• viernes, 14 de junio de 2019

Los ciclos lunares y el calendario maya

Stanislaw Iwaniszewski

No existe evidencia alguna de que los mayas antiguos utilizaran un calendario formal basado en las fases de la Luna, a la manera de los chinos, sumerios, babilonios o hebreos antiguos. Sin embargo, durante el Clásico los mayas emplearon un complejo sistema de contar los meses lunares asociado a las fechas escritas en la llamada cuenta larga. Ideada ésta para calcular y representar el tiempo, los mayas pronto se dieron cuenta de que el mismo sistema podía servir para los cálculos astronómicos.

 

Cuando los primeros españoles llegaron a la península de Yucatán, observaron que los mayas contaban el tiempo utilizando el ciclo de las fases lunares. En su Relación de las cosas de Yucatán el obispo Diego de Landa notó que:

 

Tienen su año perfecto como el nuestro, de 365 días y 6 horas. Divídenlo en dos maneras de meses, los unos de a 30 días que se llaman u’, que quiere decir luna, la cual contaban desde que salía hasta que no parecía. Otra manera de meses tenía de a 20 días, a los cuales llaman winal jun ek’eh.

 

La información que recogió Landa indica que los mayas tuvieron dos maneras de contar el tiempo. Primero, los mayas de Yucatán utilizaron el concepto del año para medir el tiempo. El año común o civil conocido como haab’, constaba de 365 días y se dividía en 18 periodos de 20 días cada uno, más los 5 días agregados al final del año. Los periodos de 20 días fueron llamados winal jun ek’eh. Su significado no está muy claro, aunque según los diccionarios coloniales la palabra winal se traduce como el “mes antiguo de 20 días” y la palabra jun como “uno, una vez”.

La otra manera consistió en contar las lunas. El mes lunar conocido como u’, o uh, “Luna” en maya yucateco, iniciaba con la primera aparición de la Luna creciente en el cielo vespertino y duraba hasta el momento de su desaparición. Igual que muchos pueblos norteamericanos, los mayas de Yucatán contaban las lunas visibles de un ciclo, sin prestar mucha atención a los periodos de su invisibilidad. Los meses lunares se contaban desde la primera aparición de la Luna creciente en el cielo vespertino hasta la siguiente, por lo tanto esta definición se acerca al concepto moderno del mes sinódico, que describe el ciclo de las fases de la Luna. Su duración es de poco más de 29.53 días.

 

Las series lunares entre los mayas

 

No existe evidencia alguna de que los mayas antiguos utilizaran un calendario formal basado en las fases de la Luna, a la manera de los chinos, sumerios, babilonios o hebreos antiguos. Sin embargo, durante el Clásico (250-900 d.C.) los mayas emplearon un complejo sistema de contar los meses lunares asociado a las fechas escritas en la llamada cuenta larga. Ideada ésta para calcular y representar el tiempo, los mayas pronto se dieron cuenta de que el mismo sistema podía servir para los cálculos astronómicos. Así, la fecha de cuenta larga asociaba una cierta cantidad de días transcurridos desde la fecha cero con un día específico del ciclo de 260 días, del ciclo del haab’, y con el ciclo lunar.

Esta cláusula, conocida como series lunares –que contiene seis glifos denominados E, D, C, X, B y A por Sylvanus Morley y E. Willys Andrews–, sigue la cuenta larga. Morley inicialmente sugirió que los glifos funcionaron para algún tipo de cuenta lunar, basándose en la forma visual ya que algunos glifos tenían la forma de la Luna; sin embargo, fue John Teeple quien logró descifrar el significado astronómico de la cláusula. Los estudios posteriores de los epigrafistas confirmaron su descubrimiento. Primero Barbara MacLeod, luego Linda Schele, Nikolai Grube y Federico Fahsen establecieron que el glifo D se lee huli, “llegó”, indicando el número de días transcurridos desde que la Luna aparece en el cielo. Esta expresión describe el momento de la primera aparición del creciente de la Luna en el cielo vespertino, después del periodo de su invisibilidad, aunque a veces también puede referirse al momento del novilunio astronómico. El glifo E se suma al glifo D para denotar que se pretende registrar la edad de la Luna igual o superior a 20 días. El glifo E significa simplemente “veinte”.

El glifo C viene acompañado de seis coeficientes numéricos y consta de tres variantes de cabeza: de una mujer joven, posiblemente la diosa de la Luna, del dios Jaguar del Inframundo y de un cráneo. Su forma básica representa una mano que se lee k’al, “atar” o “cerrar”, indicando que se ataron o cerraron un cierto número de lunaciones. La secuencia de las variantes de cabeza era fija durante el Clásico Tardío, cada una fue asociada con los números del 1 a 6, y por tanto se representaban en total 18 meses distintos. Según John H. Linden, Linda Schele, Nikolai Grube, Federico Fahsen y Juan Ignacio Cases, el glifo C indica la posición que ocupa el mes en un ciclo mayor de 18 lunaciones. Recientemente, Gerardo Aldana atribuyó la creación de esta secuencia fija a cambios políticos y al derecho de usar los gobernantes mayas el título de kaloomte’.

Es probable que el glifo X represente el nombre del mes lunar fijado por el glifo C. El glifo X tiene una forma sumamente variable y hasta la fecha no se han identificado sus 18 variantes hipotéticas, aunque Jens Rohark demostró que su forma depende del coeficiente numérico del glifo C y de las tres variantes de cabeza del mismo glifo. Es posible que cada una de las 18 diferentes lunaciones portara su nombre particular, tal como lo sugiere el glifo B, que sigue al glifo X y que se lee como uch’ok k’ab’a, “su nombre joven”, o como uk’uh k’ab’a, “su nombre sagrado”. Esto sugiere que el glifo B se refiere a que el glifo X es el nombre de uno de los 18 meses lunares indicados por el glifo C.

Finalmente, el glifo A proporciona la información acerca de la duración del mes lunar. Según el glifo A, el mes lunar siempre registra 29 o 30 días, escrito winaak bo- lon, “veintinueve” o winak lajuun, “treinta”, respectivamente. Debido a que los escribas mayas empleaban sólo números enteros, la duración del mes lunar puede tener 29 o 30 días.

En suma, las cláusulas de las series lunares mayas expresaban: “tantos días pasaron desde cuando (la Luna) apareció (en el cielo), el presente mes es el número ‘x’ (una de las 18 lunaciones diferenciadas), su nombre (joven) es el glifo X, su duración será de 29 o 30 días”. Durante el Clásico Tardío (600-900 d.C.) en las series lunares se registraron 18 meses lunares diferenciados, a los cuales se agregó el glifo A, que podía tener 29 o 30 días. Por lo tanto, teóricamente se registraban 36 lunaciones diferenciadas, aunque en la práctica su número fue más reducido.

 

Iwaniszewski, Stanislaw, “Los ciclos lunares y el calendario maya”, Arqueología Mexicana núm. 118, pp. 38-42.

 

Stanislaw Iwaniszewski. Doctor en antropología por la UNAM. Profesor-investigador del posgrado en arqueología en la ENAH, INAH.

 

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