• domingo, 24 de junio de 2018

Flora que ha aportado México al mundo

Edelmira Linares, Roberto Bye

La región de Mesoamérica ha aportado al mundo múltiples especies, procedentes de sus diversos tipos de vegetación, en especial plantas comestibles y con usos medicinales y ornamentales. Muchas han sido llevadas a otras regiones del mundo, donde se han manipulado y diversificado, dando origen a una gran profusión de cultivares, ahora disponibles para la industria hortícola y agrícola mundial, de gran importancia económica.

 

La región conocida como Mesoamérica abarca la mitad meridional de México, los territorios de Guatemala, El Salvador y Belice, así como el occidente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Esta área comparte rasgos culturales importantes, entre ellos, la alimentación, basada en el cultivo del maíz y plantas asociadas: la milpa. La geografía y orografía de Mesoamérica han sido determinantes en su gran diversidad de climas y ecosistemas, así como en su diversidad cultural, y han favorecido la selección y domesticación de gran cantidad de especies. En este trabajo nos centraremos en las plantas que a lo largo de la historia han tenido usos comestibles, medicinales y ornamentales, principalmente, y que se han difundido más allá de nuestras fronteras. Las agrupamos por tipos de vegetación y profundizaremos en algunas de las menos difundidas y que actualmente son la base de industrias de importancia a nivel mundial o que son especies promisorias. Aunque existen otras plantas de gran importancia, que pueden utilizarse como colorantes, como madera o con fines rituales, las dejaremos para una contribución futura.

 

La milpa, un muestrario de especies útiles

Entre las especies botánicas que México ha brindado a la humanidad destacan de manera inmediata las que se cultivaron como parte de la milpa y que formaron la tríada mesoamericana: 1) el maíz (Zea mays), del cual actualmente sólo en México existen alrededor de 60 razas; 2) los frijoles, con cinco especies comestibles principales: Phaseolus vulgaris (con multitud de cultivares), P. coccineus, P. acutifolius, Phaseolus lunatus y P. Phaseolus polyanthus; y 3) las calabazas, con cuatro especies principales: Cucurbita pepo, C. ficifolia, C. argyrosperma, C. moschata. Además se emplearon múltiples especies, como quelites, tal es el caso de los quintoniles (Amaranthus spp.), los quelites cenizos, los huauzontles (Chenopodium berlandieri subsp. nuttalliae) y el epazote (Dysphania ambrosioides), que los jesuitas popularizaron en Sudamérica y que fue conocido como té de jesuita, entre muchas otras (fig. 1).

Diferentes especies de la milpa han sido la base de innumerables salsas y guisados tradicionales, de gran importancia cultural en México y Mesoamérica, como chile (Capsicum annuum y C. sinense), miltomate o tomatillo (Physalis philadelphica) y jitomatito de milpa (Solanum lycopersicum var. cerasiforme), entre otras más, las cuales han sido la base de múltiples platillos tradicionales y regionales.

 

Las selvas secas o selva baja caducifolia

Entre las regiones geográfico-florísticas que más especies de múltiples usos han aportado están las selvas secas, también conocidas como selvas bajas caducifolias. Este tipo de vegetación permanece “seca” una parte del año, los arbustos y árboles más conspicuos se observan sin hojas y dan la impresión de que todo está seco, fisonomía que cambia drásticamente con las lluvias.

 

Plantas comestibles, medicinales y ornamentales

Hay una gran variedad de plantas comestibles como: las guayabas o xaxócotl (Psidium guajava), el zapote negro (Diospyros digyna), los pápalos o papaloquílitl (Porophyllum spp.) (condimentos insignia del estado de Guerrero y Morelos), el guaje o uaxin (Lucaena spp.), las ciruelas o xócotl (Spondias spp.), los nanches (Byrsonima spp.), las chirimoyas (Annona cherimola) y la guanábana (Annona muricata). Otro grupo de especies de gran importancia comestible y artesanal desde la época prehispánica, y que actualmente se emplean en muchos países del mundo por sus propiedades nutracéuticas, son las chías, chian o chiyan, vocablo del náhuatl que se refiere a semillas pequeñas. Este término se aplica a varias especies de la familia Lamiaceae, que además de presentar semillas pequeñas, al humedecerse el mucílago que las envuelve, se hidratan y se vuelven “babosas” o viscosas. Antiguamente eran de gran importancia alimenticia en Mesoamérica, sobre todo las especies que ahora conocemos comúnmente como chía pinta o chía blanca (Salvia hispanica) y chian negro o blanco (Hyptis suaveolens), las cuales se obtenían mediante tributo y eran consumidas en forma de pinole, atole o la bebida no alcohólica denominada bate (Zizumbo-Villareal et al., 2014), así como en tamales, como germinados o semillas tostadas.

Entre las especies medicinales de gran uso en la elaboración de tés o infusiones, o como medicamentos de patente reconocidos mundialmente por su eficacia, está el cuachalalate (Juliania adstringens), el cual ha demostrado su valor en el tratamiento de la gastritis. Otras plantas medicinales son: el palo de Brasil o tlahcuilolquáuitl (Haematoxylum brasiletto) y el toloache o tolohuaxíhuitl (Datura spp.), del cual existen en nuestro país 14 especies, pero la más empleada es D. stramonium. Esta especie ya es consignada como medicinal y empleada como cataplasma en el Códice de la Cruz-Badiano. Lo mismo se indica en el Códice Florentino, donde se hace la aclaración que esta planta emborracha y los que la comen enloquecen permanentemente, por lo cual su empleo es muy delicado y debe ser siempre local y nunca ingerida (fig. 2).

Una planta de gran importancia ornamental y ritual en nuestro país es sin duda el cempasúchil o cempoalxóchitl, nombre náhuatl que significa “veinte flores” (Tagetes erecta), esta especie ha sido adoptada en todo el mundo como una planta ornamental. Para los mexicanos es una planta asociada con los festejos de los Días de Muertos (1 y 2 de noviembre), cuando los altares de las casas y los panteones se visten de amarillo (fig. 3).

La flor de mayo o cacaloxóchitl (Plumeria rubra), así conocida por la época de su floración, actualmente es de gran importancia en la industria hortícola por su valor ornamental, debido a sus múltiples colores florales (blanco, rosa, amarillo y rojo) y a su agradable olor, que recuerda al jazmín. Sus flores han sido empleadas desde la época prehispánica en la elaboración de guirnaldas; antiguamente se ofrendaban a los señores importantes y hoy se usan en los collares ofrecidos a los visitantes en las islas Hawaii (fig. 4).

Otras especies muy apreciadas a nivel mundial son diversas orquídeas, a las que Francisco Hernández, protomédico de Felipe II, llamó “plantas dignas de verse”, como los dieguitos o tzacuxóchitl (varias especies de Laelia, en especial Laelia speciosa, L. autumnalis), las cuales además se empleaban como adhesivo en el arte plumario (Sahagún, 1961) y para fijar los pigmentos en vestimentas. Otras especies de orquídeas muy apreciadas a nivel mundial son los toritos o coatzontecoxóchitl (Stanhopea spp.), que además de producir flores muy llamativas tienen un aroma embriagante, que va del aroma floral hasta el chocolate con menta (fig. 5).

El nardo u omixóchitl (Polianthes tuberosa) es otra especie de flor aromática que actualmente se asocia en México con los olores de las iglesias o con los velorios. La duración de su flor una vez cortada y su aroma la han convertido en una de las flores más usadas en floricultura. Esta planta también ha sido adoptada en otros países para la elaboración de guirnaldas y collares; en Hawaii, los collares elaborados con estas flores son considerados muy especiales por su fuerte aroma (que para algunos usuarios llega a ser demasiado intenso y embriagador).

Otra especie que se ha popularizado y que ahora es el símbolo de la Navidad es la nochebuena o cuetlaxóchitl (Euphorbia pulcherrima); conocida como poinsettia (en inglés), ha sido la base de la industria californiana de horticultura. Fue introducida en Estados Unidos por Joel Roberts Poinsett, entre 1822-1823, representante especial de Estados Unidos en México y gran admirador de la flora mexicana.

 

Edelmira Linares. Maestra en ciencias. Ha trabajado durante 36 años en el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM (JB-IB, UNAM), en el área de educación e investigación en el campo de la etnobotánica de plantas útiles.

Robert Bye. Investigador del JB-IB, UNAM. Ha trabajado durante 30 años en el campo de historia de la botánica y etnobotánica de plantas útiles.

 

Linares, Edelmira, Roberto Bye, “Flora que ha aportado México al mundo”, Arqueología Mexicana núm. 130, pp. 52-59.

 

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