• 13-sep-2019

La muerte: Un vientre materno

En Mesoamérica la vida se gestaba en la silenciosa dimensión telúrica-nocturna de la muerte, en lugares como el Mictlan, el Cumiehchúcuaro, el Metnal, el Xibalbá, etc. Así, en el mito nahua de la creación del hombre, en el descenso de Quetzalcóatl a las profundidades en busca de los huesos-jade, hay varios elementos que revelan el carácter matricial de la muerte, entre ellos; la entrada del soplo masculino de Quetzalcóatl en el receptáculo femenino que constituye el caracol; el "desfloramiento” de éste por parte de los gusanos; la penetración del sonido producido por el caracol en el oído de Mictlantecuhtli; la caída de Quetzalcóatl, el esparcimiento de los huesos, su recuperación, y el molimiento de éstos hecho por Quilanli, la diosa madre, así como la fecundación de dichos huesos por la sangre espermática que brota del pene sacrificado de Quetzalcóatl.

En el contexto maya quiché del Popol Vuh, las tribulaciones de los gemelos Hun Hunahpú y Wukub Hunahpú en el inframundo; el juego de pelota; la decapitación de Hun Hunahpú; la fructificación del árbol seco; la fecundación de Xquic por la saliva espermática de la jícara y el subsecuente nacimiento de Hunahpú y Xhalanqué, también confieren a la muerte un carácter matricial.

Este planteamiento mitológico se ve confirmado, en la práctica, por las palabras de una partera náhuatl que, refiriéndose al bebé por nacer, declara que “está todavía en el Mictlan, todavía en la noche" (Códice Florentino, lib. VI, cap. 27).

El vientre de una mujer embarazada es el Mictlan, así como el Mictlan es un espacio tiempo con carácter regenerativo. Por lo común, en las tumbas mesoamericanas, por sus características, se refleja este concepto.

 

Tomado de Patrick Johansson K., “La muerte en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana núm. 60, pp. 40-53.

 

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