• 27-sep-2020

La Triple Alianza

Jesús Monjarás-Ruiz

De acuerdo con la información existente, la extensión del territorio que controlaba la Triple Alianza -formada por México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba- en la etapa inmediatamente anterior a la llegada de los españoles, es impresionante: más de 400 pueblos, señoríos y ciudades-Estado se encontraban, de una forma u otra, bajo su dominio. Según la Matrícula de Tributos, los pueblos y señoríos sujetos a recaudación tributaria se hallaban agrupados en 38 grandes provincias. Sin embargo, las continuas rebeliones -consignadas en diversas fuentes- señalan la inestabilidad del imperio mexica sobre tan extenso territorio. La efectividad del sistema se pondría
a prueba durante la conquista.

 

Poco después de su arribo a tierras de la actual República Mexicana, Cortés y sus huestes se percataron de que -dentro del complejo y amplio mosaico pluriétnico y multicultural formado por los pueblos nativos-, si bien existían unidades independientes, el enemigo principal lo constituía el que llamaron imperio de Moctezuma o imperio de los culhuas (mexicas), cabeza visible en realidad de una macroformación sociopolítica conformada por los mexicas-tenochcas, sus aliados y copartícipes tetzcocanos y tlacopanecas, así como un numeroso grupo de otras unidades socio-políticas menores asentadas en un amplio ámbito geográfico, con diversos grados de sujeción política y obligaciones tributarias hacia el imperio y sus cabeceras. Entre estos grupos eran variables los grados de desarrollo cultural e integración social, por lo cual formaban un conjunto heterogéneo.

La Triple Alianza entre mexicas-tenochcas, tetzcocanos y tlacopanecas fue la última expresión de un desenvolvimiento histórico autónomo de cerca de cuatro mil años a partir del desarrollo de la agricultura, con una experiencia milenaria en grupos dominantes y en organización estatal. El grado de integración política de sus unidades más evolucionadas alcanzó el nivel asignado en la actualidad por los especialistas a los Estados tempranos, con una clara separación de las clases sociales, una economía controlada políticamente y un sustento proporcionado en lo fundamental por el tributo. El motor de su creación y expansión fue la guerra, y su sostén ideológico la religión, transformada en realidad social mediante los ritos y sacrificios inherentes al culto.

 

Surgimiento de la Triple Alianza

En 1428, la muerte de Huehue Tezozómoc, de Azcapotzalco, cabeza del poder hegemónico de una Triple Alianza formada por tepanecas, coatlichantlacas y culhuacanos, provocó problemas sucesorios y el desequilibrio de fuerzas dentro de la región lacustre central, lo que dio lugar a nuevos reagrupamientos encaminados en un principio a derrocar el poder tepaneca encabezado por Maxtla.

La coalición formada para lograrlo proporcionó a los mexicas (tenochcas y tlatelolcas) aliados cercanos, como los tetzcocanos de Nezahualcóyotl, o lejanos e indirectos, en el caso de los tlaxcaltecas, huexotzincas y otros; a esto, habría que agregar la segura participación de las minorías mexicas establecidas en las ciudades-Estado ribereñas durante la etapa migratoria. Los dirigentes visibles fueron Tzcóatl, de Tenochtitlan, Cuauhtlatoa, de Tlatelolco, Nezahualcóyotl, de Tetzcoco, Tecocohuatzin, de Cuauhtitlan, y Tenocellotzin, de Huexotzinco (véase Barlow, 1990, p. 60) -extensa aunque transitoria coalición, que desapareció una vez destruido el poder tepaneca.

Para lo que nos interesa, dos eran los asuntos básicos pendientes: el establecimiento de los términos de la relación-alianza entre acolhuas y mexicas, y la definición de la hegemonía entre estos últimos.

La solución del primero fue La formación de una nueva Triple Alianza entre Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan, en sustitución de Culhuacan, Coatlichan y Azcapotzalco, respectivamente. Este tipo de confederación entre ciudades-Estado -evidentemente desigual en importancia y, por ende, en participación- parece haber sido característica del periodo Posclásico y no sólo privativa de la región lacustre central. Desde mi punto de vista, se trató de una institución de carácter eminentemente político-militar, encaminada a mantener el equilibrio de fuerzas en una zona determinada, aunque, en el caso que nos ocupa, el sentido localista de La misma quedaría rebasado con mucho: existió un desfasamiento entre modelo y realidad social, posible anuncio de nuevas formas de organización socio- política.

En cuanto al segundo asunto, después de una etapa intermedia de desarrollo paralelo y competitivo durante los mandatos de Moctezuma Ilhuicamina, en Tenochtitlan, y de Cuauhtlatoa, en Tlatelolco, la disputa mexica se dirimió en la época de Axayácatl y de Moquíhuix mediante una terrible y devastadora guerra civil-ocurrida entre 1469 y 1473- de La que salieron victoriosos los tenochcas.

 

Jesús Monjarás-Ruiz. Maestro en Ciencias Antropológicas (ENAH-UNAM). Director de Etnohistoria. INAH.

 

Monjarás-Ruiz, Jesús, “La Triple Alianza”, Arqueología Mexicana 15, pp. 20-25.

 

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