Iniciaré mi intervención comentando a ustedes que soy originario de un pequeño pueblo que se llama Ixcateopan de Cuauhtémoc, ubicado en la región norte de Guerrero. Mi padre, Juan Barrera Sales (ya finado), y mi madre, Gloria Evila Rodríguez Álvarez, al igual que a mis hermanos, nos inculcaron valores morales para afrontar la vida, trabajar con pasión y con el propósito de ser útiles a la sociedad. Como se darán cuenta, mi origen es de campo; como muchos de ustedes, conozco el enorme esfuerzo que se requiere para salir adelante. Desde muy temprana edad tuve el interés de estudiar arqueología; hoy tengo 37 años ejerciendo esta noble disciplina y he participado en 56 intervenciones arqueológicas en distintas regiones de la República Mexicana.
En este transitar ya de varias décadas, he trabajado en zonas montañosas, valles, desiertos, selvas y en zonas urbanas, experiencias que me han permitido ser testigo del enorme potencial arqueológico con el que cuenta nuestro querido México. Esto lo he podido constatar en lugares como en la sierra nayarita, donde además he tenido el enorme privilegio de convivir y profundizar en el conocimiento de las formas de vida de los grupos étnicos Wixarika y Naayeri; en Oaxaca, de igual manera, he tenido el placer de trabajar en sitios arqueológicos de la región de la Cañada, como Quiotepec, en el municipio de Cuicatlán, en la Mixteca Alta, en Yucuñudahui, en la Costa y en los Valles Centrales; en Tula, Hidalgo, también he conocido la magnificencia de este gran centro urbano del periodo Posclásico Temprano; Guerrero ha sido otro de los estados por los que tenido una particular afinidad en dedicar parte de mis investigaciones; también he realizado trabajos arqueológicos en el estado de México, entre los que puedo señalar el Proyecto Especial Teotihuacan, donde tuve la oportunidad de colaborar y excavar un túnel al pie de la Pirámide del Sol, que permitió darme cuenta de la existencia de otra ciudad anterior a los monumentos de la zona arqueológica que hoy conocemos.
Qué decir de la Ciudad de México, donde he trabajado la mayor parte de mi vida, desde 1994, cuando el maestro Eduardo Matos Moctezuma me brindó la oportunidad de llevar a cabo excavaciones en diferentes inmuebles históricos ubicados en el área que en la época prehispánica comprendió el recinto sagrado de Tenochtitlan. Después continué trabajando en otras regiones y en otros contextos arqueológicos, para posteriormente regresar de nuevo, en 2007, a hacerme cargo de la coordinación de los trabajos del Programa de Arqueología Urbana del Museo del Templo Mayor del INAH.
En estos 18 años, en los que he tenido la fortuna de estar al frente de este programa, y en el que he contado con el apoyo de todo un equipo de arqueólogos, restauradores y antropólogos físicos, hemos realizado importantes hallazgos arqueológicos, entre los que destacan los restos del Calmécac, en náhuatl “hilera de casas”, colegio donde estudiaban los hijos de los nobles mexicas; parte del Cuauhxicalco, “lugar del recipiente del águila”; el Telpochcalli, escuela donde se educaba a los hijos de la gente del pueblo; el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y una sección del juego de pelota o teotlachco, “el juego de los dioses”, así como restos del Palacio de Axayácatl y el Huei Tzompantli, “muro, andamio, hilera o banderas de cabezas”. Este último lo descubrimos en 2015 junto con la arqueóloga Lorena Vázquez Vallin; consta de una plataforma de baja altura con una torre circular de cráneos humanos ubicada en su extremo norte. Por ahora hemos registrado 655 y se han levantado para su estudio 214. A lo anterior hay que agregar que hasta antes de la llegada de los primeros peninsulares europeos al territorio que hoy conocemos como Mesoamérica, el sacrificio humano y la exhibición de cráneos en los tzompantlis era una práctica común y se consideraba una condición indispensable para honrar y alimentar a los dioses y así obtener sus bondades, asegurando la continuidad de la vida y al mismo tiempo lograr el equilibrio del universo.
Hoy, las actividades del Programa de Arqueología Urbana continúan de manera permanente. Nuestras intervenciones en los inmuebles y en espacios públicos se desarrollan con base en tres ejes de intervención: investigación, protección y difusión del patrimonio arqueológico de la nación. En el primer aspecto, se intervienen los inmuebles históricos o espacios públicos que se encuentran en remodelación, con el propósito de enriquecer el conocimiento de los procesos de desarrollo cultural ocurridos en el pasado en el centro de la ciudad, y en el segundo aspecto, se definen las estrategias de conservación y protección del patrimonio arqueológico prehispánico o virreinal. Es muy importante para el Programa de Arqueología Urbana difundir los resultados de las investigaciones mediante la presentación de conferencias, ponencias, artículos, folletos, noticias, tesis, libros y exposiciones temporales; asimismo, se ha venido a sumar a esta labor la habilitación de ventanas arqueológicas o museos subterráneos, de los cuales hemos creado ocho para que el público los pueda visitar y para que la ciudadanía se apropie de ese pasado que le corresponde y que le da identidad.
Muchas gracias.
Tomado completo de Raúl Barrera Rodríguez, "Discurso pronunciado por Raúl Barrera Rodríguez al recibir el Premio Lux et Veritas", Arqueología Mexicana, no. 196, p.11.

