• 16-oct-2019

Las tumbas de Mitla y los estudios de Batres

Iván Olguín Ramírez

La evidencia de rituales mortuorios preservada en los contextos funerarios de Mitla es un componente importante del registro arqueológico, y aporta valiosa información acerca de la antigua sociedad zapoteca.

 

El estudio de los contextos funerarios

Los ritos mortuorios han caracterizado el comportamiento humano desde tiempos inmemoriales. Las prácticas en torno a la concepción de la muerte muestran semejanzas y diferencias entre las diversas sociedades a través del tiempo y el espacio.

Entre los zapotecos, los ritos mortuorios permitían crear y fomentar una memoria social. La conmemoración de los antepasados desempeñó un papel central en la formación de identidades, en el traspaso de propiedad, oficios y otros privilegios entre generaciones, así como en la reproducción del sistema social (Urcid, 2004). Las modalidades de los ritos funerarios indígenas variaban en función del estatus social; el modo en que ocurría la muerte y, en consecuencia, el lugar a donde se dirigía la “esencia” del difunto.

En este artículo se analizan los diversos contextos funerarios de las tumbas prehispánicas de Mitla (fig. 1), a partir del registro de elementos que perduraron con el paso del tiempo y que formaron parte de rituales y prácticas funerarias zapotecas, por ejemplo: los objetos que acompañaron al difunto en el momento de la inhumación, las características del espacio donde se depositó finalmente el cuerpo y su asociación con otras estructuras. Lamentablemente, el análisis osteológico no siempre ha sido posible y queda una laguna de información en este sentido. Los contextos aquí referidos abarcan una temporalidad que va del Clásico Tardío al Posclásico Tardío (500-1521 d.C.).

 

Las tumbas de Mitla

El nombre de Mitla proviene de una deformación del náhuatl Mictlan, “lugar de muertos”, en tanto que su nombre en zapoteco es Lyobaa, que significa “lugar de descanso”. Su nombre se asocia con antiguos relatos donde se menciona a Mitla como el lugar de sepulcro para los nobles zapotecos procedentes de distintas ciudades (Canseco, 1580; Burgoa, 1674) (fig. 2).

Aunque no se conoce ninguna fuente primaria acerca de los ritos funerarios practicados durante la ocupación prehispánica de Mitla, existen algunas fuentes coloniales escritas del siglo xvii donde se describen ritos paganos practicados por los indígenas zapotecos.

Los datos arqueológicos indican que en el Clásico los enterramientos en los Valles Centrales de Oaxaca no se hacían en cementerios, por lo que existían dos grandes categorías de tratamientos mortuorios: 1) inhumaciones en contextos no domésticos y sacros que regularmente se relacionaban con el sacrificio ritual, y 2) entierros en las unidades residenciales.

Después de analizar los atributos presentes en los contextos funerarios de las tumbas de Mitla fue posible identificar dos grupos generales (que corresponden con las categorías antes referidas), así como sus respectivos tipos y variantes, descritos a continuación (fig. 3):

I. Tumbas en edificios principales. Se asocian con estructuras cívico-ceremoniales y su entrada está frente a éstas. Son las de mayores dimensiones y en las que se invirtió más esfuerzo en su construcción. Dentro de esta categoría se distinguen dos tipos:

IA. Tumbas cruciformes de piedra tallada. Tienen planta en forma de cruz, techo plano y sus muros están decorados con tableros de mosaicos de grecas o grecas esculpidas o paneles de piedra tallada y ensamblada. Se ubican en los patios K y F de los grupos del Sur y de las Columnas, respectivamente, y en los sitios de Guirún y Xaaga, situados a más de 4 km al este del área monumental de Mitla. Al parecer, su construcción tuvo lugar entre el Clásico Tardío y el Posclásico Temprano. Por asociación con una fecha absoluta y sus menores dimensiones, se cree que la tumba 3 cruciforme pudo ser la primera de su tipo en construirse, hacia 850 d.C. Dentro de este tipo se identifican dos variantes:

a) Tumbas cuya entrada apunta al sur y tienen una columna monolítica en el cruce de sus ejes. Las tumbas 1 y 3 cruciformes pertenecen a esta variante, y la última contiene objetos de prestigio en concha y piedra verde.

b) Tumbas cuya entrada apunta al poniente y no presentan columna monolítica. La tumba 2 y las de Xaaga y Guirún corresponden a esta variante (fig. 4).

Aunque es poco lo que se sabe acerca de los contextos funerarios de las tumbas cruciformes, el que estén integradas a estructuras principales y el enorme esfuerzo invertido en su construcción hace pensar que en ellas se sepultó a gobernantes y sacerdotes, y quizá a sus familiares inmediatos, quienes pertenecían al rango más alto de la nobleza. Es posible que los sacerdotes y los gobernantes fueran sepultados en tumbas separadas, aunque ambas estuvieran dentro del mismo conjunto arquitectónico para el caso del área urbana de Mitla. Esto implicaría que durante el Clásico Tardío y parte del Posclásico Temprano se hubiera ocupado para este propósito el patio K del Grupo del Sur, y desde el Posclásico Temprano al tardío se habría ocupado el patio F del Grupo de las Columnas.

IB. Tumba de techo angular. Se encuentra en el patio K del Grupo del Sur, tiene planta rectangular, muros estucados con pigmento rojo y parte del techo es angular con forma de V invertida. En su interior se halló un bien de prestigio en piedra verde, vasijas cerámicas y una piedra grabada con rasgos del dios Cocijo. La tumba 7, de construcción posterior a la 3 cruciforme, pertenece a este tipo.

La marcada diferencia en los estilos arquitectónicos de estas tumbas (IA y IB) puede deberse a que, hacia el Clásico Tardío, los nobles que gobernaron estos asentamientos se vieron en la posibilidad de librarse del control político ejercido por Monte Albán. De este modo, se desarrolló un importante cambio sociopolítico, que se reflejó en el colapso paulatino de Monte Albán como centro político zapoteco de los Valles Centrales de Oaxaca, y en la reorganización regional de la población, que caracterizó al Posclásico. De ser así, la tumba con techo angular simbolizaría la antigua tradición propia de Monte Albán, y la tumba cruciforme de piedras talladas representaría el nuevo orden social de los señoríos del Posclásico.

II. Tumbas en unidades residenciales. Son de menor tamaño que las anteriores y se encuentran en áreas habitacionales dispersas alrededor de los conjuntos arquitectónicos principales; están organizadas en torno a patios cuadrangulares, configurando lo que parecen ser barrios residenciales. Dentro de esta categoría se distinguen dos tipos:

IIA. Tumbas de piedra tallada. Están construidas con piedra finamente labrada y ensamblada con techo plano. Dentro de este tipo se han identificado dos variantes de acuerdo con su arquitectura y contenido:

a) Tumbas con grecas de piedra. Tienen planta en forma de T y están decoradas con mosaicos de grecas de piedra ensamblada, con diseños de xicalcoliuhquis y otros. En su contenido se hallaron objetos de prestigio. Las tumbas 3, 4, 5 y la de El Guaje corresponden a este tipo (fig. 5).

b) Tumba con paneles de piedra. Tiene planta en forma rectangular y está decorada con paneles de piedra ensamblada pero sin grecas. Su contenido carece de objetos de prestigio. La tumba de Yaadzie pertenece a esta variante.

La presencia de bienes de prestigio –elaborados en piedra verde y blanca, turquesa, concha, hueso y metal (oro y cobre)– dentro de las tumbas con planta en forma de T y decoradas con grecas indica que en ellas fueron enterradas personas de la nobleza que asumieron un papel importante en la organización social, aunque de un rango menor al de los gobernantes y sacerdotes. Al igual que en las tumbas cruciformes, es claro que la suntuosidad de estos recintos tuvo el objetivo de engrandecer la memoria de estas personalidades. En contraste, la tumba de Yaadzie con paneles de piedra, si bien muestra una detallada arquitectura, no tenía objetos de prestigio en su interior. Cabe destacar que esta última tumba contenía los restos de 32 individuos, varios con sífilis venérea (Robles y Molina, 1998, pp. 21-52). Los objetos cerámicos ofrendados en estas tumbas, así como los de lujo encontrados en las más elaboradas, son característicos del Posclásico Tardío.

IIB. Tumbas de piedra burda. Están construidas con piedras careadas e irregulares. No tienen decoración y su techo es plano. Dentro de este tipo se identifican dos variantes respecto a su contenido:

a) Tumba con bienes de prestigio: objetos en piedra verde y vasijas cerámicas. Se le relacionó espacialmente con la tumba 5. La tumba 6 corresponde a este tipo.

b) Tumba sin bienes de prestigio: en ésta se hallaron vasijas cerámicas y herramientas de hueso. La tumba 10 es representativa de este tipo.

La tumba 6 parece estar dedicada a la inhumación de una familia noble. Probablemente se construyó en el Clásico Tardío pero la cerámica hallada en su interior indica que continuó ocupándose hasta el Posclásico Tardío. La tumba 10 perteneció a una familia dedicada a la elaboración de textiles durante el Clásico Tardío, como lo sugiere la cerámica y herramientas encontradas.

Con base en la clasificación anterior, se aprecia una clara transformación en el estilo de los recintos mortuorios a lo largo del tiempo, con un mayor énfasis en destacar el estatus de la clase alta.

Esta información coincide con trabajos recientes en los que se sostiene que los cambios durante la última mitad del primer milenio de nuestra era en el valle de Oaxaca, después del declive de Monte Albán, propiciaron una organización diferente en esta región y sus alrededores. Durante el Posclásico se desarrolló un nuevo patrón político-económico en el valle de Oaxaca, basado en un incremento en las redes de comercio e intercambio. La suntuosa arquitectura de las tumbas y palacios de Mitla representaría lo que algunos autores han descrito como “una transición hacia modos de organización, en los que la autoridad llega a estar más enfocada en individuos poderosos que legitimaron su posición por líneas de parentesco y redes de conexiones personales” (Feinman y Nicholas, 2011).

Esto implica que los rasgos de la cultura material del Posclásico, que habitualmente se han asociado a los mixtecos, no fueron necesariamente impuestos sino que pudieron ser adoptados. La esfera de interacción entre elites y comerciantes durante el Posclásico se extendió mucho más allá del valle de Oaxaca (Kowalewski et al., 1983). Esto explica la fuerte presencia de estilos e incluso de gobernantes mixtecos en la región (Feinman y Nicholas, 2011: 143).

 

Iván Olguín Ramírez. Pasante en arqueología por la enah. Ha colaborado en el proyecto “Corredor Arqueológico del Valle de Oaxaca” entre 2010 y 2012. Trabaja en el Museo de El Carmen en San Ángel. Ha presentado ponencias sobre temas referentes a la arqueología del valle de Oaxaca.

 

Olguín Ramírez, Iván, “Las tumbas de Mitla y los estudios de Batres”, Arqueología Mexicana núm. 132, pp. 46-51.

 

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