• 16-nov-2019

La erupción del Xitle y su afectación a Cuicuilco

Alejandro Pastrana

Cuicuilco es un sitio arqueológico que yace bajo la lava basáltica del volcán Xitle y del que conocemos únicamente algunos de sus restos. Se le ha visto como parte de una secuencia cultural unilineal que va de Tlatilco a Cuicuilco, Teotihuacan, Tula y finalmente Tenochtitlan. Cuicuilco ha sido considerado como el ejemplo más temprano del desarrollo del urbanismo, que se detuvo debido a una erupción volcánica. El análisis de la información geológica y arqueológica permite estudiar aspectos de un asentamiento con características particulares, diferentes de Teotihuacan.

 

Cuicuilco es un sitio arqueológico muy poco conocido, cubierto en la mayor parte de su superficie por los flujos de lava basáltica asociados al volcán Xitle, que formaron el Pedregal de San Ángel o de Tlalpan. Antes de las primeras excavaciones arqueológicas de Byron Cummings, entre 1922 y 1925, a principios de siglo XX se podía observar directamente en el malpaís del pedregal la parte superior de la pirámide principal rodeada de lava, conocida en esa época como “el Adoratorio de Tlalpan”, sobre el que se discutía su origen natural o humano. Asimismo, a 500 m aproximadamente, al suroeste, se sitúa la pirámide de Peña Pobre, cercana a un flujo de lava y en la misma dirección suroeste, a 1 km, la pirámide de Tenantongo, también libre de lava. Ambas pirámides son de menor volumen que la principal, llamada Cuicuilco A; por último, a 450 m al suroeste de ésta se localiza el área llamada Cuicuilco B, que comprende otra pirámide parcialmente cubierta de lava, plataformas habitacionales dispuestas en una traza de retícula, restos de muros, excavaciones troncocónicas, entierros, materiales cerámicos, metates, obsidiana y pedernal.

En el Pedregal se descubrieron restos arqueológicos en varias canteras de bloques de basalto para construcción, como en San Ángel, Coyoacán, Tlalpan, Chimalistac, Tizapán, Copilco y Santa Úrsula; al respecto la Dirección de Estudios Arqueológicos y Etnográficos emprendió en 1917 una serie de exploraciones sistemáticas de los yacimientos de restos arqueológicos bajo el Pedregal(Beyer,1918).Varios geólogos, arqueólogos y estudiosos de finales del siglo XIX y principios del XX, como Ernest Wittich, Hermann Beyer, Ezequiel Ordóñez, Mariano Bárcena y Alfonso Herrera, entre otros, realizaron estudios del Xitle y del Pedregal de San Ángel y registraron la estratigrafía bajo la lava en varios puntos, en relación directa con la presencia del hombre de las épocas Pre-Pedregalense, Pedregalense y Pos-Pedregalense; diferentes arqueólogos les llamaron también “olmecos”, cultura de la Montaña o de los Cerros, horizonte Arcaico y cultura pre-teotihuacana. El estudio detallado de la secuencia eruptiva del Xitle y su área de afectación es básica para comprender el paisaje y la topografía que ocupaban los asentamientos humanos del Pre-Pedregalense y las consecuencias que sufrieron.

 

La erupción del Xitle

Los materiales volcánicos asociados con la erupción del Xitle salieron del flanco norte de la montaña del Ajusco, y descendieron de 3 150 a 2 250 msnm; los ríos de lava líquida incandescente, de entre 500 y 800 oC, rellenaron una depresión entre Tlalpan, Coyoacán, San Ángel y Tizapán, abarcando una superficie global de malpaís de más de 70 km2, definida en esa época como la erupción más reciente de la Cuenca de México (hoy sabemos que una erupción posterior fue la del Cerro Pelado, ubicado a 10 km al sur del Xitle). Ernest Wittich, en un magnífico y detallado estudio de geología del Pedregal, planteó que: “Era creencia general, que esa inmensa corriente volcánica tomó su origen del cráter de un volcancito llama- do ‘Xitle’ (que significa el Ombligo), pero no es así; ese cráter es redondo y [se halla] absolutamente intacto y nunca vomitó una corriente de lava sino solamente tobas volcánicas y cenizas. El magma del pedregal se abrió camino entre el Xitle y la población Ajusco, por una o varias grietas” (Wittich, 1919, p. 101). Esta interesante afirmación requiere actualmente de estudios detallados. Fragmentos de lava, rocas y bombas volcánicas fueron esparcidos alrededor del cráter del Xitle; además, diversas emanaciones de lava pumítica con un alto contenido de vesículas de gases (tezontle) y cenizas, que son los materiales más finos, fueron esparcidas en la atmósfera y transportadas principalmente por los vientos dominantes del sureste-noroeste. Ya en la llanura, la lava cubrió lomeríos y rodeó los cerros preexistentes de andesita, como el Zacayuca y el Zacatepec. En los cortes de las canteras en varios puntos del Pedregal, quedó registrado que antes de la expulsión de los flujos de lava, tuvo lugar una fuerte erupción de tobas y cenizas, probablemente arrojadas por el cráter del Xitle. Las lluvias de ceniza fueron abundantes y los depósitos de tobas ocuparon varios lugares en la Cuenca de México; es posible que a causa de esas erupciones murieran personas y animales, pues se reportaron restos óseos humanos y animales en la capa de ceniza que fue cubierta por la lava. Se registraron los cortes estratigráficos de las canteras en varios puntos, generalmente ubicados en los bordes de los derrames de lava, por ejemplo en San Ángel y Chimalistac.

El corte estratigráfico de otra cantera en San Lucas Chimalistac, estudiada por Ernest Wittich y Hermann Beyer (Beyer, 1918, p. 5), muestra una estratigrafía similar a las anteriores y también presenta sedimentos de turba o lodo pantanoso con alto contenido de vegetales en proceso de descomposición; se menciona que los “tepalcates negros” encontrados en la capa de turba se ennegrecieron por el calor de la base de lava y el alto contenido de materia orgánica vegetal.

En esos perfiles la lava cubre directamente una capa de cenizas finas de una erupción anterior y éstas descansan encima de formaciones de turba de la antigua laguna hasta la zona de San Ángel. Es necesario investigar si esa “antigua laguna” corresponde a la época pre-eruptiva de lo que fue el lago de Xochimilco en 1521 o bien si se trata de una laguna que posiblemente estaba ubicada unos 15 m más arriba, sobre el pie de monte bajo del Ajusco. Hasta donde sabemos, en la época teotihuacana, después de la erupción del Xitle, las playas del lago de Xochimilco se encontraban de 2 a 5 km más al norte de la población actual de San Ángel, y el lago o cuerpo de agua que se detectó en Cuicuilco se encuentra 24 m arriba del lago de Xochimilco, como se verá más adelante (Lugo-Hubp et al., 2001).

Las evidencias de turba o pantano con restos de vegetación lacustre, la presencia de numerosos cantos rodados de arroyos en la estratigrafía y en la arquitectura de Cuicuilco, son claros indicadores de que el asentamiento cuicuilca y otras aldeas y caseríos como Copilco estaban en un medio eminentemente fluvial, lacustre y rico en vegetación. Es de notar en la capa o capas de sedimentos de turba pantanosa o bien lacustres el alto contenido de carbón y cenizas, cuyo origen posiblemente se pueda explicar por los incendios del bosque y vegetación provocados por erupciones volcánicas; otra posibilidad es que las prácticas agrícolas de las culturas Pre-Pedregalenses incluyeran algún tipo de quema para nutrir de carbón los cultivos. La experiencia y los estudios del proceso eruptivo del Paricutín en 1943-1952, que fue similar al del Xitle, aunque en condiciones topográficas y culturales diferentes, nos muestran que no hubo muertes humanas y que la población tuvo tiempo de desmantelar partes útiles de sus casas, pero las lluvias de ceniza arruinaron la vegetación y fuentes de agua en una gran área.

 

Alejandro Pastrana. Arqueólogo por la ENAH. Investigador de la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH. Sus temas de investigación son la explotación, producción y distribución de la obsidiana por las sociedades prehispánicas en Mesoamérica. Ha realizado estudios sobre Cuicuilco y su relación con la secuencia eruptiva del volcán Xitle.

 

Pastrana, Alejandro, “La erupción del Xitle y su afectación a Cuicuilco”, Arqueología Mexicana núm. 151, pp. 46-55.

 

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