• jueves, 19 de julio de 2018

Potrero de Payogasta. Salta, Argentina

Luis Alberto Martos L.

La zona nuclear de Potrero de Payogasta –sitio inca representativo que funcionó como centro rector y foco de cohesión e integración regional– cubre una superficie de 250 x 80 m y en ella se levantan cerca de 90 recintos con 50 estructuras distribuidas en tres conjuntos bien definidos, emplazados al norte, sur y este.

 

El Valle Calchaquí se extiende por gran parte de las provincias de Salta, Tucumán y Catamarca en el noroeste argentino y es una vasta depresión tectónica de casi 30 000 m², flanqueada por altas cordilleras nevadas. Aunque se habla de una sola formación geológica, se trata en realidad de un sistema de valles subsidiarios y quebradas de fisonomías diferentes, insertos dentro de una depresión mayor, cuyo principal drenaje lo constituye el río Calchaquí. A pesar de que el paisaje dominante es árido y agreste, existen numerosos cursos de agua permanente y de temporal que fluyen a través de los valles y que desde la antigüedad han formado ambientes propios para la agricultura y el pastoreo de llamas, actividad de gran relevancia tanto en el aspecto económico como ritual.

La ocupación de los valles se remonta hasta hace 10 000 años, con grupos de cazadores recolectores cuyos vestigios se esparcen por diversas cuevas y abrigos. Para el año 1000 a.C. ya hay comunidades agrícolas sedentarias, las que gradualmente fueron configurando una cultura propia; el 500 d.C. marca el auge del sistema de jefaturas y hacia 900 d.C. se inicia la etapa conocida como Desarrollos Regionales, que se caracteriza por el florecimiento de numerosos asentamientos complejos de identidad cultural muy propia.

De acuerdo con las fuentes históricas, durante el gobierno del décimo inca, Tupac Inka Yupanki, quien asumió el poder hacia 1481 d.C., los Valles Calchaquíes fueron integrados al Tawantinsuyu, es decir, al señorío inca de las cuatro regiones y pasaron a formar parte de la región conocida como Collasuyu. Sin embargo, excavaciones realizadas por Terence D’Altroy en los valles demostraron una ocupación más temprana, que por lo menos se remonta a 1440 o 1450 d.C., lo que significa que la penetración inca pudo ser anterior, quizá durante el gobierno de Titu Cussi Yupanqui, mejor conocido como Pachacuti. Como haya sido, lo cierto es que el dominio inca es evidente por la abundancia de asentamientos, fortalezas, instalaciones y caminos.

 

Sitio inca

Un sitio inca representativo de la región es Potrero de Payogasta, notable asentamiento que funcionó como centro rector y foco de cohesión e integración regional. Fue reportado en 1947 por Horacio Difrieri y desde entonces ha sido visitado por otros exploradores y especialistas, como Rodolfo Raffino, Pío Pablo Díaz, Daniel Schávelzon, Marcelo Magadán, Mario Lazarovich y Terence D’altroy.

En agosto de 1998 –por iniciativa del arquitecto Mario Lazarovich, entonces director de Monumentos Históricos de la Provincia de Salta y con el apoyo de la doctora Diana Rolandi, directora del Instituto de Antropología y Pensamiento Latinoamericano de Argentina– fui invitado a realizar trabajos de conservación de emergencia en una de las estructuras mayores del sitio; recientemente, en septiembre y octubre de 2012, se realizaron nuevos trabajos de exploración y restauración, con financiamiento de la National Geographic Society mediante una beca Waitt, actividades que se ampliaron con una corta temporada en noviembre de 2013 con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y de la Dirección General de Patrimonio de la Provincia de Salta.

Potrero de Payogasta se levanta en el extremo norte de un angosto valle, sobre una larga terraza natural de 20 m de altura, en la margen oeste del río Potrero, elevación que fue modificada con muros de contención y terrazas para adecuarla al asentamiento. La zona nuclear del sitio cubre una superficie de 250 x 80 m y en ella se levantan cerca de 90 recintos con 50 estructuras distribuidas en tres conjuntos bien definidos, emplazados al norte, sur y este. La mayoría de las construcciones fueron erigidas utilizando lajas planas, grandes cantos rodados y bloques de piedra irregular, a veces ligeramente careados, unidos con barro batido, aunque hay algunos casos en que se incluyó adobe y tapial. Los pisos eran de barro apisonado, al igual que los recubrimientos de las paredes, mientras que las techumbres consistían en una estructura de vigas y morillos de madera, quizá de algarrobo (Ceratonia siliqua) y cardón (Euphorbia canariensis), cubierta con carrizo, palos de madera y paja, todo recubierto con una gruesa capa de arcilla.

 

Estructuras principales

El Grupo del Norte constituye el sector público del asentamiento; se levanta en el sector más bajo del sitio; cubre un área aproximada de 100 x 70 m y consiste en una gran plaza donde se levantan edificios de carácter administrativo y religioso. Hacia el norte la plaza está flanqueada por una kallanka, que es sin duda la construcción más notable pues fue un galerón con cubierta a dos aguas, de 40 m de largo, 8 m de ancho y una altura de 8.5 m. Se trata de un edificio típico inca utilizado tanto para el hospedaje de grupos de gente principal, nobles y tropas militares, como para el desarrollo de reuniones, consejos y otros eventos de carácter político y administrativo.

Al sur de la kallanka se levanta un ushnu de planta cuadrangular de 8 x 8 m y 1.50 m de altura, con dos escalinatas remetidas en el sur y el norte; se trata de una estructura de carácter eminentemente ceremonial, pues funciona como un axis mundi o centro simbólico del asentamiento. Este tipo de estructura fue descrito por los cronistas del siglo XVI; es semejante al momoztli o plataforma central de las plazas mesoamericanas y está relacionado tanto con el sol como con la madre tierra, pues sobre ellos se realizaban rituales de libación, es decir, de ofrendar y verter chicha y otros líquidos sagrados. El ushnu también fue escenario de otras actividades; por ejemplo, se sabe que sobre él se sentaba el curaca o gobernante local para presidir ceremonias, bailes y desfiles, o para realizar audiencias relacionadas con diversos asuntos de gobierno.

Por el extremo occidental, la gran plaza ceremonial está cerrada por dos canchas o patios sagrados cercados, en los que se realizaban ceremonias y danzas rituales.

El grupo central está en un sector más alto y parece tratarse de una zona de servicio y almacenaje a juzgar por las dos grandes colcas de 8 m de diámetro que allí se levantan; se trata de construcciones de planta circular que se utilizaban como granero o almacén de otros productos y manufacturas. Excavaciones recientes señalan que fueron incendiadas al momento del abandono y de hecho, narran los cronistas españoles que varios años después de la caída de los incas, la gente seguía extrayendo granos y ropas que habían quedado abandonados en las colcas; quizá en Potrero de Payogasta sucedió algo semejante y una vez saqueadas por completo, habrían sido incendiadas por alguno de tantos grupos belicosos que por allí discurrían.

Hacia el suroeste de este conjunto se suceden una serie de canchas o patios, terrazas y desniveles sobre los que se distribuyen algunos conjuntos, tanto residenciales como de almacenaje.

El sector sur es el complejo residencial más importante y por ello ocupa la parte más elevada del sitio; lo forma una plaza delimitada por muros, en torno a la cual se levantan numerosos cuartos, recintos y colcas. En el extremo más austral del sector se ubica un conjunto de cuatro estructuras integradas por una colca, dos cuartos rectangulares y una casa de planta rectangular aislada de las demás por una larga muralla de 10 m de largo. Es posible que este sector haya funcionado como la unidad residencial del curaca y su familia. Años atrás, Terence D’altroy recuperó algunas piezas de oro y nosotros encontramos una ofrenda de platos incas y huesos de llama. De igual forma, el patio entre la casa y la muralla mostró evidencias de una intensa actividad de tipo doméstico.

A unos 500 m al noreste del sitio se localiza un cerro que fue modificado con muros de contención y terrazas para albergar un complejo de edificios organizados en torno a dos plazas y que conocemos como Grupo Potrero B.

Potrero de Payogasta fue un sitio estratégico, que además de fungir como centro político, religioso y administrativo de la zona, tenía funciones de control y vigilancia del Qhapaq Ñan, es decir, del sistema de vialidad inca que comunicaba los territorios del sur del Tawantinsuyu con los del norte.

En realidad, por todo el valle hay terrazas y andenes de cultivo, así como numerosos cimientos de casas. El asentamiento sigue un patrón disperso, a lo largo y ancho del valle, pues además de la agricultura, una de las actividades principales fue el pastoreo de rebaños de llamas, que requiere grandes extensiones de tierras.

Al sur del valle se localiza Cortaderas, sitio donde destaca un pukará o fortaleza y otras instalaciones incas no presentes en Potrero, como son los complejos residenciales periféricos, es decir, largos edificios con múltiples cuartos; por otra parte, Cortaderas carece de estructuras como la kallanka y el ushnu, lo que parece indicar diferencias importantes en cuanto a la función de ambos sitios.

 

Luis Alberto Martos López. Investigador de la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH. Arqueólogo por la ENAH, doctor en antropología por la ENAH.

 

Martos L., Luis Alberto, “Potrero de Payogasta. Salta, Argentina”, Arqueología Mexicana núm. 125, pp. 18-23.

 

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