• sábado, 15 de junio de 2019

El capitán Guillermo Dupaix y su álbum arqueológico de 1794

Leonardo López Luján

La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia del INAH atesora la Descripcion de Monumentos antiguos Mexicanos, obra conjunta del capitán Guillermo Dupaix y el pintor José María Polanco. Largamente conocida por los especialistas, se publica aquí por primera ocasión en forma íntegra.

 

México en tiempos de Revillagigedo

Un importante detonador de los estudios arqueológicos a finales del periodo colonial fue la llegada a México de Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla y Horcasitas (1740-1799), segundo conde de Revillagigedo, quien ocupó el cargo de virrey, gobernador, capitán general y superintendente de la real hacienda. Esto aconteció en el año de 1789, cuando la ciudad había alcanzado los 131 000 habitantes y se erigía como la capital más populosa del hemisferio occidental. Como es bien sabido, Revillagigedo era un criollo nacido en La Habana y criado en la Nueva España durante el gobierno de su padre (1746-1755). Residió en España la mayor parte de su vida, donde pudo seguir paso a paso el renacimiento urbano de Madrid que orquestó el arquitecto siciliano Francesco Sabatini, bajo las órdenes de Carlos III. Esto debió de haber dejado una profunda huella en Revillagigedo, pues, al retornar a México a los 49 años de edad, se propuso transformar a cualquier precio el rostro de esta urbe, entonces dominada por el caos, la insalubridad y la escasa seguridad.

Para concretar sus anhelos, el dinámico virrey se valió de los servicios del arquitecto y urbanista novohispano Ignacio de Castera, quien muy pronto comenzó las obras. La traza ortogonal se regularizó por medio de la apertura, ampliación y alineamiento de muchas calles. Nuevos paseos y puentes fueron construidos. Además, se dotó de empedrado y de anchas banquetas a las calles del centro, en tanto que los mercados públicos fueron reordenados. En forma simultánea, la ciudad fue reorganizada: se creó para ello una división en cuarteles y manzanas, se les puso nombre a las calles y se numeraron las casas. La red de distribución de aguas mejoró sustancialmente gracias a la instalación de acueductos, cañerías y fuentes. Se emprendieron asimismo importantes obras de saneamiento urbano, entre ellas, la construcción y reparación de acequias, drenajes y atarjeas para la correcta conducción de aguas pluviales y negras. Resulta comprensible que los mayores esfuerzos se realizaran en la Plaza de Armas, actividades que estuvieron a cargo del ingeniero militar Miguel Constanzó.

Como es bien sabido, todas estas obras tuvieron como resultado imprevisto la exhumación de numerosos monumentos arqueológicos mexicas, entre ellos la Coatlicue, la Piedra del Sol y la de Tízoc. Por ello, los cinco años de gobierno de Revillagigedo –de 1789 a 1794– fueron resumidos así por el alabardero granadino José Gómez: “En su tiempo se minó o abugeredó toda la ciudad y se sacaron varios ídolos del tiempo de la gentilidad”. Pero, contrario a lo que siempre había sucedido, las antigüedades recién desenterradas ya no fueron destruidas, pues ahora se veía en ellas un rico contenido histórico y cierto valor artístico.

 

López Luján, Leonardo, “El capitán Guillermo Dupaix y su álbum arqueológico de 1794”, Arqueología Mexicana núm. 109, pp. 71-81.

 

Leonardo López Luján. Profesor-investigador del INAH.

 

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