El Castillo de Chichén Itzá: un calendario astronómico

Orlando Casares Contreras et al.

Como es bien sabido, la ciudad de Chichén Itzá representó uno de los centros religiosos y de poder político más importantes durante el Posclásico Temprano (con evidencias que apuntan desde el Clásico Terminal) en la península de Yucatán. La pirámide conocida como El Castillo, por su belleza y el simbolismo de sus elementos arquitectónicos, se ha convertido en un emblema de gran exaltación de la cultura maya en México.

Uno de los más populares sucesos que ha hecho famoso al Castillo es la hierofanía conocida como el “descenso de Kukulcán” en los días del equinoccio. Sin duda, la silueta de una serpiente de luz solar deslizándose a lo largo de la balaustrada noroeste y culminando con la cabeza pétrea al pie de la pirámide, en un día astronómicamente tan importante, es una muestra de la gran maestría de los sacerdote-astrónomos mayas. Sin embargo, es necesario señalar que tal espectáculo se puede manifestar a lo largo de varios días antes y después de los equinoccios. Una manera de aclarar cómo evoluciona dicha hierofanía ha sido seguir el patrón de iluminación solar sobre la balaustrada a lo largo de todo el año.

Los mayas se valieron de sus conocimientos astronómicos, cifrados en las cuentas calendáricas, para alcanzar una admirable precisión en la medición del tiempo. Se puede afirmar que tal efecto lumínico fue uno de los objetivos buscados en el diseño y en la orientación de la pirámide. Por supuesto, el patrón de iluminación descrito anteriormente no sucede sólo en los días equinocciales, sino durante un cierto periodo, señalado en el presente artículo. Lo anterior sugiere claramente que una función de este juego de luz y sombra está determinada a partir de intervalos de días definidos por la estructura del calendario mesoamericano.

Como Montero y otros mostraron (2014), el paso cenital del Sol en Chichén Itzá está fuertemente vinculado al Castillo, ya que al amanecer y en el ocaso del Sol se señalan varios elementos arquitectónicos de este edificio. Por otra parte, considerando los momentos en los que el Sol se encuentra a la mitad del tiempo que requiere para cubrir el trayecto aparente entre ambas posiciones solsticiales, y las fechas en los que el Sol alcanza el nadir, que aunque no es observable, pero sí calendáricamente calculable, se puede ilustrar la partición del año solar de 365 días, dividido equilibradamente por importantes intervalos de días. Las fechas de esos momentos se pueden denominar equinoccios temporales o días de cuarto de año y difieren normalmente por dos días de las de los equinoccios astronómicos.

El intervalo señalado entre los momentos astronómicos de los pasos cenitales y los equinoccios temporales es de 63 días, el cual junto con el intervalo de 28 días conforman los 91 días representados por cada una de las cuatro escalinatas del Castillo para integrar 364 días. La cuenta solar se cierra con el día adicional número 365, ubicado aquí en el solsticio de invierno.

El registro de los intervalos [(28+63=91) x 4]+1=365 en el emplazamiento, orientación y diseño del Castillo en Chichen-Itzá, señala evidentemente al número 7, representando la cantidad de triángulos que por primera vez forman el cuerpo serpentino completo de la hierofanía, y al 9, el número de cuerpos de la pirámide, como la clave para obtener: 63=7x9, 28=7x4 y 91=7x13. De esta forma, los mayas asignaron al Castillo la función del axis mundi. Así se logró conectar el ámbito celeste, simbolizado por el 13, con el ámbito subterráneo del inframundo, representado por el 9, a través de la superficie de la Tierra, en la que la serpiente de luz se posa para fertilizar el ámbito donde los seres humanos habitan.

Orlando Casares Contreras. Doctor en historia del arte por la Universidad de Murcia, España. Investigador del Centro INAH Yucatán. Líneas de investigación: arqueoastronomía y cosmovisión, museos y patrimonio cultural. Tiene varias publicaciones en esos temas.
Ismael Arturo Montero García. Arqueólogo. Maestro en historia de México, doctor en Antropología por la ENAH y posgrado en antropología ecológica por la Universidad Iberoamericana. Director del Centro de Investigación y Divulgación de la Ciencia de la Universidad del Tepeyac.
Jesús Galindo Trejo. Licenciado en física y matemáticas por el IPN. Doctor en astrofísica por la Universidad del Ruhr Bochum, Alemania. Labora en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Su investigación se centra en la arqueoastronomía del México prehispánico. Es miembro del SNI.
David Wood Cano. Licenciatura por la UAM en el área de ciencias sociales y humanidades. Integrante del Seminario de Arqueoastronomía, ENAH-UNAM. Ha realizado investigaciones calendáricas y sobre arqueoastronomía.

Tomado de Orlando Casares Contreras et al., “El Castillo de Chichén Itzá. Evocación de un mensaje majestuoso de trascendencia calendárica”, Arqueología Mexicana, núm. 197, pp. 78-87.