana en Coyoacán durante el Formativo o Preclásico de la región fueron descubiertas y analizadas desde los inicios de la arqueología del país en el siglo XX, sin embargo, al paso del tiempo la información acerca de estas fases ha sido escasa. Este trabajo pretende mostrar un panorama general de la región sur de la Cuenca de México donde se ubica Copilco, uno de los sitios más representativos en la conformación de las primeras sociedades jerárquicas en Mesoamérica a la luz de recientes trabajos de investigación.

 

Los inicios del Preclásico, hacia 2500 a.C., en la Cuenca de México se asocian principalmente con el sedentarismo y una creciente actividad agrícola. Las primeras aldeas estaban distribuidas en grupos reducidos de casas dispersas y asociadas a una subsistencia de autoconsumo, ligadas a una diversidad ecológica que propició su desarrollo de manera notable.

La variedad de ecosistemas con bosques, sistemas lacustres y numerosas áreas cultivables en suelos fértiles propiciaron el aumento poblacional y la conformación de nuevas formas de organización social.

Hacia 1500 a.C. las evidencias arqueológicas sugieren que la población de la Cuenca de México experimenta un cambio sustancial en su tamaño, asociado a la aparición de nuevas técnicas agrícolas que permiten responder al creciente consumo. Se intensifican los sistemas agrícolas como represas, canales, terrazas y otros que favorecieron el aumento de la productividad de los cultivos, y se incorporan variadas especies vegetales en la dieta de los cada vez más numerosos asentamientos.

Ya para 600 a.C. este sistema estaba bien desarrollado en la Cuenca; la abundancia de recursos, la intensificación en su explotación y el incremento demográfico se pueden  apreciar claramente en el patrón de asentamiento. La complejidad en la organización social y espacial se reflejó en la conformación de sistemas de asentamientos con pequeños caseríos ligados a centros rectores y éstos a su vez a sitios de control regional. Éstos funcionaron como eje central de una floreciente economía de apropiación de recursos, que a su vez llevó a un creciente proceso de intercambio, tanto de productos elaborados como de materias primas a escala local y regional, lo que dio paso a la transformación de la estructura social.

Cuicuilco, localizado al sur de la Cuenca de México, es el ejemplo más destacado de este proceso. De acuerdo con diversos autores, entre ellos William Sanders, se calcula que para esa época el lugar contaba con una población de entre 5 000 y 10 000 habitantes, en constante aumento. Por su extensión y características arquitectónicas, se cree que Cuicuilco tenía un amplio control sobre áreas aledañas.

Copilco, a tan sólo cinco kilómetros al norte de Cuicuilco, se hallaba cerca de varias fuentes de agua, con abundante vegetación y tierras fértiles, que fueron factores determinantes para su desarrollo, como lo demuestra la gran cantidad de materiales arqueológicos recuperados en ese lugar desde principios del siglo xx. Es probable que tales circunstancias dieran a Copilco un estatus que lo convirtió en uno de los asentamientos que controlaban la obtención de recursos de sitios menores en el área del actual Coyoacán.

Cabe recordar que la Cuenca de México se localiza sobre una franja de actividad volcánica, y que en aquel entonces el Xitle producía continuas fumarolas y expulsión de cenizas. La presencia de éstas en las excavaciones arqueológicas indica que el Xitle afectó en gran medida a los habitantes de estas tierras fértiles por un tiempo considerable antes del evento eruptivo, lo que desencadenó el paulatino abandono de los asentamientos hasta la migración definitiva de la población.

Es probable que los primeros en irse fueran los habitantes de los caseríos aislados, lo que habría roto el equilibrio vigente en el sur de la cuenca; es probable que una parte sustancial de los recursos para sostener los grandes centros rectores empezaran a mermar al iniciarse el abandono. Aunque no es claro el modo en que se dio el proceso migratorio, algunos autores mencionan que antes de la explosión del Xitle, Cuicuilco estaba ya abandonado.

Copilco, sin embargo, se mantuvo habitado hasta la explosión del Xitle y la llegada de lava, como se observa por la presencia de materiales arqueológicos en las capas que están en contacto directo con la lava.

El desarrollo en esa parte de la Cuenca de México no se detuvo; en las tierras ahora cubiertas de lava se fue formando un nuevo ecosistema que supieron aprovechar pobladores de periodos posteriores. Los datos obtenidos en recientes investigaciones arqueológicas muestran un gran desarrollo en las áreas aledañas cubiertas de lava. En regiones como Xochimilco y el propio Coyoacán se dio el florecimiento del Clásico.

El paisaje modificado por aquellos devastadores sucesos no fue abandonado del todo y es probable que los habitantes de la cuenca conservaran el recuerdo de esa catástrofe natural. Así lo sugieren los descubrimientos de entierros y ofrendas de periodos posteriores en algunas oquedades formadas por la lava del Xitle, así como el culto a deidades como el dios del fuego, Huehuetéotl.

 

Gamio y la estratigrafía de Copilco

La intervención arqueológica de Gamio en 1917 resultó sumamente valiosa, ya que se pudo recuperar gran cantidad de materiales que de otra forma se hubieran perdido por el retiro de rocas de la cantera de basalto.

Sus primeras interpretaciones, por medio del análisis estratigráfico, y las de colaboradores como Mariano Bárcena y el agrónomo Ismael Molina permitieron describir las capas geológicas y la historia cultural del sitio.

De las primeras interpretaciones se concluyó que “el pedregal está conformado por los contingentes de dos erupciones consecutivas de lava candentes provenientes del Xitle… los restos humanos encontrados se encuentran colocados debajo de la 2ª. erupción…”.

La apreciación de los diferentes estratos ayudó a Gamio a precisar los eventos geológicos que sellaron las evidencias arqueológicas, así como a establecer fechas y correlacionar los materiales arqueológicos obtenidos con los de otros sitios, apoyando la idea de la existencia de una cultura arcaica o “sub-pedregalense”.

Como resultado de los trabajos de Gamio y Kroeber, contamos con valiosa información  sobre la ocupación del asentamiento, los entierros con ofrendas y las excavaciones circulares. El hecho de que los perfiles arqueológicos estén expuestos, entre otras evidencias, permiten interpretarlos mediante nuevas técnicas de análisis y tomando en cuenta las aportaciones de recientes investigaciones. Se abre así un panorama más amplio sobre los lugares del Preclásico que un día fueron cubiertos por la lava del Xitle.

 

Efraín Flores López. Arqueólogo. Investigador de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del INAH, y profesor de la ENAH. Colaborador del “Proyecto Copilco: Un sitio arqueológico del Pedregal de San Ángel”.

Ma. del Carmen Solanes Carraro. Arqueóloga investigadora de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del INAH. Colaboradora del “Proyecto Copilco: Un sitio arqueológico del Pedregal de San Ángel”.

 

Flores López, Efraín, Ma. del Carmen Solanes Carraro, “Copilco a la luz de nuevas investigaciones”, Arqueología Mexicana núm. 129, pp. 38-42.

 

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