Hacia fines del siglo xix persisten algunos grabados para ilustrar la pirámide (e.g., Chavero, 1888, pp. 241 y 242) (fig. 36) y, como atestigua la preciosa pintura de Adela Bretón de 1894, ésta continuaba siendo un atractivo sujeto para artistas. Pero lo que más la popularizó fueron las tarjetas postales, cuyo uso autorizó México en 1881. Inicialmente, carecían de ilustraciones, que al incluirse, a partir de 1890, originaron una rápida aceptación de este nuevo medio de correspondencia y la creación de casas fotográficas especializadas en producirlas.
Para las primeras décadas del siglo xx su uso se consolida como un fenómeno masivo en el cual la pirámide fue el motivo preferido para compartir a distancia una visita a Cholula. Sus diversas vistas ofrecen una objetiva y valiosa diversidad de ángulos del monumento. Por ejemplo, las vistas desde el noroeste y norte (figs. 38b-38d) registran la continuidad entre el centro del monumento y el montículo NE (Q de Bandelier), ambos aún cubiertos por el relleno de la última etapa constructiva; hoy esto ya no se aprecia, pues se retiró ese relleno del montículo NE para dejar expuesta una subestructura.
La Pirámide de Cholula en las postales.


