• miércoles, 14 de noviembre de 2018

Emblemas y relatos del mundo prehispánico en el arte mexicano del siglo XIX

Fausto Ramírez

Entre los emblemas del mundo prehispánico que aparecen en el arte mexicano del siglo XIX hay elementos como el águila, el nopal y la serpiente, los volcanes, la Libertad y la Patria, Quetzalcóatl, la Piedra del Sol, así como las figuras de Moctezuma y Cuauhtémoc, entre otros.

 

En 1844, Jesús Corral pintó un cuadro alegórico para celebrar la próxima reorganización de la enseñanza de las artes en la Academia de San Carlos de México, garantizada por un decreto presidencial firmado por Vicente Canalizo (en una de las repetidas ausencias temporales de la Presidencia, que eran habituales durante las gestiones de Antonio López de Santa Anna), como parte de un ambicioso programa de reestructuración del sistema educativo en México.

El centro de la composición lo ocupa el emblema del águila parada sobre un nopal, en medio de un lago y apresando con sus garras a una serpiente, el venerable símbolo indígena de la fundación de Tenochtitlan que, desde los años de la insurgencia, empezó a ser utilizado, con un franco sentido de afirmación independentista, como signo de la patria nueva que se estaba gestando. Pero, aquí, no lo rodean los habituales “trofeos” militares, antiguos y modernos, que evocaban las cruentas luchas que marcaron el nacimiento del México independiente; aparecen, en cambio, los emblemas de las “nobles artes” que se enseñaban en la Academia: la pintura, la escultura, la arquitectura, en su doble aspecto práctico y teórico, los que, asociados al ambiente auroral evocado al fondo del cuadro, tras del gorro frigio de la libertad, sugieren la promesa de un renacimiento de la patria bajo el signo de la cultura.

La adopción del emblema de fundación de la antigua capital de los aztecas como símbolo de la nación independiente en su totalidad geográfica, su incorporación como escudo en la bandera trigarante, y su reiteración sobre los más variados soportes materiales trabajados mediante diferentes técnicas (pinturas, monedas y medallas, estampas, bordados, tallas exentas y relieves, etc.) le otorgó a dicho emblema una representatividad simbólica prontamente consensuada, a lo largo y a lo ancho del país. No hay otro símbolo prehispánico que pueda comparársele en cuanto a su valor como signo de identidad nacional por antonomasia.

 

La naturaleza y la cultura prehispánica como símbolos

 

El escudo nacional combina referencias simultáneas a la naturaleza y a la cultura características del Altiplano Central: el águila, la serpiente, el nopal, la roca en medio del lago, como parte integrante de la profecía que Huitzilopochtli, deidad tutelar de los aztecas, le hiciera a “su” pueblo como signo y meta de un “éxodo” o peregrinación emprendido por inspiración “divina”, y felizmente llevado a término.

 

Ramírez, Fausto, “Emblemas y relatos del mundo prehispánico en el arte mexicano del siglo XIX”, Arqueología Mexicana núm. 100, pp. 54-61.

 

Fausto Ramírez. Maestro en historia del arte por la Universidad Iberoamericana. Investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM. Su campo de estudio es el arte moderno en México. Ha colaborado con el Museo Nacional de Arte, INBA, en labores de curaduría de diversas exposiciones y como autor en los catálogos correspondientes.

 

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