• miércoles, 21 de noviembre de 2018

La magia en Mesoamérica

El hombre pretende ganarse la voluntad de los dioses sometiéndose a ellos con acciones estrictamente reguladas como la oración, la ofrenda o la mortificación. Pero creyéndose parcialmente divino en un mundo ocupado por criaturas igualmente divinas, también crea técnicas de comunicación eficaz, con la parte invisible de los seres que lo rodean. Se enfrenta así a la realidad subyacente de su mundo en un mismo plano -de dios a dios- , con una familiaridad que oscila entre el convencimiento y la agresión, entre la justa reciprocidad y el engaño, entre el diálogo abierto y el ataque furtivo. Ejerce la magia.

Manejan técnicas mágicas tanto los legos como los expertos. Las fuentes documentales describen cómo muchos hombres comunes utilizaban la magia para sembrar sus milpas, cortar árboles, cazar, pescar, viajar con seguridad, castrar panales, ahuecar el centro de los magueyes, etc. Algunas vías eran tan domésticas y simples como colocar en la milpa el tejolote (muela de mortero)

o el zozopazte (machete del telar) para evitar el daño del granizo en los cultivos. Pero contrasta este ejercicio fácil con los profundos conocimientos y los terribles poderes que se atribuían a los verdaderos operadores de la magia. Algunos de ellos derivaban su arte del aprendizaje; otros de la práctica del celibato, el ayuno constante o el encierro en los templos; o aseguraban tener poderes por la preñez portentosa de sus madres, por sus innatas marcas corporales o por haber nacido en signos calendáricos propicios; o decían haber adquirido sus conocimientos de la revelación en sueños o en una muerte transitoria; o eran magos por pertenecer a la comunidad formada por un poderoso patrono (como los antiguos malinalcas y los quiahuiztecas); o individualmente, por haber recibido la fuerza como don de un dios, entre los cuales el rayo tiene hoy en día una importancia capital.

Destacaban y destacan los magos con supuestos poderes sobrenaturales, como los naguales y las mometzcopinque. Se los describe tanto en las antiguas fuentes como en estudios actuales, entre éstos los trabajos de George M. Foster, Alfonso Villa Rojas, Hugo G. Nutini y John M. Robert. Los naguales han sido tenidos por seres que se convierten en otros. Según los documentos coloniales, un hombre podía transformarse en puma, jaguar, caimán, perro, comadreja, zorrillo, murciélago, búho, lechuza, guajolote, serpiente o bola de fuego. Algunos hombres importantes pasaron a la historia con fama de naguales, como el famoso Tzutzumatzin, tlatoani de Coyohuacan.

El nagualismo no se ha atribuido sólo a los humanos: era una facultad utilizada también por los dioses. Además, Hernando Ruiz de Alarcón registro en el siglo XVII la creencia en que algunos animales también se convertían en otros, y esta suposición la ha encontrado en la actualidad Carlos Incháustegui entre los mazatecos. Las mometzcopinque han sido descritas como mujeres que en secreto se quitan las piernas, las sustituyen por paras de guajolote, se ponen alas de petate y vuelan por las noches para chupar la sangre de los niños.

Los propósitos perseguidos por los practicantes de la magia eran y son muy variados, y responden tanto a deseos socialmente aceptados como a intenciones dañinas, las de la hechicería. Cito a manera de ejemplos: 1) protección de las personas contra muy diversos peligros; 2) curación de enfermos; 3) daño a seres humanos; 4) transformación de los deseos de una persona (anulación de malquerencia, atracción amorosa); 5)supresión de la resistencia (ante hechiceros que son ladrones o violadores); 6) anulación del cansancio; 7) adquisición de fuerza y valor extraordinarios; 8) poder para dirigir a la comunidad e impartir justicia; 9) auxilio en transformaciones difíciles o riesgosas (ritos de paso), 10) auxilio en el trabajo (labores agrícolas, caza, pesca); 11) control de los meteoros (principalmente del granizo); 12) construcción de edificios donde se realizan actividades vita les y de transformación (casas habitación, hornos de cal, baños de vapor); 13) protección a la propiedad (casa, milpa, animales domésticos), y 14) daño a la propiedad ajena.

 

Tomado de Alfredo López Austin, “Magia y adivinación en la tradición mesoamericana”, Arqueología Mexicana núm. 69, pp. 20–29.

 

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