• 20-sep-2019

Chichén Itzá. Poder y esplendor entre la guerra, el comercio y las flores

Peter J. Schmidt, Ma. Rocío González de la Mata, Francisco Pérez Ruiz, José Osorio León

El antiguo asentamiento de Chichén Itzá, en el centro-norte de la península de Yucatán, alcanzó un gran esplendor durante el siglo noveno de nuestra era, entre una exuberante vegetación, abundantes fuentes de agua y terrenos sumamente irregulares. Los itzaes llegaron a conquistar y controlar todo el norte de Yucatán por más de 300 años. La ciudad agrupó, en su mejor momento, imponentes palacios y grandes edificaciones, con innovadoras técnicas constructivas y decorativas que aún causan asombro.

 

Chichén Itzá, expresión maya que significa “en la orilla del pozo de los itzaes”, es la zona arqueológica más ampliamente conocida, estudiada y visitada de Yucatán. Grande e importante desde cualquier punto de vista, su existencia y antiguo esplendor nunca fueron completamente olvidados, ya que se menciona de manera prominente en documentos y crónicas mayas y españolas.

En el siglo XIX el lugar despertó enorme interés entre estudiosos y viajeros, y ya para los albores del siglo XX se realizaron detalladas documentaciones del sitio. Años después se convirtió en escenario de grandes excavaciones y restauraciones ejecutadas tanto por el gobierno mexicano como por la Institución Carnegie de Washington. En 1993 el INAH inició un proyecto de excavación y consolidación de áreas donde los trabajos previos habían sido escasos. El objetivo era proveer nuevos datos y nuevas maneras de encarar la difícil y hasta entonces ambigua historia de Chichén. Nos propusimos impulsar el estudio de áreas y complejos enteros en lugar de concentrarnos en edificios aislados, como había ocurrido antes, lo que ha tenido como resultado una imagen más completa de la arqueología de Chichén Itzá. Nuestros esfuerzos en el campo han producido una impresionante y sorprendente cantidad de información. En este tenor, destacaremos principalmente tres aspectos en los que logramos considerables avances: la cronología, la arquitectura y la iconografía.

 

La cronología

Según la evidencia arqueológica, hubo asentamientos humanos en la comarca desde el último milenio antes de nuestra era, cuando surgieron aldeas y pueblos cerca de los cenotes. Los restos de esta ocupación que denominamos Uucyabnal (antiguo nombre de Chichén Itzá) fueron destruidos o se hallan bajo los grandes monumentos que hoy vemos. La ocupación del sitio, a partir del análisis de los complejos cerámicos, la dividimos de la siguiente manera:

a) Yabnal/Motul, 600-830 d.C., la fase más temprana, representada por materiales cerámicos que se encontraron aislados, y en su última etapa asociados a la arquitectura.

b) Huuntun/Cehpech, 800-950 d.C., ciclo que marca el periodo que se asocia a edificios con inscripciones glíficas y fechas.

c) Sotuta-Sotuta, 920-1200 d.C., marca el auge y expansión de Chichén.

d) Kulub/Hocaba, 1000-1300 d.C., señala el declive de la ciudad.

e) Chenku/Tases, 1250-1550 d.C., época de abandono y ruina de la ciudad.

 

La ciudad y la arquitectura

El área habitada de Chichén Itzá abarcó por lo menos 30 km2. Fue una metrópoli hábilmente planeada y construida para impresionar a propios y extraños mediante la monumentalidad de sus edificios, sus perspectivas y la amplitud de sus plazas principales. Había núcleos arquitectónicos secundarios que se unían entre sí por medio de calzadas artificiales o sacbeob. Estos caminos empedrados y cubiertos de estuco se prolongaban por varios kilómetros y tenían diferentes grados de elaboración, según la función y los puntos que conectaban. Fueron ejes para el control político, social y económico de los territorios que enlazaban, vías de uso ceremonial y permitían el abastecimiento continuo de las mercancías indispensables para una sociedad floreciente y compleja. Hasta el momento se ha encontrado y recorrido un centenar de esos caminos.

El número de habitantes de Chichén Itzá fue considerable, si se juzga la extensión de la ciudad, y la gran cantidad y el volumen de las construcciones con piedra labrada y artísticamente esculpida. Centro de innovación en las artes y en la ciencia, desplegó una arquitectura propia y compleja durante los siglos de su ocupación. Hemos reconocido tres estilos en la ciudad, a los que hemos llamado:

1) Estilo Yabnal (650-780 d.C.): corresponde a la ocupación temprana del sitio, con subestructuras decoradas con estuco modelado y policromo.

2) Estilo Maya Chichén (780-950 d.C.): incluye edificios públicos que son parecidos aunque no iguales a los de la zona Puuc del suroeste del estado de Yucatán.

3) Estilo Chichén Itzá (950-1150 d.C.): corresponde al florecimiento de la ciudad, e incluye altas pirámides escalonadas y decoradas, con escalinatas cuyas alfardas están decoradas con serpientes emplumadas.

Para esta época proliferaban espacios extensos con grandes columnatas y pórticos techados por bóvedas, donde se reunían las multitudes para los actos públicos; patios con galerías; baños de vapor; plataformas con escalones sin edificio superior, y juegos de pelota. Sin embargo, lo principal y más llamativo son los relieves y pinturas naturalistas que se encuentran en todos los edificios: extensas escenas narrativas con infinidad de personas y símbolos fantásticos, a manera de un códice desdoblado. Los colores formaban parte esencial de esas manifestaciones y realzaban su significado.

Se integraron a las edificaciones de este periodo,

conceptos, formas e imágenes provenientes de otras partes de México, como la costa del Golfo y el Altiplano Central, lo que no indica, en modo alguno, un cambio de población o de lengua. Los sistemas de asentamiento tradicionales mayas en esos años, la construcción de viviendas y el uso de vajillas locales, son argumentos en contra de las teorías que postulan una dominación de grupos del centro de México sobre Chichén Itzá.

 

• Peter J. Schmidt. Doctor por la Universidad de Hamburgo, investigador del Centro INAH Yucatán. Director del “Proyecto arqueológico Chichén Itzá”.

• Rocío González de la Mata. Egresada de la ENAH, investigadora de la DRMS del INAH. Colaboradora del “Proyecto arqueológico Chichén Itzá”.

• José Francisco Osorio León. Egresado de la UADY, investigador del Centro INAH Yucatán. Colaborador del “Proyecto arqueológico Chichén Itzá”.

• Francisco Pérez Ruiz. Egresado de la UV, investigador del Centro INAH Yucatán. Colaborador del “Proyecto arqueológico Chichén Itzá”.

 

Schmidt, Peter J., Ma. Rocío González de la Mata, Francisco Pérez Ruiz, José Osorio León, “Chichén Itzá. Poder y esplendor entre la guerra, el comercio y las flores”, Arqueología Mexicana núm. 145, pp. 45-52.

 

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