• 19-sep-2019

Los mayas de Yucatán. Entre las colinas y el estero

Luis Millet Cámara

Territorio en el que se desarrollaron algunas de las ciudades más importantes del México antiguo, el norte de la península de Yucatán es una región cuya investigación resulta esencial para comprender el devenir histórico no sólo del mundo maya, sino de toda la región mesoamericana. A lo largo de miles de años, los mayas de Yucatán transitaron de grupos nómadas de organización y cultura relativamente sencillas, a constructores de grandes ciudades como Uxmal y Chichén Itzá, en las que habitaban complejas sociedades con elaboradas formas de cultura.

 

Los primeros grupos humanos que arribaron al norte de la península de Yucatán se encontraron con una región en la que predominaba la selva tropical espinosa y en la cual no había ríos, pero sí numerosos cenotes, es decir, grandes depósitos subterráneos de agua, producto de la filtración de la lluvia, que en ocasiones podían estar parcial o totalmente cubiertos por la roca caliza que forma la superficie del terreno, y en los que se encontraba el vital líquido en cantidades ilimitadas. En otras partes de la península, las lagunas o cuevas en las que se formaban pequeños depósitos de agua favorecieron el establecimiento de algunos grupos. En las grutas de Loltún se han explorado vestigios de las primeras actividades humanas en el norte de la península. Con toda seguridad fue durante el Preclásico Medio y el Superior cuando las grutas se convirtieron en un asentamiento permanente, pues se han encontrado abundantes restos de lascas de descortezamiento, así como instrumentos que carecen de retoque, lo cual indica que ahí se fabricaban. Entre los restos de cerámica hallados en el lugar abundan los fragmentos de ollas, que sugieren la obtención de agua en el interior de las grutas (González Licón, 1986, p. 143).

Probablemente los primeros grupos que llegaron al norte de Yucatán hayan sido cazadores-recolectores. Esta primitiva población se incrementó con el arribo de nuevos pobladores, seguramente procedentes del sur de la península, los cuales trajeron los conocimientos del cultivo
de la tierra, especialmente el del maíz.

Así, tenemos que en la zona arqueológica de Cobá, Quintana Roo, la primera evidencia acerca de la alteración del medio ambiente es la tumba de la selva en los alrededores del lago Cobá, hacia el año 1650 a. C., aunque la presencia de polen de maíz aparece registrada hasta el año 850 a. C.

En el cenote San José Chulchacah, situado cerca de la costa occidental de la península, los estudios efectuados con sedimentos indican que la presencia de polen de maíz en esa región se remonta al año 1180 a. C. La abundante información que se obtuvo de este trabajo abarcó más de ocho mil años y reveló que en un transecto este-oeste la región occidental de la península era la zona más árida, y que a partir del Holoceno Temprano, y hasta la época colonial, predominó en esa región una vegetación de selva tropical espinosa (Leyden et al., 1998, p. 119).

 

Preclásico

La seguridad que proporcionaba la agricultura en la obtención de los alimentos requeridos permitió que la población se incrementara notablemente, por lo que para el Preclásico Medio ya existían numerosas comunidades en el norte de la península, entre ellas Komchén, Izamal, Ek’ Balam y Loltún. En Dzibilchaltún, además de la producción agrícola, la cercanía a la costa (situada a 18 km) favoreció desde épocas muy tempranas el aprovechamiento de los recursos marinos.

En los grupos Mirador y Komchén de este último sitio, localizado al oeste del cenote Xlacah, se han encontrado restos de lo que pudieran ser los más antiguos asentamientos permanentes del área. En Mirador se localizó una plataforma desplantada sobre el nivel del terreno, cuyos muros, de aspecto bastante burdo, estaban cubiertos de una gruesa capa de estuco, al igual que una amplia terraza situada en uno de sus costados. Como parte de este conjunto de construcciones había una serie de habitaciones con plantas de diversas formas que tenían algunas hiladas de piedras que formaban sus muros (Andrews IV y Andrews V, 1980, p. 21), entre las cuales destaca un posible baño de vapor.

La homogeneidad que presenta la cerámica del Preclásico Medio en los diversos sitios en los que ha sido encontrada en el norte de Yucatán, y su similitud con la de las Tierras Bajas del sur, pueden ser reflejo de que los diferentes grupos colonizadores que llegaron a esta región tenían una cultura común.

Durante el Preclásico Tardío comenzaron a aparecer en la costa norte asentamientos como Xcambó y Emal, los cuales estuvieron asociados a la producción de sal, un recurso que estaba destinado a desempeñar un papel de gran importancia en la historia de Yucatán. La sal era obtenida de manera bastante simple, aprovechando la evaporación del agua causada por el fuerte sol en las charcas situadas en los esteros. Con el tiempo, estos sitios costeros quedaron sujetos a las grandes ciudades que por esa época empezaron a surgir tierra adentro (Dahlin, 1998, p. 9).

 

Luis Millet Cámara. Investigador del Centro INAH Yucatán. Actualmente dirige los trabajos que se realizan en Izamal, Yucatán.

 

Millet Cámara, Luis, “Los mayas de Yucatán. Entre las colinas y el estero”, Arqueología Mexicana núm. 37, pp. 4-11.

 

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