• 17-nov-2019

La casa dominica de Olintepec, Morelos

Laura Ledesma Gallegos

La arquitectura que se requería para la conversión de los indígenas de la otrora Mesoamérica se desarrolló en los antiguos asentamientos. De esa proyección arquitectónica derivarían algunos de los modelos de los grandes conventos mexicanos del siglo XVI.

 

La conversión de los indígenas del México antiguo estuvo a cargo de tres órdenes religiosas: franciscanos, dominicos y agustinos. Podría decirse que, aun con ciertas diferencias operativas, las tres enfrentaron el reto de tan audaz empresa con el propósito de obtener resultados a corto, mediano y largo plazos, tal y como se lee entre las líneas de sus crónicas.

En el corto plazo, los evangelizadores determinaron realizar acciones contundentes. Por ejemplo, el llamado a todos los indígenas de los pueblos para que se juntasen a escuchar sobre la verdadera y única religión, los bautizos masivos por aspersión, la disolución de la poligamia, la educación de los niños y las niñas. En el mediano plazo, plantearon la construcción, metafórica y material, de la Iglesia en lo que ya se llamaría Nueva España. Y, en el largo plazo, buscaron la utopía, el pueblo indígena totalmente cristianizado comandado por los mendicantes.

Por ahora solamente abordaremos los dos primeros pasos de ese método evangelizador, toda vez que tuvieron lugar en espacios y tiempos específicos. El espacio: los pueblos de indios, como el de Olintepec. El tiempo: marcado por el arribo de los religiosos a cada región. En el presente caso el año de 1528, año en que llegaron los dominicos a la provincia de Oaxtepec.

 

Olintepec en el Posclásico

En la margen poniente del río Cuautla, entre los pueblos de Anenecuilco, al norte, y el de Moyotepec, al sur, en el valle oriente del estado de Morelos, se ubicaba el asentamiento prehispánico de Olintepec. En el Posclásico Tardío, Olintepec formaba parte de la provincia de Oaxtepec, junto con sus pueblos sujetos de Chinameca, Zacapalco, Tecihuacixca e Yxtepeque.

Olintepec fue un asentamiento de cierta importancia, contaba con una serie de basamentos de dimensiones variables que fueron la base de edificios religiosos y unidades habitacionales asociados a extensas plazas. Actualmente sólo se conserva un basamento que muestra un muro en talud, en cuya fachada poniente se localiza una escalinata, flanqueada por alfardas. En el nivel superior sobreviven los vestigios de un templo cristiano (figs. 2a, 2b).

Las exploraciones arqueológicas mostraron que en la parte más prominente del basamento de Olintepec, al norte, sur y poniente de la plaza, sobre otras plataformas, existieron tres espacios porticados, posiblemente los aposentos de un gobernante o un sacerdote. Mientras que al oriente se desplantó el templo de la divinidad del pueblo (fig. 3).

 

Los dominicos

El año de 1528 marca el inicio de la conversión de los indígenas de la región oriente de Morelos emprendida por los dominicos, quienes desde Oaxtepec se desplegaron hacia los pueblos de esta provincia. A los frailes les tomaría uno o dos años salir de la casa principal, tomar asiento y establecerse de manera permanente en las poblaciones indígenas. La fecha probable de arribo de los predicadores a Olintepec puede ser 1533 o 1535, pues para esas fechas el dominico Francisco Mayorga visitaba los pueblos de la provincia de Oaxtepec.

Una vez que llegaban a los pueblos, los frailes se alojaban en las casas de los indios nobles. De tres a cinco años fue el tiempo que tomó a los religiosos adaptarse a la vida de los indios de Olintepec, lograr su confianza y comenzar la conversión, justamente en las plazas.

 

Desarrollo del conjunto religioso

Con el propósito de aprovechar los espacios existentes para la prédica, los mendicantes llevaron a cabo varias labores. Primero demolieron las dependencias de los lados norte, sur y poniente del basamento, con lo que la plaza del templo de Olintepec se hizo más extensa. Incluso la explanada se adornó con naranjos y otros árboles que protegían a los congregados del inclemente sol. Luego, el muro en talud que circundaba al basamento, se empleó como cimiento de otro muro que cercaría lo que fue la plaza, quedando como muro perimetral, pero ya del atrio. La barda atrial mostraba decoración con figuras geométricas esgrafiadas y pintadas en rojo. La escalinata prehispánica del poniente continuó funcionando como acceso al atrio.

Un hallazgo arqueológico de suma importancia mostró que al centro del atrio, en el punto donde seguramente se hallaba un pequeño altar colocado en el eje central de lo que fue el templo principal, se desplantó la base de la cruz atrial, ya que “donde se pone una cruz […] y allí [a los indios] los instruyen y predican”. La cruz fue quizás el icono más rápidamente difundido en las tierras conquistadas (fig. 1). Motolinía, “uno de los primeros doce”, cuenta cómo el propio fray Juan de Zumárraga promovió la devoción de la cruz entre los indígenas. Éstos, con la esperanza de protegerse y de obtener bienestar, la aceptaron como máxima representación de la divinidad. Por eso las fabricaron en todas partes, de diversos materiales y dimensiones: “Está tan ensalzada en esta tierra la señal de la cruz por todos los pueblos y caminos […] en especial las de los patios de las iglesias son muy solemnes, las cuales cada domingo y cada fiesta adornan con muchas rosas y flores, y espadañas y ramos” (Motolinía, 1984, p. 107). Así, la explanada del Basamento 5 fue el primer espacio de Olintepec que sufrió modificaciones estructurales, formales, plásticas y funcionales, pues de ser aquel donde tenía lugar el ceremonial precolombino pasó a convertirse “en un gran patio [donde se administraba el bautismo] a muchos indios, que aun entonces no había iglesias…” (Motolinía, 1984, p. 130).

En 1537, en Olintepec, para ayudar a la conversión, aparecerían otras edificaciones: las capillas posas. Acerca de ellas Motolinía menciona que “Había en el camino [del atrio] sus capillas con sus altares y retablos bien aderezados para descansar, a donde salían de nuevo niños cantores cantando y bailando delante del Santísimo Sacramento” (Motolinía, 1984, p. 61).

Así, el partido arquitectónico para la evangelización de Olintepec consistió en atrio, capillas posas y cruz atrial. El resultado de la conjunción entre las antiguas creencias religiosas indígenas y el adoctrinamiento cristiano es más que elocuente, pues se concretó en un modelo arquitectónico propiamente mexicano que respondió a las necesidades de la naciente población indocristiana (fig. 4b).

Por otra parte, entre los elementos necesarios para imbuir a los indígenas el ritual cristiano se incluía principalmente al templo. Por eso, sobre la plataforma en que se hallaba el templo de la divinidad prehispánica se edificó una estructura para el dios cristiano. De gruesos muros, cubierta de bóveda de cal y canto, procedentes de los destruidos templos indígenas, la capilla de Olintepec apenas servía para custodiar al Santísimo y al fraile oficiante (fig. 4a).

Por ello, continuaría la construcción de la capilla del altar mayor. Frente a ella, en un nivel más bajo y de gruesos muros, se construyó la nave del templo. Cada uno de los muros del nuevo edificio poseía una serie de tres arcos sobrepuestos a ambos paramentos de la nave (figs. 5a, 5b, 5c). Según Motolinía, en el proceso constructivo seguido por los religiosos en la primera evangelización:

Las iglesias atavían muy bien, y cada día se van más esmerando, y los templos que primero hicieron pequeños y no bien hechos, se van enmendando y haciendo grandes; y sobre todo el relicario del Santísimo Sacramento [hacen] tan pulido y rico […] y aunque los indios casi todos son pobres […] dan liberalmente de lo que tienen para ataviar adonde se tiene que poner el Corpus Christi… (Motolinía, 1984, p. 53).

Parte complementaria del conjunto religioso fueron los aposentos de los predicadores. Una vez concluidos los trabajos de la iglesia, el que fuera el palacio principal se modificó y adaptó para funcionar como vivienda de los frailes, la cual contaba con la portería de acceso y dos habitaciones más. Así se configuró la vicaría de Olintepec (figs. 6a, 6b).

 

Laura Ledesma Gallegos. Arqueóloga. Investigadora del Centro INAH Morelos. Doctora en historia del arte por la UNAM. Especialista en arquitectura religiosa mendicante del siglo XVI, responsable del proyecto “La ruta dominica Morelos-Oaxaca”.

 

Ledesma Gallegos, Laura, “La casa dominica de Olintepec, Morelos”, Arqueología Mexicana núm. 127, pp. 58-63.

 

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