• viernes, 17 de mayo de 2019

Hallazgos en el recinto ceremonial de Tenochtitlan

Raúl Barrera Rodríguez, Gabino López Arenas

A partir de las investigaciones realizadas hasta ahora en Donceles 97 y el simbolismo de algunas de las esculturas recuperadas es posible proponer, de manera preliminar, que la edificación encontrada sea el calmécac, en el cual se preparaba a los jóvenes mexicas para ejercer el oficio de sacerdotes.

 

La intervención arqueológica en el Centro Cultural de España en México se llevó a cabo durante la construcción de un nuevo edificio ubicado en Donceles núm. 97, en el Centro Histórico de la ciudad de México. La superficie por excavar, de 34 por 21 m, abarcaba un área de 714 m2. Los trabajos a cargo del Programa de Arqueología Urbana, adscrito al Proyecto Templo Mayor del INAH, fueron coordinados por el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez en colaboración con los arqueólogos Gabino López Arenas –responsable del proyecto–, y Cristina Cuevas Carpintero, así como los pasantes Ulises Lina Hernández, Rocío Morales Sánchez, Alejandro Funes Salazar y el dibujante Ramiro Medina Ortiz.

Asimismo, se estableció un proyecto de salvamento arqueológico que evitara la pérdida de información de un área tan relevante, pues sabemos que ésta formaba parte del antiguo recinto ceremonial de México-Tenochtitlan. Los datos obtenidos han permitido conocer mejor las modificaciones culturales tanto en este predio en particular como su relación con el área en general. Otra cuestión de nuestro interés fue la posibilidad de confrontar los datos de la excavación con la información que las fuentes históricas proporcionan acerca de la probable ubicación del calmécac en el área investigada.

Los hallazgos

Durante la excavación en los primeros dos metros de profundidad se detectaron rellenos de cascajo y elementos constructivos modernos, como cableados eléctricos, drenajes, cisternas y cimentaciones de concreto. De la época colonial se localizaron restos de pisos de ladrillo rojo y de piedra laja, así como muros de tezontle unidos con mortero que formaron parte de casas habitación.

En cuanto a la época prehispánica, se encontraron elementos arquitectónicos que corresponden claramente a dos edificios; en el que se relaciona con el calmécac se identificaron al menos tres diferentes etapas constructivas. Los primeros y más superficiales hallazgos arquitectónicos se hicieron en el extremo norte del predio, donde el muro estucado, que corresponde a la parte posterior del edificio de la última época, presentaba un ligero talud. Al excavar en la parte central del predio, lo primero que se observó fue un piso estucado y el arranque de dos columnas, una de ellas correspondiente a una de las esquinas del edificio. Poco después se localizaron las huellas de cuatro columnas más sobre el mismo piso, que en su conjunto pertenecen a tres cuartos o aposentos.

En el interior de lo que fue el edificio se localizó una banqueta que se introduce –hacia el oeste– en terrenos del predio colindante. Una de las columnas, la que hace esquina, presenta en la parte superior una pequeña moldura remetida a manera de adorno, que corresponde a las formas arquitectónicas de las alfardas de la etapa VI del Templo Mayor, con el típico adorno de moño. Con base en esta característica es posible ubicar cronológicamente su construcción entre 1486 y 1502 d.C., de acuerdo con la propuesta cronológica de Eduardo Matos. Las columnas soportaban la techumbre de un conjunto de aposentos cuyas dimensiones eran, en promedio, de dos y medio por tres metros. Estos cuartos estaban sobre una plataforma con escalinata en su fachada principal, que daba al sur.

Consideraciones finales

Los elementos arquitectónicos registrados durante la excavación corresponden a una serie de aposentos con columnas que sostenían la techumbre y delimitaban los espacios. Los aposentos se encontraban sobre una plataforma con escalinatas asociadas a un patio o plaza. Por otra parte, han sido definidas tres ampliaciones que, de acuerdo con sus características constructivas, tenían igual distribución y, al parecer, la misma función. A partir del avance de la investigación y el simbolismo de algunas de las esculturas recuperadas es posible proponer, de manera preliminar, que esta edificación, aunque sólo parcialmente conocida, sea el calmécac, edificio al que hacen referencia varias fuentes históricas.

Fray Bernardino de Sahagún hace una amplia descripción del recinto ceremonial mexica, la cual nos permite formarnos una idea aproximada de sus características. En una de las láminas del Códice Matritense se representa la ubicación de diferentes templos y edificios públicos. Entre ellos está el calmécac, ubicado hacia la esquina noroeste del cuadrángulo que comprendía el área.

Por otra parte, el arquitecto Ignacio Marquina, en un minucioso estudio basado en numerosas fuentes históricas y en datos recopilados de excavaciones que se conocían en su momento, elaboró una maqueta del recinto ceremonial mexica con la distribución de cada uno de sus templos; en ella ubica precisamente el calmécac hacia ese mismo lugar. Al referirse a éste apunta que como en todas las construcciones prehispánicas, en este tipo de edificios las habitaciones se agrupan a los lados de patios cuadrados o rectangulares; los edificios más importantes tenían a veces un segundo piso con una escalinata.

Con base en esa información se propone que el basamento descubierto podría tener relación con el calmécac, tanto por su ubicación como por sus características constructivas. Al respecto Sahagún refiere que se trataba de un “monasterio” donde moraban los “sátrapas” o sacerdotes llamados tlamacazque , encargados del culto de los diversos templos. En este edificio se educaba a los jóvenes mexicas para ejercer el oficio de sacerdotes. “Los señores y principales ofrecían a sus hijos a la casa que se llamaba calmécac” para que recibiesen la preparación que los haría “ministros de los ídolos”, porque decían que ahí había buenas costumbres y doctrinas y “áspera y casta vida”. Durante su formación los novicios llevaban, en efecto, una vida de austeridad y humildad, y en ocasiones sufrían severos castigos y rígidas penitencias. Les enseñaban buenas costumbres, artes y oficios, y sobre todo tenían una formación religiosa en la que aprendían cantos dedicados a los dioses, bailes, escritura y comprensión de los códices, el calendario ritual, astrología y la cuenta de los años. El patrono de esta institución era el dios Quetzalcóatl, y con este mismo nombre se designaba al sumo sacerdote del “monasterio”.

 

Barrera Rodríguez, Raúl, y Gabino López Arenas, “Hallazgos en el recinto ceremonial de Tenochtitlan”, Arqueología Mexicana, Núm. 93, pp. 18-25.

 

Raúl Barrera Rodríguez. Arqueólogo. Investigador adscrito a la Dirección de Salvamento Arqueológico. Supervisor del Programa de Arqueología Urbana, Proyecto Templo Mayor.

Gabino López Arenas. Arqueólogo. Responsable del Proyecto de Salvamento Arqueológico en el Centro Cultural de España en México. Colaborador del Programa de Arqueología Urbana, Proyecto Templo Mayor.

 

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