• miércoles, 14 de noviembre de 2018

El jaguar entre los mayas. Entidad oscura y ambivalente

María del Carmen Valverde Valdés

El jaguar, enigmático habitante de los bosques y las selvas americanas, nos remite al principio y al fin de los tiempos, así como al mundo oscuro en el que habita y del que es amo y señor. Sus múltiples y variadas representaciones prehispánicas, así como su presencia en fiestas y cuentos de los pueblos mayas actuales, nos invitan a aventurarnos en este universo sagrado.

 

En toda Mesoamérica. y en el área maya en particular, figuras de felinos o imágenes que de diversas maneras aluden a ellos nos salen al encuentro por todas partes y provenientes de distintas épocas. Se encuentran en los materiales prehispánicos más diversos e incluso siguen apareciendo en la narrativa y en las festividades de los grupos mayas contemporáneos. Todas esas imágenes contienen un mensaje que nos remite a una parte fundamental de la concepción del cosmos de los pueblos mesoamericanos, de forma que el análisis de su contenido simbólico permite profundizar en la compleja, rica e intrincada estructura de ese maravilloso universo cultural.

Para desentrañar algunos de los significados del jaguar entre los mayas hay que tener en cuenta en qué tipo de ámbitos) escenas aparece el animal o alguno de sus elementos, y ver con qué contexto y actividades se relaciona. Así además de estar vinculado con el poder político y las prácticas chamánicas, que no serán tema de este ensayo, se le asocia con el espacio nocturno e infraterrestre, con la agricultura y la fertilidad -de manera alegórica- , así corno con la destrucción y la muerte.

 

El universo oscuro del jaguar

Dentro de la visión general que los grupos mesoamericanos tienen sobre la bipolaridad del cosmos, al jaguar le corresponde originalmente, por sus hábitos, el mundo de abajo, el femenino, el reino de la oscuridad y de la noche. Este animal guarda un estrecho vínculo con las deidades asociadas al inframundo y con las diversas puertas de entrada a este sector del universo como podrían ser las cuevas, el interior de los montes y; en ocasiones, la espesura de las selvas y los bosques. Así, el felino ejerce su hegemonía tanto en la tierra como debajo de ella, al igual que, durante la noche, en el cielo. Por lo tanto es un animal poderoso y peligroso y maneja formas de conocimiento o saberes que corresponden a los poderes subterráneos, donde radican fuerzas y espíritus que están fuera del control de los humanos.

El inframundo está considerado como la región de los muertos, aunque en ella hay vida y dinamismo. Aquí "viven" los difuntos y los dioses de la muerte, que aparecen rodeados por diversos elementos y animales nocturnos que representan y encarnan las fuerzas de esa mitad del cosmos, entre los cuales, por sus características, destaca el jaguar.

En este sentido, pienso que entre los mayas, aunque el felino fue considerado como una entidad sobrenatural, no necesariamente fue una deidad. Igual que otros animales, es un portador de diversas energías sagradas. El jaguar, en todo caso, viene a ser un símbolo del poder que reina en el corazón de la Tierra y en la parte oscura del universo.

Lo intrincado de las selvas y pantanos, así como lo abrupto de las montañas -que son el equivalente simbólico del ámbito salvaje y desordenado de la naturaleza, el espacio no socializado por los hombres-, son los lugares donde habita el jaguar. Muchas veces estas montañas son consideradas sagradas y en ellas viven los dioses protectores. Es probable que entre los mayas la representación gráfica del monstruo huilz, que significa montaña, corresponda precisamente a una esquematización de la cara del felino con las fauces abiertas, a manera de entrada al inframundo; finalmente las cuevas, que en su medio natural son morada del animal, en general constituyen las puertas de este sector del universo. Tal vez sea por esto que hasta ahora se conserve en muchas partes de nuestro país el dicho popular de "cada cerro tiene su propio tigre".

Desde la época prehispánica, en los días del calendario ritual (tzolkín) regidos por el félido, la vida entera de la comunidad se paralizaba, ya que los poderes que ejercía su patrono eran negativos para cualquier actividad que se realizara en los espacios socializados; por esto, todo lo que ocurriera dentro de estos límites, incluso el nacimiento de algún niño, estaba en peligro. El día akbal, que significa "noche" y "oscuridad" en diversas lenguas mayas, se vincula estrechamente con el jaguar. Lo mismo sucede con el mes uo, que simboliza el cielo negro y cuyo patrono es este mismo animal. En esas fechas gobierna el felino, así como en el mes pax, donde parece representar el Sol de la noche.

Entre las representaciones plásticas de jaguares, abundan en todo el contexto maya las que lo vinculan con el Sol nocturno. En este caso, por Jo general se trata de la imagen de la deidad solar, pero con rasgos de felino: en ocasiones aparecen las orejas y a veces sólo las manchas o algún glifo relacionado con la oscuridad. En la medida en que el felino rige el cielo nocturno y que el Sol al penetrar al inframundo adquiere todos sus atributos, su presencia en los mitos relacionados con el origen, las características y las andanzas nocturnas del astro son una constante a lo largo de toda Mesoamérica y en particular en la tradición maya. Debe tenerse en cuenta que cualquier alteración en el recorrido normal de la Luna y el Sol por el cielo era vista con gran inquietud, ya que recordaba al hombre que en ocasiones las potencias caóticas y del "otro orden", del lado inferior del universo, superan a las fuerzas del orden e incluso pasan por encima ele los poderes de las deidades. Así, un eclipse era considerado como un suceso dramático, un signo de mal augurio que anunciaba acontecimientos funestos. Comúnmente se pensaba que los jaguares que atravesaban la oscuridad se tragaban a los astros privando a los hombres de su luz. Era el felino, que en este caso encarnaba las fuerzas y los poderes destructivos de la oscuridad, esta agresividad desencadenada, que devoraba a los cuerpos celestes, tanto a la Luna como al Sol, durante los eclipses. Este concepto se refleja claramente en los términos que en diversas lenguas indígenas se emplean para designar al fenómeno; en maya yucateco se dice chi'bil k'in, "mordida de sol", "porque en los eclipses la sombra o parte eclipsada es corva, como señal que dejan los dientes en las mordidas o bocados quitados" (Diccionario Maya Cordemex, p. 93).

La bóveda celeste también tiene su carga oscura y "salvaje", ya que durante la noche pueden hacer su aparición los poderes y las energías subterráneas. La ausencia del Sol sobre la Tierra permite la manifestación de sus opuestos, y el jaguar domina en las tinieblas; su piel extendida, cuyo diseño en el dorso y los flancos se constituye de rosetas con manchas oscuras en el centro, se ha asociado en toda Mesoamérica al manto estrellado de la noche.

Actualmente, en la península de Yucatán, una de las funciones de los balamoob -los jaguares- es proteger a los hombres durante las sombras, ya que en estos periodos críticos es cuando se hace posible y necesaria su presencia y su acción. Por su parte, los tzotziles afirman que en los estratos celestes también hay fuerzas malignas identificadas con el jaguar, que se adscriben a la noche y a la oscuridad.

 

María del Carmen Valverde Valdés. Doctora en estudios mesoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras. UNAM. Investigadora y coordinadora del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

 

Valverde Valdés, María del Carmen, “El jaguar entre los mayas. Entidad oscura y ambivalente”, Arqueología Mexicana núm. 72, pp. 47-51.

 

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