• 18-sep-2020

El mito y su retórica

Alfredo López Austin

El género mítico

En su aspecto retórico, el mito de la tradición mesoamericana se revela como un texto oral. Su máxima expresión se da en la rítmica voz del narrador ante un público atento y arrobado. Narrador y oyentes comulgan mentalmente en un ámbito sagrado donde la palabra se tiñe de ritualidad. Se conjugan con frecuencia en su ejecución la nocturnidad, los gestos, los sonidos guturales, los silencios. Hay el respeto a la experiencia y sabiduría del narrador, quien atesora numerosos relatos en su memoria y ocupa un lugar prestigioso en su comunidad. Por lo regular, los suyos no son relatos desconocidos, pues muchos receptores los han escuchado en repetidas ocasiones desde su edad temprana. Esto hace que los oyentes sigan mentalmente las palabras del narrador, adelantándose a su dicho y anticipando los episodios con la misma fruición de un niño cuando oye de nuevo un cuento que se le ha contado decenas de veces. El avance interiorizado del receptor lo hace coautor, copartícipe del relato. Y en este juego, es frecuente que el narrador, de pronto, lo sorprenda con un giro inesperado, con un detalle novedoso o con una alusión metafórica a la vida comunal del momento. Con frecuencia, el narrador menciona claves discretas que conducen a su auditorio a la comprensión del sentido profundo del relato.

En el mito zoquepopoloca de Homshuk, hay indicadores de que este personaje central de la aventura tiene como uno de sus atributos el poder de la germinación. Homshuk alude a su naturaleza con frases que, para un receptor foráneo, carecen de sentido o están de más en el texto. Homshuk dice: “yo soy el que se convierte en colmillo de serpiente”, “yo soy el que parezco clavito y a la vez dobladito”. Un miembro de la comunidad, familiarizado con el cultivo, sabrá que “clavito” es la incipiente mazorca de maíz que apenas espiga; que “dobladito” es la pequeña vaina de frijol que apenas nace; que el brote de maíz que surge de la tierra es como el colmillo de la serpiente. Fue necesario que los propios miembros de la comunidad explicaran el significado de estos términos. El mito surge de la vida comunal: es propiedad de sus constructores-usuarios.

 

Alfredo López Austin. Doctor en historia. Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

López Austin, Alfredo, “El género mítico”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 92, pp. 10-13.

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