• 26-may-2020

El petate y el sombrero

Enrique Vela

El petate

El petate es uno de los elementos más distintivos de la cestería en México. Se trata de esteras o tapetes de palma que, desde la época prehispánica hasta entrado el siglo XX, eran usados de distintas maneras. Se ocupaban para envolver y transportar mercancías, y eran el lecho en toda casa, si bien de calidades distintas de acuerdo con la posición social de sus habitantes. Los había muy finos, fabricados para las residencias de la elite y los edificios públicos, y muy simples, con decoración y sin ella. Eran también utilizados como mortaja, de ahí expresiones aún en uso como petatearse para referirse a alguien que muere, o la de espantar con el petate del muerto. A diferencia de lo que ocurre con otros productos hechos con palma, la fabricación de petates ha disminuido notablemente, en mucho debido a que ya no es necesario para los fines mencionados.

El sombrero

Las fibras duras también se utilizan para fabricar diversas prendas de vestir. En tiempos pasados se fabricaban sandalias y algunas prendas como los “abrigos” de palma que continuaban usándose hasta la primera mitad del siglo XX. La fabricación de sombreros es una rama de la cestería en México que propiamente comienza en la época colonial. Hoy en día existen varias tradiciones regionales, todas ellas de larga duración. Una de ellas es la de los sombreros de jipi de Yucatán y Campeche. El jipi es una palma muy fina que permite obtener delicados ejemplares y que se teje al interior de cuevas para que la humedad mantenga la fibra flexible y manejable.

Sombreros

La variedad de formas y de tejidos de los sombreros de palma es muy grande. Desde el “guaimeño” y el de “sollate” que representan el tipo más corriente y más barato, hasta los finísimos sombreros fabricados en Yucatán y en Campeche, hay una serie inacabable de tipos, algunos de ellos de una forma y una magnitud inverosímiles.

Los dos tipos principales de los sombreros del pueblo de México son : “el sombrero de petate” y el “sombrero charro”; este último varía de tejido y de forma en las distintas regiones del país. Es muy cónico y muy bien tejido en Jalisco, con una copa muy baja, alas muy vueltas hacia arriba, duro; en él llevan los rancheros cuanto es necesario llevar para los usos de la vida: en el interior, el pañuelo, los cigarros y los cerillos; en las alas ponen todo lo que compran –legumbres, frutas, etc.–. Es muy frecuente ver a estos tipos que habitan la región de Tepic y las comarcas Oeste del Estado de Jalisco, andar muy serios en la calle, con su enorme sombrero ladeado, guardando en las alas los cacahuates que con mucha solemnidad van sacando de esta alforja aérea, y comiéndolos mientras caminan.

Pero los sombreros más grandes, los sombreros monumentales, pueden verse en el Estado de Morelos. He visto muchos que tienen 1.10 centímetros de ala a ala, 20 centímetros de profundidad en la copa. Es el techo de una casa y no un sombrero. Cuando el individuo que lo lleva tiene que entrar por una puerta se lo ladea o se lo quita; cuando hace aire el individuo se balancea como la copa de un árbol, y cuando llueve tiene que cubrírselo, porque aquel enorme recipiente de las alas, cuyo tejido se aprieta con el agua, se convierte en una laguna.

Dr. Atl, Las artes populares en México, 1922

 

Enrique Vela. Arqueólogo por la ENAH, editor, desde hace 30 años trabaja en el ramo editorial.

Vela, Enrique, “La cestería prehispánica”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 91, pp. 60-62.

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