• miércoles, 19 de septiembre de 2018

La serpiente emplumada entre los coras y huicholes

Jesús Jauregui

En algunos ritos coras y huicholes, a la serpiente emplumada se le representa en sus manifestaciones antagónicas: flecha chamánica con cascabeles o cola de escorpión, peyote y kieri, Estrella de la Mañana y Estrella de la Tarde, Sol diurno y Sol nocturno. Este complejo simbólico ren1ite a la lucha cósmica original entre luz y oscuridad, ampliamente extendida en la mitología amerindia.

 

La laguna de Santa Teresa (Tu'a'mwa) es, para los coras, el resto del diluvio universal, provocado por una gigantesca serpiente, que acabó con un mundo anterior. Flechado por Tajatsi Xu'ura'abe, el Lucero de la Mañana, aquel monstruo se hundió en la tierra provocando un cataclismo; tras horadar el gran agujero en donde ahora está e l lago volcánico, se dirigió al mar labrando los profundos cañones de la sierra.

 

Tabejri

Durante las fiestas del equinoccio de otoño, Sigundino Carrillo Teófilo, un cora de 25 años, procedente de Rancho Viejo (Xurémuna'aitse'e), llegó a la ribera occidental de la laguna de Santa Teresa junto con su esposa. la suegra y dos hijos, uno todavía de brazos. Después de recoger agua de la laguna sagrada en una botella de plástico, se ubicó de pie frente a un altar de piedras superpuestas, mirando al oriente; presentó una flecha votiva (+ ru) grande con plumas de aguililla, que lo representa a él, y otra más pequeña, con plumas de perico, que simboliza a su esposa: luego saludó al norte, al poniente, al sur, arriba en el centro y las clavó en la tierra. La suegra preparó una hoja de roble en forma de cono y en ella depositó puñitos de pinole y agua: en otra hoja de roble extendida y cóncava pusieron pedazos de fruta , de tamal, de galleta... Luego Sigundino fue sacando de su morral botellas con agua de otros manantiales sagrados, algodón, manojos de flores, una pipa de barro con el canal de carrizo, llena de tabaco, y un bellísimo tabejri, flecha ritual de cinco puntas de palo brasil con plumas de aguililla en la parte superior y cascabeles de víbora colgantes, todo amarrado con hilo rojo. ¡Impresionante imagen sintética de la serpiente emplumada! Pero, de acuerdo con su manera mágica de pensar -la cual procede a partir de concepciones complejas del entorno y de las identificaciones que se establecen entre sus partes-, para los coras una imagen del objeto forma unidad con él, al tiempo que es el objeto mismo.

Con la pipa (chuaxari) humeante -que sostenía con la mano izquierda- y cogiendo el tabejri con la mano derecha se dirigió al oriente y luego a los demás rumbos en sentido antihorario, echando bocanadas de humo sobre la flecha ritual en cada punto cardinal. Realizó cinco vueltas desde el oriente, al norte, al poniente, al sur, arriba y abajo, lugar este último donde estaba colocada la ofrenda.

 También en el ritual para despedir el alma de don Esteban Chávez, curandero cora de la región de Rosa rito (Yauatsaka), que falleció de casi 100 años de edad en diciembre del año pasado, resaltaban dos tabejrite de plumas de gavilán con cascabeles de víbora. Éstos yacían entre roelas sus pertenencias colocadas sobre la cama y alrededor del bulto con su ropa, el cual representaba el cadáver. El instrumento ritual de Abundio flores Celeclonio (Tutíwataka), el curandero que condujo la ceremonia, denominada tetiuchuéve, era semejante y, al manipularlo, lograba hábilmente que las plumas se extendieran como las alas del ave, mientras los cascabeles vibraban suspendidos.

 

Hikuri neixa

Entre los huicholes, durante la ceremonia de Hikuri Neixa, cuando los peregrinos que han ido a recolectar el peyote regresan desde Real de Catorce (Wirikuta), en calidad de nubes pluvíferas, uno de los momentos culminantes es una danza específica de esta fiesta. El grupo de peyoteros se forma en dos hi leras, encabezado por el tekwamama, cuyo traje incluye dos bandas cruzadas de plumas blancas de guajolote y un cinturón de tiras de carrizo (carricera) con plumas similares; en su mano porta una vara ondulada de color azul, con círculos amarillos, pintados con la raíz uxa que crece sólo en el desierto oriental, y en cuya punta luce atado un muwieri (flecha ritual) con plumas de águila real. Antes, los demás peyoteros llevaban varas de carrizo con colas de venado en la punta y arena en su interior, de manera que reproducían un sonido semejante al murmullo de la lluvia suave. La coreografía escenifica cómo Tatei Nia'ariwame, la diosa Madre de la Lluvia, llega del oriente y luego extiende su dominio por todo el mundo. Para ello, los danzantes recorren los puntos cardinales del patio del tukipa (templo circular de raigambre aborigen) y, de hecho, cada vez que se acercan a uno de los extremos y al centro, simulan el movimiento de una víbora atacante, pues se repliegan lentamente, danzando hacia atrás, y de repente se precipitan hacia adelante, mientras el tekwamama tira una lanzada con su vara azul.

 

Jesús Jauregui. Doctor en ciencias antropológicas. Investigador del INAH y miembro del SIN. Sus principales áreas teóricas son la antropología estructural, el folklore, el simbolismo y e ritual. Sus temas de interés son el mariachi, las danzas tradicionales y las culturas de los coras y hucholes. Ha publicado diversas obras.

 

Jauregui, Jesús, “La serpiente emplumada entre los coras y huicholes”, Arqueología Mexicana núm. 53, pp. 64-69.

 

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