• 23-ago-2019

Escarificación

Enrique Vela

La escarificación es producto de un proceso simple, menos laborioso que el del tatuaje, pero sin duda bastante doloroso. En la época prehispánica para lograrla se hacían heridas o incisiones en la piel, siguiendo un diseño predeterminado, en las que se introducía tierra, carbón o piedras pequeñas, de tal modo que la cicatriz resultante tuviera volumen y en conjunto formara un diseño claramente distinguible.

Aunque parece haberse practicado entre las distintas culturas mesoamericanas, la mayoría de los ejemplos en los que es clara la escarificación proceden del Occidente de México, la Huasteca y el área maya. Para esta última, vale la pena mencionar la descripción de esa práctica que en 1613 hizo Pedro Sánchez de Aguilar en su Informe contra idolorum cultores del obispado de Yucatán, cuando señala que para demostrar su importancia los señores mayas se “sajaban” el cuerpo con lancetas de piedra, seguramente de obsidiana o pedernal, hasta que sangraban y en las heridas colocaban tierra negra o carbón. Cuando las heridas sanaban las cicatrices formaban diseños con forma de serpientes y águilas.

Entre los mayas la escarificación más frecuente se hacía sobre el rostro, con frecuencia en las mejillas y en la barbilla, aunque existe un tipo también usual que consiste en escarificaciones que van del entrecejo a la punta de la nariz. En el Occidente de México son además comunes las escarificaciones sobre brazos y hombros, en no pocos casos bastante abundantes.

 

Enrique Vela. Arqueólogo por la ENAH, editor, desde hace 30 años trabaja en el ramo editorial.

 

Vela, Enrique, “Escarificación”, Arqueología Mexicana, edición especial núm. 37, pp. 62-67.

 

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