• 26-nov-2020

El cenote Xlacah Dzibilchaltún, Yucatán

Rubén Maldonado Cárdenas

El cenote Xlacah aún conserva la belleza de sus transparentes aguas y su riqueza de flora y fauna. Los vestigios encontrados en el cenote –entre ellos vasijas, huesos tallados y objetos de madera– ofrecen valiosa información sobre los mayas antiguos que habitaron en las cercanías del cenote.

 

El hábitat que rodea a Dzibilchaltún es una planicie calcárea, sin aguas superficiales, excepto un cenote con agua permanente a ras del suelo, alrededor del cual se asentaron los primeros pobladores de esa región durante el Preclásico Medio y el Preclásico Tardío (500 a.C.-250 d.C.). Tal vez debido a esto el cenote fue llamado, en lengua maya, Xlacah, que significa “pueblo viejo”. Este estanque natural mide alrededor de 100 m de largo en su eje norte-sur, por 200 m en el eje este-oeste. En su parte más profunda toma una forma inclinada y alcanza los 44 m en el noreste, hacia donde se abre una amplia galería horizontal y oscura, cuyo extremo se desconoce.

Los antiguos mayas protegieron con muros de retención la orilla del cenote y construyeron una plataforma mediana muy próxima a él. En su extremo este, que es el menos profundo, hubo otra pequeña plataforma, hoy desaparecida, que llegaba al manto acuífero y permitía a la población disponer del agua con facilidad. Bajo el suelo de Dzibilchaltún el nivel del agua se encuentra a 3 m, motivo por el cual sus habitantes pudieron excavar pozos, ampliando cavidades naturales poco profundas para alcanzar el agua del subsuelo.

La agricultura fue el principal medio de subsistencia de Dzibilchaltún, aunque también se obtenían productos marinos debido a su cercanía con el mar (18 km). Esto favoreció un rápido crecimiento de la población, aunque parece haberse producido un descenso durante el Clásico Temprano (250-600 d.C.), pues la arquitectura fue escasa en esta etapa. Durante el Clásico Tardío y el Clásico Terminal (600-1000 d.C.) se dio el máximo crecimiento y florecimiento de Dzibilchaltún, llegando a convertirse en un centro urbano de más de 10 km2, con una población aproximada de 20 000 habitantes. La mayoría de los edificios con techos abovedados se construyó durante ese periodo, como el Grupo de las Siete Muñecas, los edificios principales de la gran plaza central y el sistema de caminos interno. Posteriormente, en el Posclásico (1000-1500 d.C.), comenzó el declive del sitio.

 

Los trabajos arqueológicos

 

Las investigaciones realizadas recientemente por el inah en el sitio permitieron detectar vestigios de los primeros pobladores en las cercanías del cenote Xlacah, los cuales estaban enterrados bajo las subestructuras arquitectónicas Sub 45 Sur y Sub 45 Norte, que rodean al cenote y están cubiertas en su totalidad por construcciones de épocas posteriores. También se han encontrado evidencias de una plaza menor situada a un nivel más bajo y orientada hacia el cenote; posteriormente, esta plaza fue rellenada para nivelar la plaza central, de dimensiones mayores. Así, el cenote terminó inmerso entre los edificios que conformaron la zona central de Dzibilchaltún, hacia el lado suroeste de la principal plaza prehispánica del sitio. Al parecer en las épocas de sequías estacionales prolongadas, el cenote, con su agua permanente, debió de ser un factor de atracción para las comunidades aledañas, lo que tal vez propició el crecimiento del sitio.

El cenote Xlacah fue explorado a mediados del siglo pasado por un grupo de buceadores: Robert Marx, Luis Marden y Fernando Euan, como parte de un proyecto mayor que se llamó “Programa de investigación de la península de Yucatán”, dirigido por el doctor Wyllys Andrews IV, con recursos de la National Geographic Society y el Middle American Research Institute de la Universidad de Tulane. Los trabajos de exploración del sitio comenzaron en 1956 y duraron cerca de una década.

 

Maldonado Cárdenas, Rubén, “El cenote Xlacah Dzibilchaltún, Yucatán”, Arqueología Mexicana núm. 83, pp. 46-49.

 

• Rubén Maldonado Cárdenas. Maestro en ciencias antropológicas por la ENAH. Arqueólogo investigador del Centro INAH Yucatán. Director del Proyecto Dzibilchaltún, INAH.

 

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