• 19-jul-2019

“De las señales que precedieron antes de la Conquista” en la obra de Diego Muñoz Camargo

Manuel A. Hermann Lejarazu

El historiador mestizo Diego Muñoz Camargo escribió una de las obras más importantes de la historia antigua de Tlaxcala: Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de la Nueva España e Indias del mar océano… , gracias al encargo del alcalde mayor, Alonso de Nava, para dar respuesta al cuestionario histórico-geográfico enviado por el rey de España, Felipe II. Diego Muñoz nació en 1529 y fue hijo del conquistador y poblador español Diego Muñoz y de Juana de Navarra, indígena noble de Tlaxcala. Aunque no se tienen muchos datos sobre su infancia, se sabe que Diego recibió una buena educación cristiana y gozó de una posición económica acomodada.

Desde muy joven, Muñoz Camargo vivió en la ciudad de México y tuvo oportunidad de conocer y llegar a consultar las obras de importantes religiosos que habían escrito sobre las antigüedades indígenas antes de la conquista. De manera que estaba familiarizado con los textos de fray Andrés de Olmos, Jerónimo de Mendieta, fray Bernardino de Sahagún y Toribio de Benavente, entre otros. Mientras ocupaba el cargo de intérprete oficial en la alcaldía de Tlaxcala, en 1581, Muñoz Camargo fue comisionado por el alcalde De Nava para escribir la Descripción  y cumplir así el requisito que demandaba la “Instrucción y memoria de las relaciones”. Algunos autores, como Luis Reyes (1998: 33-38 y 53), sostienen que el historiador mestizo ya había escrito obras previas entre 1560 y 1576, que le dieron la pauta para reestructurar su obra y componer finalmente la Descripción  solicitada.

Cabe aclarar también que esta obra fue llevada personalmente por el propio Muñoz Camargo a las manos de Felipe II, en 1583, pero en vez de entregar su original, se realizó una copia en la corte española que le permitió al tlaxcalteca regresar con su manuscrito a su tierra de origen (Acuña, 1984, p. 10). Para la redacción de su texto, Diego Muñoz Camargo no sólo había consultado las obras de los franciscanos ya mencionados sino también, dada su posición privilegiada entre la nobleza indígena, tuvo acceso a códices que registraban la historia y genealogías de los linajes tlaxcaltecas de la época prehispánica. Incluso pudo allegarse otras fuentes redactadas en náhuatl y español por nobles o descendientes de las antiguas casas señoriales.

Un buen ejemplo de la información extraída de otras obras se puede identificar en los párrafos dedicados a “las señales que hubo en esta Nueva España antes de la venida de los españoles” (Acuña, 1984, pp. 209-212). En estos pasajes, vemos que el historiador mestizo reprodujo claramente los textos de Sahagún en que se describen los ocho prodigios que anunciaron la conquista de México, aunque también agrega un par de relatos más que debieron provenir de las fuentes originadas en la región tlaxcalteca.

No obstante, el historiador tlaxcalteca dedica un pequeño texto introductorio, que no se encuentra en la Historia general  de Sahagún, a lo que parece una reflexión personal sobre el carácter de los ocho presagios:

 

Como el demonio, enemigo del género humano, estuviese tan apoderado destas gentes, siempre les traía engañados y jamás les encaminaba en cosas que acertasen, sino con que se perdiesen y desatinasen. Y, como nuestro Dios y sumo bien tuviese ya tanta piedad y misericordia de tanta multitud de gentes, comenzó con su inmensa bondad de enviar mensajeros y señales del cielo para su venida, las cuales pusieron gran espanto a todo este nuevo mundo (Acuña, 1984, p. 209).

 

Entonces, podemos deducir que para Muñoz Camargo los ocho presagios de la conquista fueron señales enviadas por Dios para dar fin a las tribulaciones que el demonio causaba entre los naturales antes de la llegada del evangelio. Por lo tanto, debido precisamente a su sólida formación cristiana, para el historiador de Tlaxcala los prodigios anunciaban en realidad la salvación de las naciones indias y una manera en la que Dios se manifestaba para anunciar su llegada.

Regresando a la obra, Muñoz Camargo señala que mientras los habitantes de México sufrían esas temibles y fatídicas señales (entre las que podemos mencionar rápidamente la columna de fuego que cruzaba el cielo; el rayo que cayó en el templo de Tzonmolco dedicado a Xiuhtecuhtli, o la aparición del gran cometa), en la provincia de Tlaxcala sucedieron calamidades peculiares que pronosticaban el fin del mundo:

 

La primera señal fue que, cada mañana, se veía una claridad que salía de las partes de oriente, tres horas antes que el sol saliese, la cual claridad era a manera de una niebla blanca muy clara, la cual subía hasta el cielo. Y, no sabiendo qué pudiese ser, les ponía gran espanto y admiración.

Veían otra señal maravillosa: que se levantaba un remolino de polvo a manera de una manga, la cual se levantaba desde encima de la sierra de Matlalcueye, la cual manga subía en tanta altura, que parecía que se clavaba en el cielo. Esta señal se vio muchas y diversas veces, más de un año continuo, que ansí mismo ponía espanto y admiración (Acuña, 1984, p. 212).

 

Si observamos con cuidado, la primera señal de Muñoz Camargo en Tlaxcala es bastante parecida a la de Sahagún (1989, II, pp. 817-818), quien también registra como primer prodigio una llama de fuego grande y resplandeciente que se levantaba en el cielo por la parte del oriente. En cuanto a la segunda señal, el remolino de polvo que subía como una columna o manga desde la cima de la sierra de Matlalcueye, parece un prodigio de procedencia más local, pues el propio Muñoz Camargo comenta que los antiguos caciques habían dejado noticias así:

 

…pero que sus antepasados habían dejado dicho que cuando las sierras muy altas humeasen y echasen fuego de sí que sería cerca el acabamiento del mundo y que habrá grandes mortandades de gentes y que ya aquello se iba cumpliendo, pues sabían claramente que la gente se moría y acababan sin podello remediar y que no sabían otra cosa… (Muñoz Camargo, 1998, p. 280).

 

Al parecer, el historiador tlaxcalteca repite algunos modelos de los presagios ya descritos por Sahagún anteriormente, por lo que sólo reformula para su región una cierta variante de la claridad o gran fuego que surge en el cielo. Y, por otra parte, reinterpreta tradiciones locales sobre posibles erupciones de los volcanes de la parte oriental del valle de Puebla- Tlaxcala y los erige como señales inminentes de la llegada de los españoles.

 

Manuel A. Hermann Lejarazu. Doctor en estudios mesoamericanos por la unam. Investigador en el ciesas-D.F. Se especializa en el análisis de códices y documentos de la Mixteca, así como en historia prehispánica y colonial de la región. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

 

Lejarazu, Manuel A. Hermann, “ ‘De las señales que precedieron antes de la Conquista’ en la obra de Diego Muñoz Camargo”, Arqueología Mexicana, núm. 156, pp. 84-85.

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