• viernes, 16 de noviembre de 2018

La muerte y sus deidades en el pensamiento maya

Mercedes de la Garza

En el notable pensamiento dialéctico que caracterizó a los mayas prehispánicos, al igual que a los demás pueblos mesoamericanos, hallamos la conciencia del hecho de la muerte como algo consustancial a la vida. Estos dos grandes contrarios, al lado de los de caos y orden, luz y oscuridad, cielo e inframundo, masculino y femenino, racionalidad e irracionalidad, mundo socializado y mundo salvaje, armonizan para constituir el fundamento del dinamismo cósmico. Así lo indican las representaciones plásticas, los mitos y las variadas y complejas prácticas funerarias de los antiguos mayas.

La dualidad vida-muerte

Vida y muerte, además, son generadas por fuerzas sagradas que radican ante todo en el cielo y el inframundo, respectivamente. En el cielo transita el Sol, dios supremo, generando la luz, el calor, y sus ciclos anual y diario son la base de la temporalidad; del cielo proviene la lluvia que fecunda la tierra para producir la vida vegetal y, con ella, la de todos los demás seres. El inframundo, por el contrario, es la región de la oscuridad y la muerte a él descienden los espíritus cuando el cuerpo perece y se transforma en energía de muerte, y de él provienen asimismo las fuerzas que producen las enfermedades y el mal en general.

La Tierra, situada entre ambos, es el sitio donde se da la contienda de la vida y la muerte, donde se producen el choque y la armonía de los contrarios. La Tierra es la región del hombre, el centro del universo, donde los opuestos se resuelven en unidad.

Pero tanto el cielo como el inframundo contienen en sí mismos las fuerzas contrarias: el cielo nocturno es fuente de energías maléficas; el calor del Sol en exceso produce la sequía y la muerte, y la lluvia transformada en tormenta es causa de destrucción. Por otro lado, en el inframundo se guardan tesoros minerales, se generan manantiales y se localizan las semillas que darán nueva vida. Así, mal y bien, muerte y vida, son ambos energías divinas en constante interacción, es por ello que hay en el pensamiento maya diversos símbolos de la sacralidad de la muerte, así como deidades y seres sobrenaturales que presiden, provocan y anuncian la muerte. Los principales dioses de la muerte se representan como seres antropomorfos, lo cual parece responder a la preocupación principal de ese pueblo por su propia muerte, de la que derivan las creencias sobre la muerte de los demás seres vivos e incluso de los seres que nosotros llamamos inanimados, pero que para ellos también poseían un espíritu vital.

El tránsito al inframundo

Los mayas eran un pueblo profundamente vitalista. Paro ellos, la finalidad de la vida humana está en ella misma, en vivirla de la mejor manera posible durante el tiempo en que el hombre permanece sobre la tierra y con su cuerpo. Por eso la muerte, al nivel de los individuos -que muchas veces era considerada como un castigo de los dioses o como un daño enviado mágicamente por otro ser humano-, era lo más temido.

Sin embargo, los mayas creían en la inmortalidad del espíritu, en otra existencia después de la muerte del cuerpo, en la cual seguirían sirviendo a los dioses en diversos sitios, determinados por la forma de morir que le tocaba a cada persona: el cielo, para quienes eran sacrificados; el paraíso de la ceiba, para los ahogados o los que morían por alguna causa relacionada con el agua, y el Xibalbá, “Lugar de los desvanecidos”, para todos los demás.

Los dos primeros eran sitios de energías de vida, y el último era propiamente el lugar de la energía de muerte. Estaba situado en el estrato más bajo del inframundo, el noveno, y los espíritus de los muertos llegaban a él descendiendo por un camino lleno de peligros.

La región infraterrestre es descrita en el Popol Vuh cuando se relata el descenso de los semidioses Hunahpú e Ixbalanqué, quienes después de su muerte y resurrección en ese sitio se convirtieron en el Sol y la Luna.

 

 

Mercedes de la Garza. Doctora en historia por la UNAM. Investigadora del Centro de Estudios Mayas, IIF, UNAM. Fue directora del Museo Nacional de Antropología. Investigadora emérita del Sistema Nacional de Investigadores y miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia.

 

De la Garza, Mercedes, “La muerte y sus deidades en el pensamiento maya”, Arqueología Mexicana, núm. 40, pp. 40-45.

 

 

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