• 13-sep-2019

Descubrimientos recientes en las Tierras Bajas Mayas de Guatemala

Bárbara Arroyo

Petén es el departamento de la zona maya con la mayor cantidad de programas de investigación. Año con año se hacen descubrimientos que agregan una pieza al rompecabezas de la historia de esa región. El territorio fue ocupado desde el periodo Preclásico, y hubo ciclos de grandes desarrollos y conflictos hasta el Posclásico. Todavía queda mucho por aprender de la historia cultural del área, y lo que aquí se presenta es apenas una pequeña muestra de su riqueza arqueológica.

 

Los descubrimientos más importantes de las Tierras Bajas mayas se encuentran en el departamento de Petén, Guatemala. Allí es donde se han realizado gran número de proyectos de investigación, en su mayoría programas internacionales patrocinados por universidades o entidades extranjeras. Estos proyectos varían en enfoques, los cuales incluyen desde los orígenes de la civilización maya en el Preclásico hasta las ocupaciones más tardías del Posclásico.

En esta introducción, los reportes de hallazgos recientes se dividirán por regiones del departamento de Petén.

 

Noroeste de Petén

En esta área se ha venido llevando a cabo un programa en el sitio El Perú-Waka’, localizado en el Parque Laguna del Tigre e investigado por David Freidel, de la Universidad de Washington, San Luis, Missouri. Este sitio era conocido como El Perú, pero investigaciones epigráficas permitieron reconocer su nombre prehispánico: Waka’. En las últimas investigaciones en la temporada 2014-2015 se realizó el hallazgo de una rica tumba, que se aborda en este número.

Otro sitio de gran importancia ubicado en la región noroeste de Petén es La Corona, ubicado al norte de Waka’ y al oeste de El Mirador, que padeció muchos saqueos por la abundancia y maestría de sus monumentos. Se le conocía como sitio “Q” hasta que Marcello Canuto, con la colaboración del epigrafista David Stuart, lograron identificar que se trataba de La Corona. En 2012 se descubrió un conjunto de paneles esculpidos con jeroglíficos con eventos históricos de la dinastía del reino Kaan, indicio de relaciones importantes entre el sitio y Calakmul. En la temporada de 2014, el programa de investigaciones se amplió hacia el sitio El Achiotal, y se descubrió una inscripción del Preclásico que arrojó datos novedosos sobre la historia de la zona en tiempos muy antiguos.

En el mismo sector noroeste de Petén, un recorrido arqueológico de la zona ha permitido documentar un número de sitios que hace 15 años eran desconocidos. Este trabajo, bajo la dirección de Charles Golden y Andrew Scherer, ha contribuido al entendimiento de los patrones de asentamiento de la zona y su relación con aquellos del otro lado del río Usumacinta y la frontera entre México y Guatemala. La Sierra Lacandona desempeñó un papel primordial y la mayoría de los asentamientos se encuentran ahí.

 

Petén central

En el centro de Petén se han llevado a cabo investigaciones importantes, entre ellas las realizadas en El Zotz, bajo la dirección de Stephen Houston y Thomas Garrison, que han incluido recorridos y excavaciones en el sitio y alrededores. Uno de los principales descubrimientos es el de Edwin Román, miembro del equipo de investigaciones del “Proyecto El Zotz”, quien ubicó el año 378 d.C. como el momento de ingreso del guerrero teotihuacano Sihya K’ahk’ a la zona maya. Además, los trabajos epigráficos de Stephen Houston y colaboradores muestran que la dinastía reinante en ese sitio era la de Pa’ Chan. En los primeros años de esta dinastía, los gobernantes de El Zotz tenían más independencia que otros estados de las Tierras Bajas, e innovaron en la arquitectura y las artes, como se verá en el presente recuento. Alyce de Carteret ha realizado excavaciones en áreas residenciales que permiten obtener más información de la gente común. 

En el cercano sitio de Tikal, recientemente se realizó un estudio sobre la interacción de la antigua sociedad maya con el medio ambiente. Para ello, un equipo multidisciplinario, dirigido por David Lentz, se enfocó en el aprovechamiento y manejo del agua en aquella importante ciudad maya. Esto permitió conocer la planificación de depósitos de agua que contenían sistemas sofisticados de ingreso, egreso y formas manuales de extraer ese recurso. Asimismo, se investigaron los depósitos del centro del sitio relacionados con la utilización del agua tanto para la subsistencia como con fines rituales, en particular uno que se encuentra cerca del Templo III. En algunos depósitos se observó la posibilidad de que existieran manantiales en su fondo, lo que explicaría la ubicación deliberada del sitio y de ciertas estructuras cerca de esos lugares.

A pocos kilómetros de Tikal se hicieron excavaciones en El Palmar, un sitio del Preclásico donde se descubrió un conjunto tipo Grupo E del Preclásico Medio. El Palmar posee un patrón de crecimiento y construcción muy parecido a los otros centros monumentales de las Tierras Bajas mayas en el Preclásico Medio, aunque no tuvo una ocupación continua ni reocupación en periodos siguientes. Según el investigador James Doyle, el tamaño, la proximidad a Tikal y la ausencia de construcciones durante el Clásico Tardío hacen de El Palmar un importante lugar para el estudio de la transición entre el Preclásico y el Clásico.

A unos kilómetros de distancia, en Uaxactún, se realizan investigaciones a largo plazo, bajo la dirección de Milan Kováč, que han ofrecido resultados interesantes sobre el Preclásico y el Clásico, los cuales se presentan en este número.

Se han realizado recorridos cerca de los lagos de Petén central y se han hecho excavaciones en el sitio de Motul de San José (mejor conocido como sitio IK por su característica cerámica), bajo la dirección de Antonia Foias. 

Timothy Pugh ha realizado investigaciones en los lagos de Petén central, principalmente sobre el periodo del contacto y el colonial temprano, en Tayasal, Nixtun Ch’ich’ y Zacpetén, con el objetivo de comprender la distribución del grupo itzá durante esa época, el impacto que tuvo el cambio de la cultura material europea en el sistema político de los mayas itzá, así como el efecto de la conquista y el colonialismo en su organización social. La elite principal de los mayas se vio desplazada por el colonialismo español, según Pugh, mientras que el resto mantuvo su poder y sirvió de intermediaria entre los españoles y los plebeyos mayas. Los españoles forzaron a los mayas a vivir en comunidades reducidas para controlarlos mejor y así asegurarse de su trabajo y tributo.

Las excavaciones en el sitio de Tayasal, situado en una península al norte de Flores, Petén, Guatemala, se enfocaron en dos misiones que se establecieron ahí: San Miguel y San Bernabé; se estudió la transición del Posclásico Medio al Tardío, así como el periodo del contacto. A este asentamiento se llega a través de un canal angosto en la isla de Flores. Los documentos coloniales tienen pocas referencias sobre Tayasal, excepto las que dicen que los habitantes de la capital itzá frecuentemente hacían rituales en el lugar y que había ahí dos misiones del siglo XVIII:  San Miguel y posteriormente San Bernabé. Las investigaciones de Pugh se enfocaron en el periodo colonial en la península de Tayasal, entre 1525 y 1821. En Tayasal se encuentran respuestas indígenas a las estrategias de poder españolas. Aunque la conquista de Petén y el establecimiento de misiones ocurrieron tarde en el periodo colonial, las estrategias españolas cambiaron drásticamente. Está claro que las prácticas religiosas nativas persistieron y fueron incorporadas a las católicas. Las excavaciones en San Bernabé permitieron ver que este lugar fue construido para llevar a cabo prácticas rituales con sincretismo maya. 

 

Bárbara Arroyo. Arqueóloga por la Universidad de San Carlos y doctora en antropología por la Vanderbilt University. Ha trabajado en la costa del Pacífico de México, Guatemala y El Salvador y en el Altiplano maya. Directora del Proyecto Kaminaljuyú, Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural de Guatemala.

 

Arroyo, Bárbara, “Descubrimientos recientes en las Tierras Bajas Mayas de Guatemala”, Arqueología Mexicana núm. 137, pp. 20-25.

 

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