• 1-abr-2020

Estudios arqueométricos modernos. Zonas geográficas de uso del oro

José Luis Ruvalcaba Sil

El oro se encuentra frecuentemente en la naturaleza como una aleación con otros metales nobles, por ejemplo, la plata y el cobre. La proporción relativa de esos elementos químicos permite diferenciar las aleaciones. Existen además novedosas técnicas de análisis in situ, como la fluorescencia de rayos X, para medir con rapidez la concentración de tales elementos en un artefacto metálico mediante equipos portátiles, sin tomar muestras ni dañarlo.

 

La nobleza del oro

El oro es el metal más noble, no se oxida y no se corroe, por lo que permanece prácticamente sin cambio. Es blando y tiene un color amarillo brillante. Estas características y propiedades llamaron la atención de las civilizaciones desde la antigüedad. En la naturaleza el oro se puede encontrar con una alta pureza, pero también puede hallarse formando una aleación con plata y cobre. Las pepitas y vetas de oro tienen una composición característica en cada lugar, de tal manera que la diversa proporción de plata y cobre, así como elementos que se presentan como impurezas de platino, paladio y estaño, entre otros, permiten determinar su procedencia y la explotación de yacimientos mediante la comparación entre muestras de distintas fuentes de oro.

 

El oro de los artefactos

En el caso de artefactos metálicos, las pepitas y el polvo de oro son fundidos para producir aleaciones que se emplean en la elaboración de láminas o de piezas fundidas por el método de la cera perdida. Esto hace difícil para los científicos determinar las fuentes de oro, pues al fundir y mezclar las aleaciones naturales se alteran las proporciones de los elementos químicos característicos de los yacimientos. En algunos casos las proporciones no cambian demasiado, y es posible inferir la procedencia más probable de las aleaciones. En otras regiones y civilizaciones, los artefactos son fundidos para dar lugar a otros objetos –esto es muy frecuente en el caso de monedas–, de manera que con cada fundición la posibilidad de identificar la procedencia disminuye. Dado el carácter ritual y simbólico de los artefactos de oro en Mesoamérica, este proceso de refundido parece no haber sido muy usual.

Debemos considerar además que la composición de las aleaciones para realizar un objeto puede verse influida por decisiones tecnológicas, como cuando se agrega intencionalmente plata o cobre a una aleación rica en oro para mejorar sus propiedades mecánicas; o bien por decisiones culturales que pueden privilegiar un aspecto particular del objeto, como el color del metal. Lo anterior implica alterar la composición de la aleación o bien de la composición de la superficie de los objetos mediante técnicas de dorado. En el caso de Mesoamérica se han descubierto piezas con diversos procesos de dorado.

Así pues, conocer la composición de los artefactos de oro es relevante para determinar la procedencia más probable del metal, la tecnología y las preferencias culturales de los pueblos mesoamericanos, así como las influencias y el intercambio con otras regiones. Aún es necesario realizar más investigación de talleres y de yacimientos aluviales para profundizar en tales aspectos.

 

El poder de la luz: la fluorescencia de rayos X

 Los rayos X son luz de alta energía, viajan en línea recta y su misma energía los hace muy penetrantes. Es sabido que por la exposición a rayos X puede obtenerse una imagen del interior de un objeto. Además de esta interacción, los rayos X son capaces de inducir la emisión de rayos X que son específicos de los átomos de un material y de su concentración en el mismo –como una huella digital. A este fenómeno se le denomina fluorescencia de rayos X y constituye la base de una técnica muy versátil y sensible para el estudio de los materiales y objetos arqueológicos e históricos. En particular, esa técnica es ideal para el análisis de artefactos metálicos de oro, pues éstos se caracterizan por una superficie prácticamente inalterada.

Los avances en la tecnología de los vehículos espaciales impulsó el desarrollo de sistemas portátiles de fluorescencia de rayos X basados en fuentes de rayos X de baja potencia y sensores más pequeños y eficientes para captar rayos X emitidos por los materiales. Este tipo de dispositivos pueden emplearse para estudiar la composición químico elemental de los materiales arqueológicos e históricos y las obras de arte. Novedosos equipos portátiles han sido desarrollados en el Instituto de Física de la UNAM  para examinar mediante fluorescencia de rayos X regiones específicas de los artefactos de oro, con notable sensibilidad y rapidez y sin alterar los objetos. En la primera figura se muestra el sistema de análisis no destructivo por rayos X (SANDRA) durante el análisis de artefactos de oro de las ofrendas de la Tumba 7 de Monte Albán, Oaxaca. Tal equipo analiza la composición en diversas regiones, lo cual permite medir la homogeneidad de la composición y la existencia de procesos tecnológicos como dorados, o soldaduras, en las piezas. Para medir el porcentaje de los elementos químicos en los artefactos se emplean aleaciones de referencia, homogéneas y con una composición conocida.

 

José Luis Ruvalcaba Sil. Doctor en ciencias (física). Desde 1997 es investigador del Instituto de Física de la UNAM. Experto en diversas espectroscopías para el estudio no invasivo del patrimonio cultural. Coordina el Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y Conservación de Patrimonio Cultural (LANCIC).

 

Ruvalcaba Sil, José Luis, “Estudios arqueométricos modernos. Zonas geográficas de uso del oro”, Arqueología Mexicana núm. 144, pp. 68-71.

 

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