• miércoles, 14 de noviembre de 2018

Mitología y simbolismo del nopal

 

Sin duda el del águila sobre un nopal como señal de encuentro del paraje prometido para levantar la ciudad de los mexicas es el mito más conocido de la época prehispánica. En favor de ello influyeron hechos como la pronta recuperación, en los primeros años de la Colonia, de la imagen del águila sobre el nopal como medio de identificación de la ciudad de México, la más importante de la Nueva España. La utilización de la imagen del águila sobre el nopal en las insignias de los insurgentes, y su posterior adopción por el gobierno mexicano como escudo nacional, confirmaron la preeminencia del mito fundacional de los mexicas entre los mexicanos y tejieron alrededor del nopal una noción de identidad, una idea de esa planta como sostén de nuestra nacionalidad. No está de más señalar que con todo y lo muy difundido que está entre nosotros el relato de la fundación de Tenochtitlan, la idea que tenemos de él es en exceso simple. Es por ello que cerramos esta breve nota con una apretada cita de las reflexiones de Alfredo López Austin –aparecidas en su bastante recomendable colección de ensayos El conejo en la cara de la Luna– sobre el significado del hecho mítico:

 

Lejano ya del símbolo de la cosmovisión que le dio origen, sus elementos adquieren otro equilibrio. Es frecuente que nuestra atención se fije en la acción devoradora del águila como si de ella emanara el sentido prioritario del emblema. [….] La dualidad principal del conjunto fue la del águila y el nopal. […] Los relatos del milagro, al conjugar el mito con el hecho histórico, nos permiten apreciar la importancia de la oposición águila/nopal… y la existencia de un pacto entre dos dirigentes. […] Algunos registros históricos hacen suponer que la fundación fue posible gracias a una componenda entre dos de los jefes principales; pero la forma de expresión no es otra que la convencional conformidad entre el pacto y el símbolo. La transacción y el modelo cósmico se fundieron en el milagro, y la adecuación quedó plasmada en el nombre de la ciudad y en su emblema religioso. El arreglo final fue entre el jefe Cuauhtlequetzqui (“El que Yergue el Fuego del Águila”), llamado también Cuauhcóatl (“Serpiente Aquilina” o “Serpiente-Águila”), y el guía Ténoch (“Tuna Pétrea” o “Tuna Dura”, nombre de una especie de nopal (López Austin, 2012, pp. 77-79).

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Tomado de Enrique Vela, Arqueología Mexicana, Especial 62,  El nopal en México. Catálogo visual.

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