• sábado, 17 de noviembre de 2018

Población, subsistencia y colapso de la cultura maya

T. Patrick Culbert

La civilización del Clásico maya de las Tierras Bajas del sur desapareció en un lapso de dos siglos. Se trata de uno de los desastres demográficos más graves de la historia de la humanidad -millones de personas murieron-, el cual abarcó una zona muy extensa que nunca recuperó su nivel poblacional. Siglos de crecimiento exponencial de la población llevaron a su límite el equilibrio entre la ecología y la sociedad, y colocaron a los mayas en una situación de vulnerabilidad extrema. El colapso de los mayas en el Clásico entraña una advertencia para nuestro planeta en sus condiciones actuales.

 

Los mayas de las Tierras Bajas sureñas alcanzaron su máximo apogeo durante el Clásico Tardío (550-830d.C.). Nunca antes hubo tal cantidad de habitantes; los campos cultivados se extendían tan lejos como alcanzaba la vista y se realizaban ambiciosos proyectos constructivos, así como palacios y templos cada vez mayores. Los grandes reyes se vanagloriaban de sus logros en monumentos labrados en piedra. Dos siglos después todo había terminado. La selva volvía a crecer en los antiguos plantíos y las casas de palma y madera de la gente común hacía mucho tiempo que habían desaparecido. Los monos jugaban en los antiguos edificios de piedra mientras que el escombro de las inestables bóvedas se iba acumulando. Los reyes habían desaparecido y, con ellos, sus pueblos. Tal fue el colapso del Clásico maya: la desintegración del extraordinario florecimiento cultural fue tan espectacular como su anterior apogeo. La región afectada por el colapso maya fue enorme; abarcaba desde el río Usumacinta, al poniente, atravesaba la región de la selva húmeda del Petén, al norte de Guatemala, y llegaba hasta Campeche y Quintana Roo.

Desde los primeros estudios sobre los mayas se supo que había ocurrido algún desastre. En 790 d.C. terminó uno de los katunes, periodo sagrado de 20 años del calendario maya tras el cual se acostumbraba erigir monumentos de piedra con fechas. Ningún otro final de katún había sido conmemorado antes con tantas inscripciones y en tantos sitios. Dos katunes después sólo en algunos sitios se levantaron monumentos. La última fecha registrada en el preciso sistema de la cuenta larga corresponde al año 909 d.C. Aunque los episodios constructivos no pueden determinarse con esa precisión, es claro que al levantamiento de nuevos edificios de piedra siguió una curva paralela de declive y colapso. Los marcadores de la vida de las élites mayas dejaron de existir.

Los datos demográficos sobre los mayas se conocen desde hace 40 años; antes no podía afirmarse, como ahora, que el trágico destino de las élites fue compartido por

la población común. La mayor densidad de población se dio en el siglo VIII. A principios del Clásico Terminal –alrededor de 830 d.C.- la población había disminuido en la mayoría de los sitios a menos de sitios tres cuartas partes, lo que afectó tanto a las grandes ciudades como a la población rural aledaña. Millones de habitantes habían desaparecido.

¿Qué sucedió con estos pobladores? Algunos de los habitantes de las márgenes de las Tierras Bajas migraron a otras regiones, pero las áreas vecinas ya estaban pobladas y tal número de personas no pudo haber ocupado otro lugar sin dejar huellas arqueológicas. La única conclusión posible es que millones de mayas murieron durante una de las catástrofes demográficas más graves en la historia de la humanidad. Esta tragedia nos hace recordar la peste negra europea, cuando carretas repletas de cadáveres recorrían las calles diariamente. Pero no fue exactamente esto lo que ocurrió. Antes de la introducción de la medicina moderna la mortalidad infantil en la selva húmeda debió haber oscilado entre el 40 y el 50 %, aun en los mejores tiempos. Si a esto se le aumenta otro 10 o 15% y le se añade una disminución de la tasa ele fertilidad, en pocas generaciones la población se termina, pues no hay suficientes nacimientos ni sobrevivientes en edad reproductiva para reemplazar las defunciones. Un siglo después los antiguos centros fueron abandonados, incluso por aquellos pocos sobrevivientes, y quedaron sólo algunas casas dispersas. Lo que resulta más asombroso y significativo es que el nivel de población no se recuperó y sólo en tiempos muy recientes se ha vuelto a habitar la región.

 

Causas del colapso

¿A qué se debe, entonces, el colapso maya? Se han propuesto varias respuestas desde la primera vez que esto se analizó: factores naturales, como huracanes, sequías o el fracaso del sistema agrícola; causas sociales, entre ellas invasiones extranjeras, guerras intestinas en las Tierras Bajas o una revuelta campesina. Muchos años después, las mismas causas siguen siendo válidas y es probable que hayan concurrido varias ele ellas simultáneamente para provocar tal catástrofe. Para comprender el colapso debemos centrarnos, sin embargo, en aquello que lo singulariza en la historia de la humanidad: el vertiginoso descenso de la población y la imposibilidad de recuperación. Como no se me ocurre una razón distinta para dar cuenta de estos acontecimientos, propongo que el meollo de esta devastación radica en el equilibrio entre población y medios de subsistencia durante el Clásico maya, en un ámbito de selva húmeda.

 

T. Patrick Culbert. Doctor por la Universidad de Chicago y profesor emérito de la de Arizona. Especialista en análisis cerámico, demografía y agricultura de las Tierras Bajas mayas.

 

Culbert, T. Patrick, “Población, subsistencia y colapso de la cultura maya”, Arqueología Mexicana núm. 52, pp. 66-71.

 

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