Por medio de la ictioarqueología, el estudio de huesos de peces, los arqueólogos revelan cómo los antiguos mayas yucatecos aprovecharon y comprendieron la riqueza pesquera de su entorno. Esta disciplina emergente no sólo nos permite conocer el pasado, sino que también aporta claves para la conservación de los ecosistemas acuáticos para el presente y el futuro.
Desde tiempos antiguos, el mar ha sido proveedor de recursos, vía de intercambio y espacio primigenio para las civilizaciones mesoamericanas. En las costas de la península de Yucatán, el mar proveía vías de comunicación, alimento y vínculos cosmogónicos. La iconografía de los peces en la región asocia a tiburones con el poder, espinas de rayas con el autosacrificio y bagres con los héroes gemelos del Popol Vuh, vinculados con la muerte y el renacimiento.
Hoy en día, los restos óseos de peces arqueológicos nos permiten reconstruir la historia cultural y ecológica de la pesca: cómo y dónde se pescaba, qué especies se conocían y cómo se integraba el mundo marino en la cosmovisión. Esta disciplina se conoce como ictioarqueología, rama de la zooarqueología dedicada al estudio de los restos arqueológicos de peces.
Durante mucho tiempo los huesos de peces fueron poco estudiados por su fragilidad y escasa recuperación. En la actualidad, las excavaciones sistemáticas y la consolidación de la zooarqueología permiten registrar una notable diversidad de peces en todo el México prehispánico (Polaco y Guzmán, 1997).
El área maya, particularmente la península de Yucatán, presenta el mayor registro gracias a su ubicación entre el Golfo de México y el Caribe. Los análisis indican que hubo pesca en lagunas costeras, arrecifes y estuarios. En toda el área maya se han identificado capturas desde el Arcaico hasta el Posclásico, lo que muestra la importancia continua del recurso. Entre los peces más frecuentes figuran tiburones (Carcharhinidae), bagres (Ariidae), robalos (Centropomidae), meros (Serranidae) y corvinas (Sciaenidae), aún consumidos en la actualidad. Otros, como el pez sierra (Pristis), el tiburón martillo (Sphyrna) o la cherna (Epinephelus itajara), hoy son escasos y se encuentran amenazados por la sobrepesca, la contaminación y el cambio climático (fig. 4).
En Yucatán la captura varió con el tiempo: en el Clásico se pescaban grandes tiburones y chernas en el Golfo, mientras en el Caribe predominaban bagres y roncos. Luego, en el Posclásico, en el Golfo abundó la pesca de especies menores y en el Caribe aumentó la pesca de grandes depredadores de arrecife, quizá por las prolongadas sequías que afectaron estuarios y la productividad pesquera de las costas del Golfo, dependiente de lluvias que alimentan los ríos subterráneos (Jiménez Cano, 2019).
Para leer más...
Jiménez Cano, N.G., y M. Rendón Cabrera, “Asando cazones bajo el sol del Campeche, México: una aproximación etnográfica e implicaciones ictioarqueológicas”, Etnobiología, 16 (1), 2018, pp. 73-86.
_____, “Pre‐Hispanic Maya fisheries and coastal adaptations in the northern lowlands from the Classic (500-900 AD) to Postclassic (900-1400 AD) periods”, International Journal of Osteoarchaeology, 29, 2019, pp. 469-476.
Phillips, D., “Pesas de pesca de Cozumel, Quintana Roo”, Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Yucatán, 36, 1979, pp. 2-18.
Polaco, O. J., y A.F. Guzmán, Arqueoictiofauna mexicana, INAH, México, 1997.
Nayeli G. Jiménez Cano. Arqueóloga por la UADY, maestra en ciencias en paleoecología humana por la Universidad de Durham y doctora en biología por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesora en la Universidad de California San Diego, donde estudia las interacciones entre sociedades antiguas y ambientes marinos a partir de enfoques arqueológicos, ecológicos y biomoleculares.
Tomado de Nayeli G. Jiménez Cano, “Mar de huesos. La pesca en la península de Yucatán desde la ictioarqueología”, Arqueología Mexicana, núm. 196, pp. 50-53.

