• 13-sep-2019

Chaac, la sacralidad del agua

Mercedes de la Garza C.

Las entidades sagradas de los mayas no eran “ídolos”, como las catalogaron los conquistadores, sino energías o materialidades etéreas, sutiles, imperceptibles para los sentidos ordinarios, que se presentan ante los hombres en múltiples representaciones, que pueden ser antropomorfas, zoomorfas o fitomorfas, y que también se manifiestan en sus propias imágenes, hechas por los hombres, durante los ritos. Fray Diego de Landa corrobora esta idea de los dioses cuando afirma: “Bien sabían ellos que los ídolos eran obras suyas y muertas y sin deidad, mas los tenían en reverencia por lo que representaban y porque los habían hecho con muchas ceremonias, especialmente los de palo” (Landa, 1966, p. 48).

Los llamados “dioses” son esas imágenes, tanto plásticas como simbólicas, que representan seres sobrenaturales formados con rasgos muy estilizados de diversos animales y plantas, los cuales a veces toman formas humanas. Los dioses aparecen en los relieves, las esculturas, las pinturas, la cerámica y los códices prehispánicos, en los textos jeroglíficos y en los libros mayas coloniales. Y muchos de ellos siguen siendo venerados hasta hoy en las comunidades mayanses.

Uno de los principales dioses mayas, tal vez el más venerado y representado, sobre todo en la península de Yucatán durante el periodo Posclásico, fue Chaac, dios de la lluvia, el rayo, el relámpago y el agua en general.

El nombre proviene de las fuentes escritas coloniales, en las que también aparece como héroe cultural; el Diccionario de Motul dice que Chaac “…fue un hombre así de grande que enseñó la agricultura, al cual tuvieron después por Dios de los panes, del agua, de los truenos y relámpagos”. El Chilam Balam de Chumayel coincide con el Diccionario de Motul, pero al aludir a un aspecto múltiple del dios, asienta: “Los chaques no eran dioses, eran gigantes”.

Efectivamente, Chaac es una de las deidades cuádruples, que son las que señorean en los cuatro rumbos del cosmos, como los itzamnaes, los pahuahtunes y los bacabes. Las fuentes coloniales afirman que es el dios de las milpas, por su importancia en el cultivo del maíz y otros productos. Dice Landa que en el día yax hacían una fiesta en honor de los chaques, “que tenían por dioses de los maizales” (Landa, 1966, p. 73). Y hasta hoy se cree en la península que los chaques protegen las milpas.

 

Garza C., Mercedes de la, “Chaac, la sacralidad del agua”, Arqueología Mexicana núm. 96, pp. 35-39.

 

 Mercedes de la Garza. Doctora en historia por la UNAM. Investigadora del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas (UNAM), con especialidad en historia y religión mayas.

 

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