• viernes, 14 de junio de 2019

El Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo. Yaxhá y sus vecinos

Laura L. Gámez

Las investigaciones en la región de Yaxhá han revelado su constante ocupación durante milenios. Las antiguas ciudades de Yaxhá, Nakum, Naranjo y Topoxte fueron importantes centros urbanos que a lo largo de su historia formaron parte de las redes políticas y económicas regionales.

 

El Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo en Petén, Guatemala, constituye una importante reserva natural y arqueológica. Enmarcados por la exuberancia de los bosques tropicales característicos de la región, múltiples sitios arqueológicos son hoy en día elocuentes testigos de poblaciones que otrora allí vivieron. El área que constituye actualmente este Parque Nacional estuvo poblada a lo largo de por lo menos dos milenios, desde el Clásico hasta el Posclásico. Los antiguos habitantes del área no sólo construyeron monumentales centros urbanos, sino que también edificaron sus casas y labraron la tierra. De tal modo, el Parque Nacional no sólo incluye los sitios mayores de Yaxhá, Nakum, Naranjo y Topoxte, sino otros muchos de menores dimensiones y variadas características.

El área del parque no coincide con un área cultural distintiva, es decir, las antiguas ciudades del área no formaban parte de una misma entidad política o reino. Sin embargo, es claro que todas esas poblaciones estuvieron estrechamente relacionadas a lo largo de su historia. A veces en términos amigables y otras de modo conflictivo. Hacia el Clásico Tardío, que es la época de la que se conoce más de la historia local, gracias a la abundancia de textos jeroglíficos, se sabe que esas poblaciones se encontraban en terreno fronterizo entre las zonas políticamente disputadas por Tikal y los aliados de Calakmul, por lo que los conflictos y alianzas políticas cambiantes son temas conocidos.

 

Yaxhá: la ciudad del agua verde/azul

Las ruinas de la antigua ciudad de Yaxhá se ubican en la margen norte del lago conocido con el mismo nombre. Al visitar el Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo, este sitio arqueológico es el que da la bienvenida. Se trata de uno de los sitios mayores del área del parque, que se caracteriza por su trazo urbano con calzadas claramente delimitadas y la impresionante vista de la cuenca Yaxhá-Sacnab desde lo alto del Templo de las Manos Rojas (Estructura 216).

Hacia el final del Clásico, el centro urbano de Yaxhá conjugaba una serie de monumentales edificaciones y áreas residenciales distribuidas tanto dentro del centro urbano como en torno a él. El acceso principal a la ciudad parece haber sido a través del lago. Las embarcaciones habrían atracado al pie de una calzada que conduce directamente al centro de la ciudad, subiendo la colina y pasando a un lado del palacio que habría servido como residencia de la familia gobernante.

La Calzada del Lago formaría también parte de una vía que atraviesa el centro urbano de sur a norte, pasando por monumentales complejos arquitectónicos como el Observatorio Astronómico Central y la llamada Acrópolis del Norte, que consiste en un grupo de tres pirámides de grandes proporciones.

Tanto la Acrópolis del Norte como el Observatorio Astronómico Central, entre otros, estuvieron en uso hasta el abandono de la ciudad, al final del Clásico. Sin embargo, debajo de las últimas etapas constructivas de esos monumentales complejos existen otras, en su mayoría pertenecientes al Preclásico. De hecho, en la misma área se han recuperado muestras cerámicas muy antiguas, algunas del Preclásico Medio (posiblemente hacia el siglo VII a.C.). Además, durante las investigaciones de E.S. Deevey y colegas durante la década de los setenta del siglo pasado se detectó evidencia de actividad agrícola en la región para una fecha tan temprana como 3000 a.C. De este modo, es claro que la ciudad del Clásico se construyó sobre siglos de ocupación humana en la región.

Múltiples elementos componían el centro urbano de la ciudad, que en total abarcó un área de aproximadamente 1.5 km2. Alrededor del centro, el asentamiento se extendía tanto al este como al oeste. Al norte llegaba hasta el bajo inundable que limitaba las posibilidades de habitación. 

Yaxhá fue una ciudad cuya historia estuvo estrechamente ligada a la de la poderosa ciudad de Tikal y otras de la región circundante. Para el Clásico Tardío, Yaxhá era sin duda una capital que participaba plenamente del sistema político regional. Poseía su propio glifo emblema, que más que un simple topónimo indicaba que la ciudad contaba con un gobierno local propio. De acuerdo con la interpretación de David Stuart, este glifo emblema se lee literalmente yax-ha, “agua verde/azul”. Este mismo nombre ha sobrevivido históricamente para referirse a la antigua ciudad y al lago, pues el descubrimiento del glifo emblema ha revelado la continuidad del uso del nombre desde tiempos remotos. Así, éste es uno de los pocos sitios arqueológicos que conservan su nombre prehispánico original.

No se conoce la secuencia de nombres de los dirigentes de la ciudad, como es el caso de otras ciudades mayas del Clásico. Son pocas las inscripciones jeroglíficas que se han descubierto en la ciudad. Sin embargo, inscripciones procedentes de otras ciudades hacen mención de Yaxhá y cuentan algunos conflictos y alianzas en las que participó la ciudad (Grube, 2000, pp. 249-268). Durante el Clásico Tardío, los vecinos más poderosos de Yaxhá eran Tikal al oeste y Naranjo al este. Hacia el comienzo de este periodo, Naranjo era aliado (o quizás súbdito) de Calakmul, rival acérrimo de Tikal. Yaxhá, por el contrario, pertenecía a la esfera de Tikal. Monumentos de Naranjo celebran victorias sobre Yaxhá a inicios y finales del siglo VIII (estelas 23 y 35 de Naranjo). No obstante, hacia el año 800, el señor K’inich Lakamtunil de Yaxhá retenía el gobierno de la ciudad, lo cual sugiere que la última victoria de Naranjo el año anterior, 799, no derrocó al gobierno local de la ciudad.

Con un registro epigráfico que finaliza en el siglo VIII y con base en estudios arqueológicos llevados a cabo durante los setenta del siglo pasado, anteriormente se creía que esta ciudad había sido abandonada al final del Clásico Tardío. Sin embargo, a pesar de la falta de monumentos con inscripciones calendáricas esculpidas, la evidencia arqueológica indica que la última parte del Clásico, lo que se conoce como Clásico Terminal (850-1000 d.C.), constituyó un periodo de renovada prosperidad para Yaxhá. Muchas de las edificaciones mayores fueron remodeladas, lo cual significa que permanecían en uso; se llevaron a cabo construcciones y remodelaciones en el Palacio (Acrópolis Sur), y se construyeron residencias de múltiples características, tanto elitistas como de gente común. La mayoría de las residencias que hasta ahora han sido investigadas en la periferia cercana de Yaxhá estuvieron ocupadas durante este último periodo.

Por razones aún desconocidas, la ciudad fue abandonada al final o durante el Clásico Terminal; es decir, hacia el final del primer milenio de nuestra era. Tal abandono no fue repentino, sino que al parecer se hizo paulatinamente. Las personas tuvieron tiempo de empacar y limpiar sus casas. Incluso algunos, especialmente los habitantes del palacio real y otras casas de la elite, clausuraron sus residencias mediante rituales “de terminación”. Se colocaron ofrendas intencionalmente en las áreas rituales y en puertas y escalinatas de acceso a ciertos conjuntos arquitectónicos. Resulta imposible todavía elucubrar acerca del destino de la población de Yaxhá en el Clásico. Aunque durante el subsecuente periodo Posclásico existió una población importante en el área, la antigua ciudad de Yaxhá nunca volvió a ocuparse.

 

Laura L. Gámez. Licenciada en arqueología por la Universidad de San Carlos de Guatemala, doctora por la Universidad de Pittsburgh en Pennsylvania (E.U.A.). Catedrática de la Universidad Rafael Landívar. Ha realizado investigaciones en sitios del Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo en colaboración con el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala.

 

Gámez, Laura L., “El Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo. Yaxhá y sus vecinos”, Arqueología Mexicana núm. 137, pp. 46-51.

 

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