• 18-jul-2019

Fuentes escritas para la historia de los mayas peninsulares

Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva

Las diversas fuentes escritas por y sobre los mayas peninsulares forman un importante conjunto de información. La riqueza de dichas fuentes permite conocer y comprender el pasado
de los mayas de la manera más veraz posible.

 

Los testimonios escritos por y sobre los mayas son múltiples, de índole muy variada, y pueden clasificarse en dos grandes grupos, de acuerdo con su origen. Entre los primeros se incluyen tanto los textos generados originalmente en el entorno cultural de los mayas –durante siglos y siglos de trayectoria histórica–, escritos por ellos mismos, como las obras que los mayas redactaron en la época colonial y hasta las que escribieron después de la Independencia. Los segundos son los testimonios acerca de los mayas escritos desde la perspectiva de la cultura occidental, a la que han estado expuestos por cinco siglos.

En su conjunto, estas fuentes son indispensables para recrear y aprehender tanto el ser cultural maya como el transcurrir de su historia, las cuales pueden ser abordadas no sólo desde la perspectiva de la historia, sino también de otras disciplinas como la epigrafía, la lingüística, la paleografía, la archivística y la diplomática, por citar algunos de los caminos metodológicos que permiten interpretar la información existente acerca del pueblo maya.

En este artículo se aludirá sólo a los mayas de la península de Yucatán y a las dos clases de fuentes mencionadas, aunque sólo a las escritas hasta el fin de la Colonia.

 

Inscripciones

Los mayas desarrollaron la escritura más avanzada de América, la cual apareció en la península un poco más tarde que en el resto del área maya. Asimismo, las inscripciones son menos numerosas en aquélla que en las Tierras Bajas del sur. Desde el siglo V d. C., los monumentos con escritura ofrecen una verdadera historiografía, en el sentido de que se grabaron en piedra los hechos considerados por la comunidad como los más trascendentes, con base en dos aspectos: el tiempo y el espacio. El tiempo se establecía en distintos tipos de calendarios, como el de la cuenta larga de serie inicial, el de la serie suplementaria, el haab y el tzolkín. A cada hecho humano se le daba una ubicación dentro de una temporalidad medida cuidadosamente, en series que, en conjunto, no tenían repetición alguna, o sea dentro de un esquema lineal (Berlin, 1977). Asimismo, las inscripciones contaban sucesos que se desarrollaban en un espacio geográfico, el cual se representaba por medio de un glifo emblema, que aludía a un territorio. Todo ello da a las inscripciones un carácter de fuente historiográfica de la cultura maya.

Las inscripciones mayas corresponden a un concepto peculiar de la historia, considerada como la vida de los señores más encumbrados, como los actos rituales asociados al transcurrir de sus vidas, y no como sus decisiones políticas o como la promoción de su obra material.

En todo el territorio peninsular existen inscripciones, principalmente en estelas labradas en sus dos caras que se encontraban en las plazas a la vista pública, así como en elementos arquitectónicos, estructurales y decorativos.

A manera de ejemplo de este acervo documental, ubicado en sus lugares originales o en museos, están las inscripciones de Oxkintok, enorme sitio localizado en la orilla noroccidental de la serranía del Puuc, en Yucatán, el cual fue ocupado en el Preclásico Medio, floreció en el Clásico y tuvo su decadencia después del año 1000 d. C.

El acervo historiográfico del sitio se
compone de inscripciones en dinteles, jambas, columnas y capiteles, lajas y losas, así como en estucos, relieves, esculturas de variada índole, vasijas decoradas y pinturas murales. Destacan en especial las inscripciones en dos escaleras jeroglíficas, un anillo de juego de pelota, 27 estelas y 15 altares. Todo ello contiene historias de los gobernantes, como el que los arqueólogos han llamado Walas. Oxkintok sobresale por el curioso hecho de tener inscripciones jeroglíficas del Clásico Temprano, periodo al que siguieron 100 años de silencio histórico (550-650 d. C.), y luego una época de numerosos textos. Las noticias que contienen estas inscripciones abarcan casi 400 años (475-859 d. C.). Si bien para los mayas las inscripciones en piedra eran como libros de historia, autentificadores de los gobernantes, y el pueblo entendía toda la dimensión del mensaje, para nosotros la comprensión está vedada. Es necesario acudir a la epigrafía para que, con los métodos específicos de la ciencia del desciframiento de las escrituras sin letras, podamos conocer el contenido de las inscripciones.

Un epigrafista serio, además de conocer a profundidad la cultura maya, debe saber de lingüística –principalmente sobre el idioma yucateco y las lenguas cholanas–, así como de matemáticas, astronomía e iconografía.

 

Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva. Licenciada y maestra en historia por la UNAM. Estudia diversos aspectos de la cultura maya del siglo XVI. Ha sido coordinadora del Centro de Estudios Mayas, y actualmente es investigadora de esta misma institución.

 

Izquierdo y de la Cueva, Ana Luisa, “Fuentes escritas para la historia de los mayas peninsulares”, Arqueología Mexicana núm. 37, pp. 60-65.

 

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