• jueves, 23 de mayo de 2019

El jaguar iguana

Oswaldo Chichilla Mazariegos

El jaguar iguana representado en la magnífica tapadera de una fuente policroma maya localizada en la Estructura IX de Becán, Campeche, muestra notables semejanzas con los que aparecen en los monumentos 54 y 69 de El Baúl, en Cotzumalguapa, Guatemala. Es probable que Becán y Cotzumalguapa compartieran nociones derivadas de un sustrato común, seguramente de gran antigüedad en el área maya.

 

La mitología mesoamericana está poblada por innumerables seres sobrenaturales, muchos de ellos poco conocidos. Uno de éstos es el jaguar iguana –representado en la magnífica pieza que aparece en la portada del núm. 75 de Arqueología Mexicana–, que es la tapadera de una fuente policroma maya del Clásico Temprano, que formó parte de una ofrenda depositada en la Estructura IX de Becán, Campeche. La pieza ha sido descrita y analizada por Luz Evelia Campaña, Silviane Boucher y Yoly Palomo en el núm. 56 de Arqueología Mexicana y en la memoria de la IV Mesa Redonda de Palenque. En esta nota quiero señalar su extraordinario paralelo con esculturas realizadas en el estilo Cotzumalguapa, de la costa sur de Guatemala, que, en mi opinión, representan a la misma criatura.

El animal representado en la tapadera de Becán se reconoce como una iguana por su larga cola puntiaguda, sus garras muy estiradas y la cresta sobre la cabeza. Como lo han indicado Campaña, Boucher y Palomo, el sombreado con rayas del cuerpo seguramente representa la piel escamosa, que debió ser verde originalmente. El cuerpo, las extremidades y la cola están delineados por una banda delgada con la orilla roja, surcada por líneas transversales, convención ampliamente utilizada para representar la piel del vientre de los reptiles. En la cabeza se combinan los atributos de los dos animales: la piel escamosa, la boca alargada y la cresta pertenecen a la iguana, pero la nariz y especialmente las orejas redondas, con pequeñas manchas negras en la base, son de jaguar.

En la tapadera de Becán, el jaguar iguana ejecuta una verdadera carnicería. Los torsos cercenados de tres víctimas, probables personajes mitológicos, yacen con los brazos extendidos y los ojos cerrados, mientras la sangre brota de su cintura en gruesas volutas. La víctima central está tendida en medio de un flujo de sangre que chorrea de las fauces abiertas del jaguar iguana, las cuales sujetan una cabeza decapitada. El ojo desorbitado completa el aspecto pavoroso de este animal, notoriamente asociado con el sacrificio humano.

 

Chichilla Mazariegos, Oswaldo, “El jaguar iguana”, Arqueología Mexicana núm. 81, pp. 82-85.

 

• Oswaldo Chinchilla Mazariegos. Arqueólogo. Doctor en antropología por la Universidad de Vanderbilt. Curador del Museo Popol Vuh, Universidad Francisco Marroquín, y catedrático en la Universidad de San Carlos, Guatemala. Realiza investigaciones en la zona de Cotzumalguapa desde 1994.

 

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