• 26-oct-2020

El Cuartillo de Santo Tomás Ajusco y los cultos agrícolas

Leonardo López Luján, Alfredo López Austin

Con el paso del tiempo, la mayor parte de las creaciones materiales del hombre son desechadas, sepultadas intencionalmente, perdidas o abandonadas, dejando así de participar en el sistema sociocultural que les dio origen para integrarse a los llamados contextos arqueológicos. Otras creaciones del pasado, por el contrario, pueden pasar directamente de un sistema sociocultural a otro sin convertirse en objetos arqueológicos, conservando en ocasiones su forma, uso o significado. Éste es el caso de la interesante escultura prehispánica que atesora una comunidad serrana del Distrito Federal.

 

A Laura

 

Santo tomás ajusco y su cofre prehispánico

Quien visite en la actualidad el pueblo de Santo Tomás Ajusco, Distrito Federal, encontrará en el atrio de su iglesia patronal una enigmática escultura. Esta pieza, conocida popularmente como “El Cuartillo”, es un bello cofre prehispánico de basalto cuyo uso litúrgico concluyó –acaso– hace unos cuantos años.

Como es bien sabido, Santo Tomás es uno de los mayores asentamientos serranos de la delegación Tlalpan. Forma parte de un conjunto de ocho pueblos establecidos a principios de la Colonia con la finalidad de congregar a los indígenas nahuas y otomianos que habitaban en las laderas de las sierras de Chichinauhtzin y Ajusco de Zilcuayo, dentro de un territorio que había sido dominado por los tepanecas de Azcapotzalco. El pueblo de Santo Tomás, en particular, se fundó en 1531. Se ubica en el km 6 de la carretera México-Ajusco, a una altitud de 2 925- 3 000 msnm. Su iglesia principal, que también data del siglo XVI, es una construcción dotada de un robusto campanario y una sola nave. Su portada, trabajada en cantera, presenta en el cuerpo inferior, a los lados de la puerta, cuatro nichos con las imágenes de los evangelistas: Lucas y Mateo a la izquierda, y Juan y Marcos a la derecha. En el cuerpo superior, el nicho central alberga la escultura del santo patrono, Santo Tomás Apóstol. A un lado de la iglesia, en el extremo norte del atrio, se encuentra precisamente la escultura que nos ocupa. A este sitio fue trasladada desde la pirámide de Tequipa, construcción del Posclásico Tardío que dista unos 1 000 m del centro del pueblo.

El Cuartillo es un tepetlacalli, o sea, un prisma cuadrangular de piedra que cumplía la función de cofre ceremonial, aunque en este caso carente del labio superior para el ajuste de una tapadera. Acusa una forma casi cúbica: sus caras septentrional y meridional tienen 54 cm de alto por 54 cm de ancho, en tanto que la oriental y la occidental son ligeramente menores, pues miden 54 cm por 51 cm. En comparación con el volumen total del cofre, la cavidad superior es muy reducida (23 cm por 16 cm, con una profundidad de apenas 3.5 cm).

Por desgracia, el Cuartillo ha sufrido graves daños en sus caras septentrional y oriental, y un poco menos severos en la occidental. Aún así, es posible distinguir buena parte de sus bajorrelieves, pertenecientes estilísticamente al periodo mexica. Originalmente, cada una de las cuatro caras laterales externas estaba labrada con una fila compuesta por cuatro mazorcas de maíz. Éstas fueron representadas con sus toto-mochtles o brácteas, y coronadas con los característicos “pelos” o estigmas. Las brácteas se figuraron como dos conjuntos de tres bandas diagonales, superpuestos perpendicularmente, en tanto que los estigmas se plasmaron por medio de cinco franjas verticales que se curvan en ángulo recto hacia la izquierda.

 

López Luján, Leonardo, Alfredo López Austin, “El Cuartillo de Santo Tomás Ajusco y los cultos agrícolas”, Arqueología Mexicana núm. 106, pp. 18-23.

 

• Leonardo López Luján. Doctor en arqueología por la Université de Paris X. Investigador del Museo del Templo Mayor y profesor de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, ambos del INAH.

 Alfredo López Austin. Doctor en historia por la UNAM. Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, ambos de la UNAM.

 

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