• martes, 19 de junio de 2018

El universo temporal en el pensamiento maya

Mercedes de la Garza C.

Si los mayas buscaban conocer lo que había ocurrido 256 años antes, y daban a conocer a toda la comunidad la carga de influencias divinas que traería el futuro, era con el fin de poder cambiar las malas influencias por otras buenas, por medio del ritual. Así, aunque creyeron que el futuro estaba determinado, tenían la convicción de que la acción humana podía modificarlo. Esto revela una actitud creativa y libre ante el destino, para anticipar el futuro a fin de modelarlo.

 

La temporalidad siempre ha sido una de las principales preocupaciones del ser humano. La conciencia del tiempo surge de la evidencia del movimiento, el cambio y la muerte, y se ha manifestado principalmente en las reflexiones filosóficas y en el pensamiento religioso, que buscan, a través de explicaciones racionales o bien de mitos y ritos, mitigar la inestabilidad y el miedo al devenir inexorable y a la muerte.

Las ideas filosóficas sobre el tiempo aparecen desde los orígenes del pensamiento filosófico occidental en Grecia, así como en el pensamiento chino y en el hindú. En una corriente, que considera al tiempo como mera apariencia, puesto que el Ser es Uno, Eterno e Inmutable, se encuentran Parménides de Elea y Platón en Grecia, Shankara en la India y Sêng Chao en China.

Pero también de Grecia procede una idea del tiempo concebido como el orden del cambio, es decir, de la realidad cambiante. Los contrarios, dice Anaximandro (siglo VI a.C.), “se hacen justicia unos a otros, según el orden del tiempo” (Anaximandro B1). Y para Heráclito de Éfeso (siglo VI a.C.), el tiempo se identifica con el devenir de la realidad, sometida al logos o ley de la armonía de los contrarios. Así, dice: “Este mundo, el mismo para todos […] ha sido […] es y será un fuego eternamente viviente que se enciende según medidas y se apaga según medidas” (Heráclito B30).

Y en casi todas las religiones, el tiempo también se concibe indisolublemente ligado al espacio, como el orden del movimiento, por lo que la temporalidad sigue una ley cíclica. Éste es el caso de las religiones orientales y de las mesoamericanas. La concepción cíclica del tiempo conlleva la idea de que el futuro ya pasó y el pasado está en el porvenir, así como la existencia de una serie infinita de mundos.

 

El espacio-tiempo maya

 

Ante el misterio del movimiento astral y de la regularidad y coherencia del mundo; ante la evidencia del cambio como devenir ordenado; ante el movimiento de la vida, que concluye con la muerte, los mayas desarrollaron una profunda conciencia de la temporalidad. Concibieron el tiempo como el dinamismo de la realidad espacial, como el cambio cósmico producido, en esencia, por el movimiento de un ser sagrado que fue el eje de su cosmovisión y de su concepción sobre el sitio del hombre en el universo: el Sol (k’in, palabra que también significa día y tiempo).

El tránsito del Sol fue captado como un movimiento circular alrededor de la Tierra, que determina los cambios que en ella ocurren (día y noche, las estaciones, fertilidad y sequía, frío y calor, etc.); por eso, el tiempo se concibió como movimiento cíclico. La temporalidad, entonces, no fue para los mayas un concepto abstracto, sino el evidente y eterno dinamismo del espacio, que da a los seres cualidades y significaciones múltiples, a veces contradictorias. Ese movimiento sigue leyes estables, como se manifiesta en la regularidad de los ciclos naturales y de la propia vida humana; de este modo, el tiempo es la racionalidad y la permanencia del cosmos, como lo fue para Heráclito (“permanece cambiando”); el tiempo es el orden, por lo que el caos es intemporal.

Las ideas mayas sobre el tiempo cósmico se expresan fundamentalmente en sus mitos cosmogónicos, sus concepciones cosmológicas, sus conocimientos calendáricos y astronómicos, así como en su historiografía, todos ellos entrelazados en una compleja weltanschaung (concepción del mundo y de la vida).

 

De la Garza C., Mercedes, “El universo temporal en el pensamiento maya”, Arqueología Mexicana núm. 103, pp. 38-44.

 

• Mercedes de la Garza. Doctora en historia por la UNAM. Investigadora del Centro de Estudios Mayas, IIF, UNAM. Fue directora del Museo Nacional de Antropología. Investigadora emérita del Sistema Nacional de Investigadores y miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia.

 

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