• miércoles, 15 de agosto de 2018

Tiwanaku, Bolivia. Sociedades urbanas, corporativas y multiétnicas en tiempos preincaicos

Linda R. Manzanilla

Tiwanaku era la capital de un Estado, que se basaba en el movimiento de bienes suntuarios a través de diversos pisos altitudinales. También es probable que fuera centro difusor de artesanías, bienes suntuarios y personas –por medio de corredores de sitios aliados–, y que haya sido una sociedad multiétnica y corporativa.

 

La región andina tiene como característica primordial ser una macro-área de forma alargada en sentido norte-sur, surcada por dos grandes cordilleras, y con estrechas franjas de costa desértica. En ciertas regiones se forman valles gracias a los ríos que bajan de la cordillera. En los confines de Bolivia con Perú existe un gran altiplano donde se encuentra el Lago Titicaca. Tiwanaku (500-1150 d.C.) está en el altiplano boliviano, a 3 840 msnm, y es ciertamente uno de los grandes desarrollos urbanos prehispánicos y preincaicos, pero al parecer es también un gran asentamiento multiétnico y de estructura corporativa.

Entre 1988 y 1989, a invitación del Prof. Carlos Ponce Sanginés –quien llevaba ya muchos años de investigación en el sitio–, y como parte del Seminario Internacional de Investigaciones Arqueológicas en Tiwanaku (coordinado por Carlos Ponce Sanginés y Alan Kolata), se me encomendó la excavación del templo principal del sitio, la pirámide de Akapana, trabajos en los que también participó una antigua alumna boliviana mía: María Renée Baudoin. Ocho meses de excavación extensiva permitieron conocer la complejidad de esta estructura.

En el núcleo cívico-ceremonial de Tiwanaku hay dos tipos de estructuras: las pirámides (Akapana y Puma Punku), posiblemente dedicadas a rituales de la elite, y los recintos abiertos y con alineación este-oeste (Templete Semisubterráneo, Kalasasaya), probablemente usados en rituales públicos. La pirámide de Akapana es un montículo artificial de siete niveles, cuyo núcleo es de arcilla oscura, limo café claro y pequeños guijarros verde-grisáceos, revestido de piedra; tiene forma de media cruz andina y mide 205 por 185 m, y 16.5 m de altura. Los lados norte y sur tienen tres ángulos salientes. Un sofisticado sistema hidráulico corría dentro de la pirámide, con grandes canales monolíticos de bloques de arenisca unidos por grapas de cobre en forma de doble T (Manzanilla, 1992).

En el lado oeste se encuentra una escalinata monumental, adornada con esculturas de basalto con representaciones de felinos (chachapumas) sobre pedestales de piedra.

La excavación en una de las esquinas de la base noroeste reveló un muro base de 1.90 m de altura, con grandes pilares de arenisca situados aproximadamente a 3.40 m uno de otro, unidos por bloques almohadillados de arenisca y coronados por grandes lápidas de bordes curvos. El historiador Cobo relata que Pachacutic Inca Yupanqui pasó con su ejército junto a esta estructura, abandonada hacía siglos, y pidió a sus arquitectos que copiaran las técnicas constructivas y las reprodujeran en Cuzco. En este muro se observó una oquedad que resultó ser la salida de agua que procedía de las terrazas superiores; en el acceso se localizó el esqueleto de un carnívoro. Al pie de ese muro descubrimos esqueletos parciales de seres humanos (hombres y niños, algunos con deformación craneana) y de camélidos (Manzanilla y Woodard, 1990), probablemente dispuestos como un ritual de terminación, quizá como ofrenda a las deidades en época de crisis (sequía prolongada, por ejemplo). Es probable que fueran desmembrados post-mortem. Asimismo, se localizó una vasija-efigie.

El muro dos es el muro de retención de la segunda terraza, de cinco m de ancho, y está construido con sillares rectangulares y lápidas poligonales, algunas en multiángulo. En la terraza se localizó una gigantesca ofrenda de cerámica policroma rota intencionalmente, encima de la cual fue tirado un torso humano. Probablemente fue parte del ritual de terminación.

En la cima de la pirámide se encuentra un gran patio hundido o receptáculo para captar aguas pluviales; está bordeado al norte y sur por dos salas monolíticas que pudieron servir para el culto: una dedicada a pumas y la otra a cóndores. Asimismo, se localizaron ofrendas de camélidos y sahumerios. En el sector noreste se excavó un complejo de cuartos posiblemente residencial; en un espacio abierto, rodeado de cuartos, se encontraron desechos domésticos y una serie de entierros sedentes rodeando a un adulto que tenía un sahumerio con forma de puma. En unos de los vértices se excavó un cuarto con una ofrenda de terminación formada por restos de más de 14 camélidos desarticulados, objetos de cobre (entre ellos un zorro sedente), una lámina de plata, semillas tropicales y cerámica doméstica, con una zonificación intencional. En el exterior se localizó cerámica policroma, la cabeza de un puma que decoraba un sahumerio, mica, obsidiana, sílex y cantos de río.

Es probable que la pirámide de Akapana estuviera dedicada al hacedor del universo, Viracocha. El nombre de Tiwanaku era Taypicala, “la piedra de en medio”, según Cobo, es decir, el centro del universo, de donde surgirían diversos grupos humanos para poblar la tierra después de que Viracocha creara el mundo. La pirámide tiene una división en dos mitades, la norte y la sur, que quizá son evidencia de una sociedad dividida en moieties. Asimismo, es probable que el gobierno de Tiwanaku estuviese representado por dos individuos procedentes de las elites gobernantes de los dos sectores de la sociedad: los pumas y los cóndores. La presencia de dos salas de culto en la cima de Akapana podrían representar los lugares exclusivos donde esta elite gobernante llevaba a cabo sus rituales.

Tiwanaku era también la capital de un Estado particular, que se basaba en el movimiento de bienes suntuarios a través de diversos pisos altitudinales, como ocurría en Teotihuacan. Fue un centro de producción de artesanías (Janusek, 1999), como lo fue Teotihuacan, muchas de las cuales fueron hechas por grupos corporativos de artesanos adscritos a la elite gobernante, que trabajaban de tiempo completo. Es probable que, al igual que Teotihuacan, Tiwanaku fuera el centro difusor de artesanías, bienes suntuarios y personas por medio de corredores de sitios aliados. Asimismo, podría haber sido una sociedad multiétnica y corporativa.

 

Linda Manzanilla R. Arqueóloga, maestra en ciencias antropológicas y doctora en egiptología. Investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam y miembro de El Colegio Nacional.

 

Manzanilla R, Linda, “Tiwanaku, Bolivia. Sociedades urbanas, corporativas y multiétnicas en tiempos preincaicos”, Arqueología Mexicana núm. 129, pp. 18-23.

 

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