El parto en la sociedad tlatelolca

Salvador Guilliem Arroyo y Miriam Angélica Camacho Martínez

De acuerdo con los datos proporcionados por el Códice Xólotl, los tlatelolcas contaban su parentesco por ambas líneas con preferencia por la endogamia. En cuanto a su alimentación, la podemos obtener por medio de la información tributaria de Tlatelolco a Tenochtitlan, que consistía en escudos, trajes de guerrero, 800 bultos de mantas, cacao y chía, en especial cacao molido con harina de maíz, al que llamaban cacahuapinoli

Las mujeres eran una parte importante de la sociedad tlatelolca, pues mediante ellas se perpetuaba el linaje. El embarazo era motivo de regocijo entre la familia porque veían la vida uterina como un origen primigenio. Sin embargo, a la mujer se le consideraba que estaba en un estado liminar, momento en que el individuo es percibido en un estado indeterminado, transicional y en desequilibrio, lo que para los nahuas era peligroso. 

El parto era considerado como una batalla contra la muerte, donde el trofeo o cautivo era el recién nacido; la mujer luchaba por la perpetuidad de su grupo o linaje. Si pasaba más de un día y la mujer no paría, la metían al temazcal; la partera palpaba y enderezaba la criatura si se había puesto de lado o atravesada; si aún no paría, la ponían en una cámara cerrada con la partera, quien oraba e imploraba a las diosas Cihuacóatl y Quilztli. Si la comadrona diagnosticaba que la criatura ya estaba muerta (por falta de movimientos) preguntaba a la familia si procedía a realizar una embriotomía, que consistía en sacar con una navaja de piedra, por partes, el cuerpo de la criatura, lo que se realizaba para salvar a la madre. 

Si la mujer moría en el parto era llamada mocihuaquetzqui (la que se yergue como mujer), cihuapipiltin (mujer preciosa) o cihuateteo, se transformaba en un ser divino, y su muerte era equiparada con la muerte de un guerrero, y su destino era el cielo, la Casa del Sol, y residía en la parte occidental del cielo, el lado femenino del cielo masculino.  

Salvador Guilliem Arroyo. Arqueólogo por la ENAH. Maestro en estudios mesoamericanos por la UNAM. Director del Proyecto Tlatelolco de 1987 a 2025. 
Miriam Angélica Camacho Martínez. Arqueóloga por la UAZ. Doctora en antropología física por la ENAH. Profesora de la ENAH. 

Tomado de Salvador Guilliem Arroyo y Miriam Angélica Camacho Martínez, “La parturienta del Centro Cultural Universitario Tlatelolco”, Arqueología Mexicana, núm. 197, pp.  58-63.