• 11-abr-2021

Historia de una epidemia en México

Marcela Salas Cuesta, María Elena Salas Cuesta

El matlazáhuatl (1736-1739)

Al principios de 1737, a la nutrida lista de enfermedades contagiosas sufridas por los habitantes de la capital novohispana desde la conquista, se sumó una nueva epidemia de matlazáhuatl (tal vez una especie de tifo).

La sobrepoblación, el hambre, la inanición, la ingestión de alimentos descompuestos, la insalubridad y la baja de defensas biológicas constituyeron los agentes favorables para la expansión de los  virus. El mejor ejemplo fue el matlazáhuatl, que empezó en un obraje a finales de agosto de 1736 en el pueblo de Tacuba, pasó hacia noviembre a la ciudad de México y se extendió casi de inmediato por el valle y varias provincias del virreinato (Orozco y Berra, 1853-1856. Apéndice 2, t. IX, 793), e hizo estragos en Tlaxcala, Puebla, Querétaro, Celaya, Toluca, Cholula y León. En enero de 1737 la mortandad había saturado los cementerios de la capital, de lo cual Cabrera y Quintero habla así: “Aumentarse la plaga y mortandad hasta no caber dentro de los muros de México, y sus templos: designase otros campos y piadosos lugares a sepulcro de sus difuntos: computase los de esta ciudad y apuntase los de todo el Reino” (cap. XIV, 504).

Dos médicos murieron al practicar autopsias a varios cadáveres infectados, y otro más cuando trataba de definir las características y tratamiento del mal. Por los síntomas, hoy se piensa que pudo haberse tratado de un tifo, para el cual se aplicó una terapia que iba desde fomentos con una mezcla de vinagre, nitro y alcanfor hasta los jarabes. Los pésimos resultados para atacar el mal provocaron críticas y burlas contra los médicos, entre ellas las del mismo presbítero (cap. XIV, 505), por lo que el escepticismo ante las soluciones humanas sólo se compensó con la importancia que revestían lo milagroso y lo sobrenatural.

 

Marcela Salas Cuesta. Historiadora por la UNAM. Investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH, en la que coordina los proyectos “México en el siglo XVIII. Costumbres Funerarias. Un estudio de salud pública” e “Investigación, conservación y difusión de materiales fotográficos”. Estudios sobre arquitectura y pintura virreinal, así como sobre materiales arqueológicos de Tlatilco, estado de México, y Jaina, Campeche.

María Elena Salas Cuesta. Maestra en ciencias antropológicas, con especialidad en antropología física. Investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH, en la que coordina el proyecto “Rasgos no-métricos o discontinuos en cráneos prehispánicos y coloniales (parentesco)”. Estudios sobre antropología física forense, osteopatología y salud pública en el México virreinal.

Salas Cuesta, Marcela, y María Elena Salas Cuesta, “Cayetano Cabrera Quintero, El Escudo de Armas de México y el matlazáhuatl”, Arqueología Mexicana, núm. 123, pp. 78-83.

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