• 13-sep-2019

La tumba real del Templo XVIII-A de Palenque, Chiapas

Lourdes Rocío Couoh Hernández, Martha Cuevas García

En el Templo XVIII-A de Palenque se localizó un recinto funerario (tumba III) con dos esqueletos depositados directamente sobre el suelo: el principal era un importante miembro de la elite gobernante –con una suntuosa ofrenda (máscara de cinturón hecha de jadeíta y concha nácar, orejeras también de jadeíta, hachuelas de caliza y vasijas de barro)–, y el segundo corresponde a una mujer que perteneció a un estrato social más bajo.

 

En 1957 fue descubierta una tumba real, cuando el equipo dirigido por Alberto Ruz  Lhuillier exploraba el Templo XVIII-A, ubicado al sur del Grupo de las Cruces, el área ceremonial más importante de Palenque. Ese templo fue de los primeros que se investigaron dentro del conjunto arquitectónico conocido como Acrópolis Sur, donde se encuentran otros inmuebles importantes, como los templos XVIII, XIX, XX y XXI. Los dos entierros localizados dentro de esa tumba han sido motivo de un reciente estudio bioarqueológico (Couoh, 2013), de cuyos resultados daremos cuenta aquí.

Dentro del recinto funerario –llamado tumba III por Ruz– se encontraron dos esqueletos depositados directamente sobre el suelo: el principal fue un importante miembro de la elite gobernante, y el segundo corresponde a una mujer que perteneció a un estrato social más bajo. Una de las características más sobresalientes de la cámara funeraria es la antigüedad que le asignó Robert Rands (2004, p. 3), a partir de la cronología de la ofrenda cerámica, dentro del Clásico Temprano (400-600 d.C.). Así, se trata de la tumba real más temprana encontrada en Palenque, aunque en nuestras investigaciones recientes, el análisis por radiocarbono del gobernante arrojó fechas absolutas aún más tempranas: 250-420 d.C. (LTL12759A: 1696 ±30 AP).

 

El Templo XVIII-A

Se trata de un edificio contiguo e idéntico al Templo XVIII. Está conformado por un pórtico de tres entradas que ven al oeste y un santuario con dos cuartos laterales. Debajo del piso de este último hay un conducto tubular que conduce hacia la cámara funeraria de la tumba III. Conductos como éste –también conocidos como “psicoductos”– se han encontrado en otros recintos funerarios, como el Templo XX y el Templo de las Inscripciones. Se ha sugerido que estos ductos servían para mantener el contacto entre vivos y muertos.

La tumba III mide aproximadamente 2.50 m de largo, 1.25 m de ancho y 1.45 m de altura; y la bóveda cierra a 2.10 m sobre el nivel del piso. Esta última tiene forma de cuatro escalones invertidos, característica de las tumbas de este periodo. En la mezcla que separaba la última fila de los paramentos de la bóveda, de la tapa que cerraba la tumba, se observaron huellas de un textil semejante a los encontrados en otras tumbas. Además, se localizó una pintura mural con motivos rojizos sobre fondo blanco. La planta de la tumba cambió su forma rectangular a una trapezoidal debido a fuertes deslizamientos del suelo, lo que también provocó que las seis lajas grandes estucadas que conformaban el piso se levantaran y se rompieran.

 

El entierro real de la tumba III

Al centro de la cámara funeraria, sobre el piso, yacía el esqueleto del dignatario en posición extendida en decúbito dorsal, con dirección norte-sur. Los mencionados deslizamientos del suelo ocasionaron que algunos de los restos óseos se removieran, por lo cual su relación anatómica con el conjunto esquelético se perdió. Éste fue el caso del cráneo (que se encontró desintegrado) y de la tibia derecha. De manera contraria, el resto del esqueleto postcraneal mantuvo su orden anatómico. Así, los restos de la mano izquierda se encontraron sobre el área pélvica, mientras que los de la derecha permanecieron en su costado con una cuenta de jade.

La ofrenda asociada al gobernante era suntuosa y entre las piezas se cuentan una máscara de cinturón hecha de jadeíta y concha nácar, orejeras también de jadeíta, hachuelas de caliza y vasijas de barro. Algunas áreas del esqueleto –principalmente en la zona torácica y pélvica– tenían un ligero recubrimiento de pigmento rojo, que confirmamos como cinabrio (HgS) por medio de la técnica de fluorescencia de rayos X.

El colapso del piso fue más pronunciado en la sección sur de la cámara, específicamente en la esquina sureste, cerca de la entrada, donde se encontraron los restos de una mujer sin ofrenda asociada. Es probable que la acompañante estuviera recargada sobre la pared este de la tumba, en posición sedente y con las piernas extendidas. Sin embargo, la rotura del piso y su hundimiento provocaron que los huesos se deslizaran y en algunos casos rodaran cuesta abajo.

 

El joven y enfermo gobernante 

El estado de conservación de los restos óseos de este personaje no es uniforme y en general presenta alteraciones tafonómicas de origen natural. De acuerdo con sus características morfológicas, corresponde a un individuo del sexo masculino, y a partir de diversos análisis (que permitieron ver cambios morfológicos de la sínfisis púbica y de la superficie auricular, fusión de la epífisis costal de la clavícula; también se hizo microscopía de los anillos de cemento dental) se cree que el dignatario murió entre los 25 y 27 años de edad. Además, las superficies oclusales de ambas arcadas dentales presentaban un desgaste muy ligero, lo cual se atribuye a su juventud y a la ingesta de una dieta con ingredientes no abrasivos. El cráneo tenía modelado cefálico de tipo tabular erecto, con marcada compresión frontal (Ruz, 1957).

En cuanto a las lesiones óseas, resultado de alguna condición o alteración patológica, el dignatario presenta una escoliosis idiopática de causa desconocida. Se trata de una deformidad tridimensional de la columna vertebral que afecta su morfología (en sus planos coronal, sagital y transversal), así como la movilidad y simetría del tronco con repercusiones tanto en la pelvis como en las extremidades inferiores.

La escoliosis del gobernante enterrado en el Templo XVIII-A presenta una curvatura principal estructural –es decir, rígida y no reducible– torácica severa, de convexidad a la derecha con 63° Cobb. Así como una curvatura compensatoria estructural lumbar moderada, de convexidad a la izquierda con 36° Cobb. Esta segunda curvatura se desarrolla después de la formación de la principal, para equilibrar la cabeza y el tronco sobre la pelvis.

Las vértebras involucradas en ambas curvaturas estructurales presentan asimetría, torsión y deformación de los procesos articulares y de los cuerpos vertebrales, lo que repercutió de manera directa en la deformación de las costillas, así como en su desplazamiento sagital y lateral. Además, la rotación vertebral, aparte de modificar la caja torácica también puede afectar la curvatura dorsal normal, que en el caso del personaje en cuestión se tornó en una lordosis (curvatura de la espalda) dorsal.

Por otro lado, en las extremidades inferiores se observan varias secuelas de dicha condición, las cuales seguramente fueron resultado de un movimiento corporal asimétrico y de los problemas para caminar que tenía el gobernante. La identificación de la lesión en la articulación de la rodilla permite inferir que el gobernante pasaba largos periodos sentado sobre sus talones, posiblemente debido a su estado de salud.

Aunque no se puede establecer con precisión a qué edad inició dicha condición, se cree que su desarrollo tuvo lugar durante la adolescencia, debido a la edad a la que murió. En casos clínicos actuales de escoliosis idiopática adolescente, la actividad y eficiencia de los músculos lumbo-pélvicos durante la marcha resultan significativamente afectadas, en comparación con individuos sanos. Además, las curvaturas provocan dolor de espalda, disminución de la capacidad cardiopulmonar, insuficiencia del lado derecho del corazón por una presión arterial alta prolongada en la arteria pulmonar y en el ventrículo derecho del corazón (cor pulmonale) e incluso la muerte por falla respiratoria. Aunque no se puede determinar si dicha condición fue la causa principal de la muerte del gobernante palencano, se puede afirmar que afectó su calidad de vida de manera considerable.

Algunas representaciones pictográficas sugieren que las deformidades físicas en el linaje gobernante de Palenque fueron comunes en el Clásico Tardío (Robertson y Rosenblum, 1976). Existen varias representaciones de “jorobados” en el arte maya (como en el Pilar C, Casa C del Palacio en Palenque), pero tal condición no está asociada con la escoliosis como la del gobernante del XVIII-A. La cifosis, mejor conocida como joroba, es una deformidad que sólo ocurre en el plano sagital o que puede ocurrir en asociación con una anormalidad en el plano coronal que resulta en una cifoescoliosis.

 

Lourdes Couoh Hernández. Antropóloga física por la enah y doctora en antropología por la unam.

Martha Cuevas García. Arqueóloga por la enah y doctora en estudios mesoamericanos por la unam. Investigadora del inah.

 

Couoh Hernández, Lourdes, Martha Cuevas García, “La tumba real del Templo XVIII-A de Palenque, Chiapas”, Arqueología Mexicana Núm. 134, pp. 80-85.

 

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