• jueves, 15 de noviembre de 2018

Erotismo y sexualidad entre los huastecos

Patrick Johansson

Considerados por los conquistadores como el pueblo "de peores costumbres de todas las provincias de la Nueva España", los huastecos de la región de Pánuco tenían fama de libidinosos, concupiscentes y crueles. Sin embargo, el análisis cuidadoso de las manifestaciones de su erotismo revela el carácter ritual de prácticas profundamente arraigadas en la naturaleza del hombre.

 

En tiempos prehispánicos,  la sexualidad culturalmente exacerbada y formalizada tenía una importancia vital. Contenida por diques socio-éticos que las leyes y la moral vigentes establecían para la vida cotidiana, era ritualmente canalizada para lograr efectos mágico-religiosos o se desparramaba más espontáneamente en espacios y momentos socialmente definidos.

Numerosas son las culturas mesoamericanas cuyas manifestaciones artísticas revelan un verdadero culto a distintas partes erógenas del cuerpo. Entre las distintas etnias en las que la sexualidad fue culturalmente manifiesta destaca la huasteca, cuyos aparentes "excesos" fueron denunciados tanto por los conquistadores como por algunos pueblos indígenas del Centro de México, quizá influidos en su juicio por los españoles.

 

La mala fama 
de los huastecos

Como en otros aspectos de las culturas mesoamericanas, la visión de los conquistadores y la interpretación de los hechos que ven (o creen ver) están distorsionados por una mala percepción y por la incomprensión. Bernal Díaz del Castillo expresa en estos términos lo que le contaron sus compañeros y algunos informantes indígenas:

Eran todos sométicos, en especial los que vivían en la costa y tierra caliente. [...] tenían excesos carnales hijos con madres y hermanos con hermanas y tíos con sobrinas, halláronse muchos que tenían este vicio de esta torpedad; pues de borrachos no les sé decir de tantas suciedades que entre ellos pasaban (Díaz del Castillo, t. III, p. 230).

En cuanto a las fuentes en náhuatl, señalan lo siguiente:

In imitlacauhca in cuexteca: in oquichtin amo momaxtlatiaya, mazo nelihui in cenca onca cuachtli (Códice Florentino, lib. X, cap. 29).


"El defecto de los huastecos (es) que los hombres no llevan taparrabo aunque en verdad (entre ellos) hay muchas mantas".

La desnudez es otro "defecto" que fustigan los informantes nahuas (probablemente mexicas) de Sahagún. Sin embargo, tanto las "suciedades" de las que habla Díaz del Castillo como el mencionado defecto se inscriben en una lógica de comportamiento socio-religioso.

 

La desnudez de los hombres y el culto al falo

Si bien el hecho de andar sin taparrabo podría haberse debido al clima tórrido de la región Huasteca, la persistencia de esta costumbre en una cultura tan elaborada y que contaba con tejidos finos tiene que radicar en una convicción socio-religiosa. El falo, agente de la fecundidad masculina, a la vez que remite, como fuera un arma, a la virilidad de quien lo ostenta, suscita una sexualidad que sale del ámbito propiamente anatómico biológico para aplicarse a la fecundación de la tierra y la subsecuente germinación de las plantas, en particular del maíz. Un ejemplo arquetípico del valor mítico-ritual de la desnudez masculina lo constituye la conocida gesta del Tohuenyo (el huasteco) que andaba desnudo en el mercado de Tula, vendiendo chiles Códice Florentino, lib. III, cap. 5). Al ver su miembro viril que "colgaba" (tlapilotica), la hija del tlahtoani tolteca Huémac se "enamoró", por lo que obligaron al Tohuenyo a casarse con ella.

No podemos extendernos aquí sobre la narratividad específica de mito, marco vital, definido por criterios religiosos. En efecto, la ingestión de pulque y la subsecuente ebriedad de los huastecos tenían un carácter sacro asociado a la fecundidad, las cosechas y, más generalmente, a la Luna. La ebriedad física y la ebriedad espiritual consecuentes a un estado alterado de conciencia propiciaban un regressus ad uterum, a un mundo de potencialidades genésicas. Fue la embriaguez de un cierto Cuextécatl la que hizo que se desnudara. Después de haber ingerido cuatro raciones de pulque pidió una quinta: "la libación", la cual según el mito provocó su embriaguez y el hecho de que se quitara el máxtlatl, taparrabo:

Ic macuilli in quic, ic huel ihuintic huel xocomic, aocmo quima in quenin nen.

Auh oncan teixpan quitlaz in imaxtli.
(Códice Florentino, lib. X, cap. 29)

"Entonces bebió una quinta (ración), con esto se embriagó, estaba borracho, ya no sabía cómo andaba. Y allí, frente a la gente, arrojó el taparrabo".

Es probable que los huastecos ingirieran pulque de manera más frecuente que otros pueblos de la región, lo que quizá les valió la fama de "borrachos", pero es indudable que la euforia con valor sacro que provocaba dicha ingestión, así como los paradigmas religiosos asociados, explican este comportamiento.

Además, si atendemos al testimonio de Bernal Díaz del Castillo, los huastecos "se embudaban por el sieso con sus cañutos, se henchían los vientres de vino de lo que entre ellos se hacía, como cuando entre nosotros se echa medicina" (Díaz del Castillo, t. III, p. 230). Por extraña que parezca, esta ingestión insólita de pulque por el ano muestra el carácter ritual del hecho, aun cuando haya generado un placer físico.

 

Sexo y decapitación

Otra particularidad cultural de los huastecos es el hecho de que decapitaban a sus prisioneros (Códice Florentino, lib. X, cap. 29), lo que permitió a Bernal Díaz del Castillo y a otros conquistadores afirmar que eran "crueles". Este ritual de decapitación podría haber significado la obtención de un trofeo, pero es más probable que haya constituido una práctica religiosa-sexual destinada a propiciar la fertilidad. En el caso específico de la Huasteca, como en algunas otras culturas, el dios murciélago, tzinácatl, es el dios cercenador de cabezas, dios que decapita y que, según un mito, mordió las partes genitales de Xochiquétzal, y después de haberlas llevado al Mictlan para que las lavaran, determinó, en última instancia, la creación de las flores (Códice Magliabechiano, lám. 61v). El murciélago, a su vez, había nacido de la fecundación de una piedra por el semen producido por una masturbación de Quetzalcóatl.

Si asumimos, como es probable, que existe una filiación directa entre las culturas tolteca y huasteca, este mito aparentemente de origen tolteca podría confirmar la relación que se establece entre la decapitación y la fecundación en la Huasteca.

 

El incesto

Si bien no existen fuentes genuinamente huastecas que fundamenten el hecho entre los pueblos del mismo nombre, la gesta de Quetzalcóatl contiene esquemas mitológicos que no dejan lugar a duda al respecto. Es probable, sin que lo podamos comprobar en el contexto de este artículo, que el rey-dios tolteca Quetzalcóatl haya heredado rasgos mitológicos del rey huasteco Cuextécatl, si no es que se trata de una evolución mítico-histórica directa, por lo que la inferencia resulta válida. En una versión de esta gesta, Quetzalcóatl se embriaga con su hermana Quetzalpétlatl y tiene un ayuntamiento incestuoso con ella (Anales de Cuauhtitlan, f. 6). Esta hierogamia (matrimonio -unión- sagrado) entre un ente helíaco y otro selénico, es decir entre el Sol y la Luna, podría haber suscitado rituales afines entre los toltecas y más aún entre los huastecos, cuyo modelo cultural siguieron los primeros.

 

La supuesta homosexualidad

Aun cuando muchas fuentes evocan severos castigos para "culpables" de actos homosexuales, todo parece indicar que se debe relativizar una información recopilada bajo la égida de una cultura cristiana que fustigaba estos hechos. Como otros pueblos de es probable que los huastecos realizaran actos homosexuales esencialmente en contextos rituales, si bien, como en el caso del pulque, estas prácticas salieran a veces del ámbito ceremonial para efectuarse en contextos profanos.

En la fiesta mexica de ochpaniztli, fiesta del "barrimiento", durante la cual la diosa madre Toci era fecundada por sus huastecos para que diera a luz al maíz Cintéotl, dichos huastecos bailaban en torno a ella con falos (de papel) erguidos.

Ahora bien, en este ritual, la diosa Toci era encarnada por un "mancebo robusto" revestido con la piel de una mujer desollada, que había representado a la diosa durante el sacrificio. Esta ambigüedad erótico-ritual conciliaba lo heterosexual y lo homosexual a un nivel litúrgico mientras generaba quizá la risa a otro nivel más prosaico. Una glosa en castellano que acompaña la imagen de esta ceremonia en el Códice Borbónico sugiere que se realizaba por lo menos la representación mimética de un acto sexual: "Estos son los papas putos que no salían del templo". Estos "papas", agentes de una fecundación ritual, eran huastecos, o quizás mexicas disfrazados de huastecos.

 

Patrick Johansson. Doctor en letras por la Universidad de París (Sorbona). Investigador del Instituto de Investigaciones Históricas y profesor de la licenciatura náhuatl en la Facultad de Filosofía y Letras, ambos en la UNAM.

 

Johansson, Patrick, “Erotismo y sexualidad entre los huastecos”, Arqueología Mexicana núm. 79, pp. 58-64.

 

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