• jueves, 17 de enero de 2019

3. El objeto de estudio. La cosmovisión de la tradición mesoamericana. Historia de un concepto: Mesoamérica

Alfredo López Austin

Historia de un concepto: Mesoamérica

Ya para el siglo XVI, con su amplio conocimiento del territorio conquistado, fray Bartolomé de las Casas pudo afirmar que las creencias religiosas de los indígenas constituían una unidad, pese a sus relativas variaciones. Siglos después, en la segunda mitad del XIX, dos opiniones autorizadas remarcaron la inicial observación del dominico. Una de ellas provino de Claude-Joseph Désiré Charnay, explorador y fotógrafo francés que en sus aventurados viajes a las zonas arqueológicas de México descubrió el extraordinario parecido entre elementos arquitectónicos y escultóricos de las ciudades de Chichén Itzá y Tula. La otra opinión que refrenda lo dicho por Las Casas es del sabio alemán Eduard Seler en varios de sus estudios, entre ellos la descripción de las pinturas del Patio A del Grupo de la Iglesia en Mitla, y su artículo “La unidad de las civilizaciones mexicana y centroamericana”.

Una apreciación ya generalizada entre los especialistas obtuvo su base teórica en las iniciales precisiones de los conceptos horizonte, rasgo, complejo y área culturales. Sirvieron para trazar mapas continentales con las demarcaciones de complejos de culturas que poseían semejanzas en muchos de sus rasgos. Lo anterior dio pie para que en el XXVII Congreso Internacional de Americanistas (1939) se creara el Comité Internacional para el Estudio de las Distribuciones Culturales de América. En este encuentro se comisionó a Wigberto Jiménez Moreno, a Paul Kirchhoff y a Roberto J. Weitlaner para que limitaran y definieran el área cultural de las sociedades emparentadas del centro y sur de México y de la mitad de Centroamérica. Kirchhoff siguió los lineamientos que se habían establecido para delimitar las áreas culturales, por lo que eligió algunos rasgos que eran exclusivos del territorio cuyo estudio se le había cometido, los que eran comunes entre este y otros territorios americanos y los que no existían en él. Con esta base, denominó y delimitó el área de Mesoamérica y la definió como “región cuyos habitantes, tanto los emigrantes muy antiguos como los relativamente recientes, se vieron unidos por una historia común que los enfrentó, como un conjunto, a otras tribus del continente, quedando sus movimientos migratorios confinados, por regla general, dentro de sus límites geográficos, una vez entrados en la órbita de Mesoamérica. En algunos casos participaron en común en estas migraciones tribus de diferentes familias o grupos lingüísticos”. Su breve estudio fue publicado por primera vez en 1943. En el estudio apareció el mapa delimitador, que señalaba como puntos extremos septentrionales los ríos Pánuco, Lerma y Sinaloa, y como los meridionales el Motagua y la península de Nicoya.

 

Alfredo López Austin. Doctor en historia por la UNAM. Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas (UNAM). Profesor de Posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM).

 

López Austin, Alfredo, “3. El objeto de estudio. La cosmovisión de la tradición mesoamericana. Historia de un concepto: Mesoamérica”, Arqueología Mexicana, edición especial núm. 68, pp. 42-43.

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