• viernes, 24 de mayo de 2019

El oro en la boca del ciempiés. Los artefactos centroamericanos del Cenote Sagrado de Chichén Itzá

James A. Doyle

Los mayas de Chichén Itzá depositaron dentro del Cenote Sagrado cientos de artefactos de oro. Figuras, cascabeles y placas fueron recuperados gracias a investigaciones arqueológicas en el siglo XX. Algunos artefactos, hechos originalmente en Centroamérica, reflejan una interacción entre los mayas y sus vecinos al sur en Costa Rica y Panamá.

 

Entre el siglo VIII y la llegada de los españoles, los residentes en el sitio de Chichén Itzá, en el norte de la península de Yucatán, construyeron algunas de las pirámides más emblemáticas del mundo maya. Un camino ceremonial conecta las plazas mayores y los edificios de Chichén Itzá con el Cenote Sagrado, al que peregrinaban individuos o grupos cuyo propósito era presentar ofrendas a los ancestros, deidades o al inframundo. Los cenotes, que se producen cuando el agua subterránea erosiona la roca madre de piedra caliza y forman una cueva que se colapsa posteriormente, fueron lugares centrales en la cosmología maya: eran los portales entre el mundo terrenal y el inframundo acuático. Los cenotes en el arte maya se representan como las mandíbulas abiertas de un gran ciempiés. El arte de Chichén Itzá se conoce más por la influencia de varios estilos, como el de los toltecas del Centro de México. Sin embargo, las obras en oro procedentes del Cenote Sagrado también muestran una interacción artística con las sociedades centroamericanas contemporáneas de Costa Rica y Panamá.

 

Las ofrendas

Gracias a las investigaciones arqueológicas del siglo XX en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá se recuperaron restos humanos y una impresionante gama de productos de lujo, resultado de constantes ofrendas de los habitantes locales o visitantes de lugares lejanos. Cientos de objetos de jade, el material más valioso para los antiguos mayas en el curso del tiempo, fueron arrojados al Cenote Sagrado. Collares de cuentas, placas y otras insignias, tal vez ofrendadas por sus poseedores originales, permanecieron después entre los sedimentos en el fondo de la superficie azul-verde del agua.

El Cenote Sagrado era entonces bien conocido como un notable y peculiar portal al más allá. Los objetos más excepcionales del cenote son aquellos que desaparecieron con el paso del tiempo en otras partes de las Tierras Bajas mayas: vestidos de tela y cuero, fragmentos de calabaza decorados y objetos de madera como cetros, figuras, armas y adornos. Algunas ofrendas se preservaron enteras, como los recipientes de cerámica con grandes cantidades  de resina de copal en los que los mayas colocaron cuentas de jade. En su conjunto, tales ofrendas abren una ventana al mundo ritual del periodo Clásico, que de otra manera sería casi desconocido.

 

James A. Doyle. Curador asistente sobre arte de la América antigua en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Doctor en antropología por la Universidad de Brown.

 

Doyle, James A., “El oro en la boca del ciempiés. Los artefactos centroamericanos del Cenote Sagrado de Chichén Itzá”, Arqueología Mexicana núm. 144, pp. 40-43.

 

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