• sábado, 23 de junio de 2018

Kohunlich y Dzibanché. Los últimos años de investigación

Enrique Nalda, Sandra Balanzario

En los últimos años, en Kohunlich y Dzibanché se han realizado trabajos de prospección
y excavaciones extensivas. Han sido, también, de hallazgos y de un gran avance en el conocimiento de la historia prehispánica de las sociedades que poblaron estos dos sitios.

 

Kohunlich

Ahora sabemos, por ejemplo, que Kohunlich tuvo una ocupación continua desde alrededor de 500 a.C. hasta 1100 d.C., mucho más larga de lo que habíamos estimado en un principio. En ese largo periodo Kohunlich experimentó al menos dos fuertes depresiones demográficas. De la primera, hacia mediados del Clásico, se recuperó; superada, comenzó un proceso de crecimiento acelerado que alcanzó un clímax hacia 900-1000 d.C., fecha del inicio de la segunda depresión, que culminó con el abandono total del sitio hacia 1100 d.C. La historia de Kohunlich es, así, más de tipo cíclico que de naturaleza lineal, lo cual no debe extrañarnos, pues se trata de un patrón común en el área maya.

Sabemos también que esta segunda caída poblacional estuvo precedida de la entrada a Kohunlich de migrantes que llegaron desde diferentes lugares del área maya, cada
uno con su propio bagaje de conocimientos y costumbres.
Así, la cultura material de esa
época se manifiesta en el sitio con una gran diversidad y también con una calidad de ejecución difícil de encontrar en las obras de tiempos anteriores. Ese clímax cultural y demográfico marca el punto de inicio del “colapso” final.

Las condiciones específicas que precipitaron la crisis que condujo al abandono del sitio permanecen, por ahora, desconocidas. No hay evidencias de que la población haya crecido más allá de las posibilidades de alimentarla; o que haya habido un cambio climático hacia condiciones desfavorables; o que en su intento por producir más alimentos, los mayas de Kohunlich hayan degradado el ambiente hasta reducir significativamente su capacidad de sustento. Trabajos realizados en otras regiones del área maya han producido información en el sentido de que hubo un cambio climático en estas mismas fechas hacia condiciones menos propicias para la agricultura, pero, por ahora, no se sabe cuáles pudieron haber sido las consecuencias de tal cambio. Por otro lado, en Kohunlich no hay indicadores de las estrategias que los mayas pudieron haber utilizado para contrarrestar ese efecto.

Hay que pensar, entonces, en otras cosas. Quizás la “mini-balcanización” –que habría resultado de la diversidad étnica del periodo pre-colapso y la posible constitución de entidades políticas autónomas, cada una de ellas velando por los intereses de grupos migrantes particulares– habría funcionado como causa fundamental al no producirse un proyecto común para toda la comunidad de Kohunlich. Al respecto, debe mencionarse que hay evidencia muy clara de que ese periodo pre-colapso se caracterizó por un debilitamiento del pequeño grupo que concentró el poder durante el Clásico Temprano (250-600 d.C.)

La información relativa a la ocupación más temprana de Kohunlich se obtuvo gracias a las excavaciones que realizamos en la Plaza Yaxná (la casa primera, en maya). Ahí hemos explorado seis de los nueve edificios que rodean la plaza, la cual es la más grande de Kohunlich, más que la Plaza de las Estelas, que hoy día es punto de partida de la visita a la zona arqueológica. En dos de esos edificios encontramos evidencia de ocupación del Preclásico Tardío (300 a.C.-250 d.C.) y, en menor medida, del Preclásico Medio (800-300 a.C.): plataformas de poca altura, recubiertas con piedra muy bien cortada y estuco, que debieron servir de soporte a construcciones de materiales perecederos, con muros de bajareque desplantando desde un rodapié de mampostería y techos de palma de huano o de corozal. Por varios siglos ese tipo de construcción se seguiría utilizando en viviendas comunes, pero a partir del Clásico Medio la arquitectura doméstica fue totalmente de mampostería, con cubiertas de bóveda en saledizo, conocidas como bóvedas mayas. Sólo en el caso de cocinas y bodegas se mantuvo el viejo modelo constructivo.

Los trabajos de exploración y restauración que hicimos en el Edificio de las Estelas y en su crestería nos permitieron establecer una importante hipótesis sobre la forma de gobierno del Clásico Temprano. El edificio, que había quedado parcialmente cubierto por su derrumbe, fue expuesto en su totalidad; en el proceso de exploración encontramos que hubo dos o tres cuartos adicionales hacia la plaza. Estos cuartos, de los cuales hoy día sólo se aprecian pocos restos de sus muros, fueron hechos con piedra muy bien colocada contra la pared, sin duda porque existió o se proyectaba hacer una nueva construcción que cubriera la que se aprecia en la actualidad.

La crestería que remata ese edificio estuvo decorada con tres bloques, separados unos de otros por escasos centímetros, en los que se representaron seis personajes en estuco, dos en cada bloque, tres viendo hacia la plaza y tres más hacia el Edificio de los Mascarones. Todos los personajes están sentados en una especie de trono que, a su vez, se apoya en máscaras que representan la montaña sagrada o witz. En sus brazos llevan el típico cetro de serpiente bicéfala de la que surgen pequeñas deidades. Parecería que esos dos edificios, el de las Estelas y el de los Mascarones, funcionaron en algún momento del Clásico Temprano como un solo conjunto: ambos son de la misma época, ambos contienen representaciones en estuco hechos con la misma técnica, ambos contienen representaciones de seis personajes y ambos se refieren a personajes reales, investidos de atributos que los relacionan con el Sol, en el caso de los Mascarones, y la montaña sagrada en ambos casos. De no tratarse de un solo personaje en seis momentos de su vida (que en el caso de los Mascarones podrían estar metafóricamente representados por diferentes posiciones del movimiento aparente del Sol), entonces habría razones para
creer que lo que se representa es el gobierno mismo
de Kohunlich en el momento de la construcción de la crestería y la decoración del edificio de los Mascarones. Se trataría, entonces, de un poder compartido, de decisiones colegiadas, lo cual no deja de producir un cierto asombro en aquellos que mantienen la idea de que, a juzgar por las representaciones en es- telas, el poder en el Clásico maya, en general, estuvo altamente centralizado en un solo personaje.

De la época de esplendor de Kohunlich excavamos un grupo habitacional, el Conjunto Pixa’an, que se sumó a los otros dos que habíamos trabajado en la temporada 1993-1994. Las nuevas excavaciones confirmaron el patrón de asentamiento de este tipo de complejo habitacional, a base de un “palacio” y casas más modestas alineadas alrededor de patios de mayor o menor tamaño que con el tiempo experimentaron modificaciones y ampliaciones para acomodar a una población que crecía de manera acelerada. En el Conjunto Pixa’an logramos establecer como estilo propio de Kohunlich el que lleva el nombre del conjunto, estilo que se caracteriza por paramentos lisos de piedra colocada “a hueso”, molduras basales que enmarcan grupos de columnillas, jambas redondeadas en el acceso principal, columnas esquineras embebidas y nichos en las fachadas. Este tipo de arquitectura se encuentra en el edificio que cierra la Plaza de las Estelas por el costado poniente, en la mayor parte de los edificios localizados en el patio elevado de la Acrópolis y, por supuesto, en el “palacio” del Conjunto Pixa’an.

Un descubrimiento importante en el Conjunto Pixa’an fue el que nos indujo a pensar que el fin de Kohunlich estuvo acompañado de una inusual actividad ritual, realizada ya no en los grandes espacios públicos, como la Plaza de las Estelas, sino en las unidades residenciales. Parece que en ocasión del cierre de ciertos ciclos o, en general, de la celebración de ceremonias propiciatorias, quienes habitaban Kohunlich ofrendaban vasijas, figurillas y otros artefactos, manipulaban restos óseos de antepasados y realizaban sacrificios humanos, todos ello masivamente. Las enormes acumulaciones de todo tipo de material encontradas en el sitio dan fe no sólo del carácter sagrado que adquirían estos artefactos por el hecho de haber participado en el ceremonial, sino también de la magnitud de la crisis que estaban viviendo y, finalmente, del debilitamiento del poder de quienes antes eran líderes espirituales y concentradores del saber que relacionaba a los mayas de Kohunlich con sus dioses.

 

• Enrique Nalda. Arqueólogo y doctor en antropología. Investigador de la Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH.


• Sandra Balanzario. Arqueóloga por la ENAH. Integrante del Proyecto Arqueológico Kohunlich.

 

Nalda, Enrique, Sandra Balanzario, “Kohunlich y Dzibanché. Los últimos años de investigación”, Arqueología Mexicana núm. 76, pp. 42-47.

 

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