• sábado, 23 de junio de 2018

La conservación de bienes arqueológicos de madera

Alejandra Alonso Olvera

Los arqueólogos que –como Edward Thompson hace más de cien años al encontrar preciosos objetos en el cenote de Chichén Itzá– han tenido la fortuna de localizar en sus excavaciones objetos de madera asumen una gran responsabilidad, ya que estos objetos son muy delicados y requieren de atención inmediata. Los especialistas en conservación de materiales arqueológicos contribuyen a la estabilización de estos objetos desde su hallazgo hasta su exhibición. En este artículo se mencionan las características generales de los ambientes que permiten la conservación de estos objetos, el deterioro común que presentan y las tareas generales que los especialistas en conservación realizan para preservarlos.

 

Al extraer los objetos de madera del cenote de Chichén Itzá en 1904, Edward Thompson señaló: “la madera es noventa por ciento agua, es suave como gelatina, tiene la consistencia de un melón muy maduro, parece una esponja”. Si los objetos no eran tratados inmediatamente al extraerse, Thompson añade que: “…se convertían en una sustancia casi etérea, al secar se reducían cinco veces en tamaño y forma original, o algunas veces simplemente se ‘disolvían’ en una masa sin forma, de líquido y limo amarillo” (cartas de Thompson a Putnam, 15 de mayo de 1904, Thompson, 1906-1907). 

La madera fue un material ampliamente utilizado por diferentes grupos prehispánicos para manufacturar diversos bienes. Aunque no se localizan con frecuencia en las excavaciones arqueológicas, por relatos de cronistas como fray Diego de Landa o fray Bernardino de Sahagún y representaciones gráficas en los códices –como el Madrid o el Florentino– sabemos que carpinteros y talladores eran artesanos especializados a quienes se les encomendaba todo tipo de estructuras, objetos y ornamentos.

Desafortunadamente, el hallazgo de esos objetos en excavaciones sistemáticas es poco común, debido a que estos materiales son altamente susceptibles a la degradación parcial o completa, por su naturaleza orgánica. Sin embargo, existen tres ambientes que favorecen la preservación de los artefactos arqueológicos de madera y es donde es más probable encontrarlos:

1) Los depósitos arqueológicos completamente secos, sin luz y donde la temperatura y la humedad no presentan oscilaciones cíclicas sino son completamente estables. Estas condiciones son las que normalmente presentan las cuevas o abrigos rocosos, y las cámaras selladas al interior de edificios, como tumbas o depósitos ceremoniales.

2) Los depósitos arqueológicos que cuentan con un nivel muy alto de agua en el subsuelo. La mayor parte del tiempo sus sedimentos están completamente impregnados de agua porque eran antiguos cuerpos de agua. Éstos son las antiguas cuencas lacustres, las áreas pantanosas o turberas y los márgenes de ríos. Es el caso de las áreas pantanosas de El Manatí, Veracruz, donde se encontraron esculturas olmecas de madera enterradas entre sedimentos de la antigua laguna, o bien en los alrededores del Centro Histórico de la ciudad de Mexico, cerca de Tlatelolco, donde se encontraron tres enormes dinteles con inscripciones, así como los más de 200 objetos suntuarios localizados en las ofrendas recientemente excavadas en el Templo Mayor de Tenochtitlan.

 

Alonso Olvera, Alejandra, “La conservación de bienes arqueológicos de madera”, Arqueología Mexicana núm. 108, pp. 56-60.

 

• Alejandra Alonso Olvera. Licenciada en restauración por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH. Maestra en antropología por el IIA, UNAM. Candidata al doctorado en arqueología por la Universidad de Calgary, Canadá. Restauradora perito en la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, donde ha conducido varios proyectos de conservación y restauración de objetos arqueológicos de madera.

 

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