• 19-sep-2019

Surgimiento y decadencia de San Lorenzo, Veracruz. Del Ojochi al Nacaste

Ann Cyphers

El entorno de San Lorenzo, fuente de abundantes recursos alimenticios para su creciente población, fue uno de los factores que facilitaron su destacado desarrollo sociopolítico. Asimismo, las esculturas en piedra y otras construcciones contribuyeron a la cohesión social de la región, pues permitían que la gente contemplara, asimilara y trasmitiera los conceptos cosmológicos de la cultura olmeca.

 

San Lorenzo, Veracruz, al igual que muchas capitales antiguas y actuales del mundo, dominó un punto estratégico, lo que le permitió controlar la comunicación y el transporte terrestre y acuático. Antaño, esta temprana capital olmeca se extendió sobre una gran “isla” tropical, delimitada por ríos navegables y grandes llanuras de inundación en la cuenca baja del río Coatzacoalcos. Este entorno, fuente de abundantes recursos alimenticios para su creciente población, fue parte de los factores que facilitaron su destacado desarrollo sociopolítico.

La ocupación más antigua de San Lorenzo abarca dos fases: 1) la fase Ojochi, designada a partir del gran árbol conocido como ojoche (Brosimum alicastrum), que lamentablemente ya no existe pero hasta hace pocos años fue el ser viviente más antiguo del sitio; 2) y la fase Bajío. Desde estas fases, que van de 1500 a 1200 a.C., los fundadores buscaron un terreno elevado y seguro para construir sus viviendas y protegerse de las inundaciones anuales. En el lomerío bajo que cruza la isla en sentido norte-sur, los primeros olmecas fundaron en un punto alto y céntrico una aldea importante, San Lorenzo, la cual llegó a tener entre 100 y 200 habitantes antes de 1200 a.C. La región en que se hizo el re-conocimiento de superficie, que abarca 400 km2, contaba con pocos habitantes, entre 426 y 1 017 personas.

Por ese tiempo los olmecas emprendieron la construcción de montículos bajos en las grandes llanuras húmedas alrededor del sitio, con el propósito de explotar intensivamente los recursos. En cada uno de los 47 montículos bajos, que llamamos islotes, se llevaban a cabo actividades como la pesca, la caza, la recolección y la agricultura de inundación o recesión. El control exclusivo por parte de las familias fundadoras de los recursos de las llanuras mediante los islotes, pudo ser uno de los detonantes de la complejidad social. La temprana coordinación de la mano de obra para crear islotes quizá haya tenido un trasfondo cosmo-lógico, pues las “islas”–las pequeñas islas-islotes dentro de una isla de mayor tamaño– recuerdan uno de los conceptos cosmológicos más duraderos de Mesoamérica, el del “cerro sagrado”, que se concibe como un cerro rodeado por agua.

Entre 1200 y 850 a.C., se disparó el crecimiento poblacional y se intensificaron las actividades productivas y de subsistencia, con un progresivo interés en el cultivo de maíz. Una de las más notables actividades constructivas fue la modificación del terreno donde se encuentra San Lorenzo. Mediante millones de metros cúbicos de rellenos sedimentarios se le dio una nueva forma al sitio y se crearon distintos niveles de terrazas habitacionales alrededor de la cima de la loma. Este magno esfuerzo es testimonio de una planificación que no tiene paralelo en otros sitios de la misma época.

 

Cyphers, Ann, “Surgimiento y decadencia de San Lorenzo, Veracruz. Del Ojochi al Nacaste”, Arqueología Mexicana núm. 87, pp. 56-59.

 

Ann Cyphers. Doctora por la UNAM. Investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA), UNAM. Miembro del Comité Científico-Editorial de esta revista.

 

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