• 11-jul-2020

Hernán Cortés en Chiapas

Jan de Vos

Chiapas en el momento de la conquista

La lámina 25 de la Matrícula de Tributos, se refiere a los tributos pagados por el distrito de Xoconochco, en ésta se revela la variedad de productos cosechados en la región. Dos veces al año, sus habitantes entregaban a los recaudadores aztecas una cadena de jade, dos bezotes de ámbar y oro, 400 plumas de papagayo amarillas. 400 plumas de ave azules, 400 plumas de ave rojas, 400 plumas de ave verdes, 400 plumas de quetzal. 100 pájaros, 400 tecomates o jícaras, 100 fardos de cacao, 40 pieles de ocelote, dos piezas de ámbar. La mayoría de estos productos sin duda se conseguían en la región misma, excepto los minerales, que probablemente eran importados. Destacaba el cacao por el aprecio de que gozaba en el mercado mesoamericano de aquella época: representaba el 70% del valor total del tributo anual, contra un 25% aportado por la cacería y un 5% relativo a la artesanía.

Al norte de Xoconochco, separadas de él por la imponente Sierra Madre de Chiapas, se extendían las demás regiones que, al ser conquistadas por los españoles, formarían la provincia colonial de Chiapa. Es posible rescatar su identidad gracias a las contadas alusiones hechas en los primeros informes enviados a España, entre ellos las cartas de relación escritas por Hernán Cortés, las memorias de Bernal Díaz del Castillo y varias probanzas de méritos y servicios de los conquistadores. Estas fuentes sugieren la existencia de seis grandes territorios, construidos sea en torno al manejo de una misma lengua, sea alrededor de la integración al mismo sistema de producción e intercambio de bienes, o sea con base en la sumisión al mismo régimen político y militar. A dos de ellas conocemos por sus nombres originales: Chiapan y Lacamtún, pronto castellanizados en Chiapa y Lacandón. Las demás sólo se dejan identificar a través de unas denominaciones que tienen como característica la de expresar un plural: Los Zoques, Los Sendales, Los Quelenes y Los Llanos.

De estas seis provincias, cuatro estaban habitadas por grupos que hablaban lenguas mayenses, en mayor o menor grado emparentadas. En El Lacandón, región cubierta en su mayor parte por una espesa vegetación tropical y por esta razón escasamente poblada, el idioma preponderante era el chol. En cambio, Los Sendales, comarca situada entre las tierras bajas de la selva oriental y el macizo montañoso central, derivaba su nombre precisamente de la lengua preponderante en su territorio, el tzeltal. En Los Quelenes, después llamado también Las Coronas por ser la zona más alta de la montaña, la gente se comunicaba mayoritariamente en tzotzil. Finalmente, en Los Llanos, región que abarcaba la vasta depresión formada por el río Grijalva en su curso superior y sus múltiples afluentes, coexistían el tzeltal y el tzotzil con varios idiomas más, entre ellos el mochó, el coxoh, el cabil y, probablemente, también el tojolabal.

El resto del territorio, formado por las serranías del noroeste, las llanuras occidentales y el valle del Grijalva medio, estaba habitado por hablantes de dos lenguas que no pertenecían a la gran familia mayense: los zoques y los chiapanecas. Los primeros ocupaban antiguamente toda esa área, incluida la franja costera del Soconusco. Al parecer, fueron obligados a replegarse hacia la parte más montañosa, dejando el norte y el sur de su otrora inmenso hábitat en manos de grupos nahuas. Éstos llegaron en el curso del siglo XV para asegurar, a través de asentamientos duraderos, el control de las dos grandes rutas comerciales hacia Centroamérica, la de Xicalanco y la de Ayotlan También por el sudeste, los zoques habían sufrido, desde hacía siglos, la presión de sus vecinos inmediatos, los indios de Chiapan. Estos últimos se habían convertido, a finales del siglo XV, en la nación dominante de la región. Era tal su preponderancia, que Hernán Cortés creía que, conquistándolos, se apoderaría automáticamente de los demás.

 

Jan de Vos. Investigador titular del CIESAS-CONACYT. Obtuvo el doctorado en historia en la Universidad de Lovaina, Bélgica. Se ha especializado en el estudio de los indígenas chiapanecos y ha publicado, entre otras obras, La paz de Dios y la paz del rey, sobre la conquista de la selva lacandona, y Vivir en la frontera: La experiencia de los indios de Chiapas, así como Historia de los indios de Chiapas. Actualmente trabaja la historia reconstructiva de la selva lacandona, de 1950 a la fecha.

De Vos, Jan, “Chiapas en el momento de la conquista”, Arqueología Mexicana, núm. 8, pp. 12-21.

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